Aprendí

Aquí estoy, casi treinta años después de los cuarenta más que me daba ni imaginando lo rápido que pasarían. Ahora pido treinta más porque el viaje lo vale a pesar de las noches de insomnio las pequeñas y grandes decepciones las pinzas del dentista y el reggaetón. Me preguntaba si habría aprendido algo para ese “entonces” que resulta ser hoy y me respondo que algo sí.

Aprendí que vivir con miedo escondiendo el corazón o pendiente de agradar es la mayor traición a la verdadera esencia; que aunque el esfuerzo por tomar el camino más largo y difícil sea agotadores mucho mejor que morder el anzuelo de lo que te hipoteca el alma.

Aprendí que el amor no puede todo y que por mucho que se ame a veces hay que decir basta y cerrar la puerta de lo que no hace crecer o de lo que lastima; que la pasión que uno trajo al mundo es para darla a manos llenas a los otros porque ahí está el brillo del espíritu en su plenitud y que el que lo ostenta como lustre de su ego no entendió a qué vino. Estos años trajeron angustias y desasosiegos, claro, aunque debo admitir que fueron menos que las alegrías y que se alimentaron, siempre, de mi miopía, de los árboles que me tapaban el bosque.

Aprendí a ser solo y a estar solo, que no son lo mismo. Estoy solo desde que se fueron mis viejos, esa ancla bendita que lo hace a uno sentir que la gravedad es suficiente para mantener los pies sobre la tierra. Soy solo ante mí y ante Dios (no importa cómo lo describa o sienta porque también cambió cómo lo veo y vivo) y esa soledad de vivirme queriéndome (aunque siempre me reproche algo y me esté exigiendo cambios) me abre al otro a quien no se puede ver cuando se está en guerra con uno mismo.

Aprendí que somos un puñado de aprendices en todo pero que cuando tendemos la mano todo se multiplica para bien; que las convicciones hay que defenderlas con orgullo siempre y cuando hayamos revisado que aspiren al bienestar de todos y aún así dispuestos a volver al tablero una y otra y otra vez porque ninguna verdades de acero ni ninguna posición debe volverse indiscutible.

Aprendí que lo que queremos puede tardar en llegar o no llegar a verlo nunca pero que haberlo anhelado y trabajado incansablemente para hacerlo realidades un sentido de la vida; que tratar de dejar este jardín más bello y fértil que como lo encontramos es una buena guía para andar el camino.

Aprendí de lo oscuro que me habita y a abrazarlo antes que negarlo, ya que ocultarlo siempre lleva a engendrar peores monstruos; que el miedo que me da, hoy, la muerte es muy distinto y no pasa por duraren el tiempo sino por la pena de que un día la posibilidad de descubrir y asombrarme y compartir termine, el dolor de una hoja en blanco que yá no se llenará de garabatos para comunicar cómo se ve desde aquí adentro.

Aprendí que hay gente a la que no le importa el otro porque no lo ve y que eso mismo le habilita los circuitos de la mezquindad más peligrosa. Ante eso me levanto y denuncio aunque yo mismo caiga, a veces, en la misma trampa.

Aprendí también a no vivir tan necesitado de respuestas, la juventud me vio pasar con un hambre insaciable de saber, como si hubiera una llave o un mapa del tesoro para encontrar el gran secreto y sólo eso fuera a darme paz. Hoy, con el caballo más manso, alcanzo a vislumbrar una verdad más humilde más de un día a día más humana, una lucecita que dura lo que tenga que durar, en uno pero que compartida no se muere nunca: una verdad de mi mano en tu mano de mis ojos enlanzados con los tuyos de poema que danza de música que sueña de vino que transmuta una verdad de beso de buenas noches de caricia a un animal que duerme de barricada a la injusticia de canto de amor para la Tierra.

Pedro Aznar

Pueden escucharlo, en la voz de su autor, en su página de Facebook.

Yes, I Have Ghosts

The heat of the sun stayed on through the night
Made spectres of strangers playing games with my sight
I passed through the station, a face in the crowd
The whistle was blowing, the barrier came down

There was my baby, in another’s embrace
I called out her name in shame and disgrace

Yes, I have ghosts, not all of them dead
Making dust of my dreams, spinning round and around
Around in my head

Train on the tracks, teeth of the zip
The slider moves down, we were joined at the hip
Stealing the groove, the widening gap
Unfastening rails from a past with no map

Yes, I have ghosts, a fleeting sight
It’s always the living that are haunting my nights

Where is the sweet soul that you used to be
Gone like a thistle that’s blown on the breeze
I guess when it’s over, this haunting will end
The waiting, the baiting, my killer, my friend

Yes, I have ghosts, not all of them dead
And they dance by the moon, millstones white as the sheet
On my bed

A Theater for Dreamers es un audiolibro de la escritora Polly Samson, esposa de David Gilmour y su letrista desde la última época de Pink Floyd. Allí aparece originalmente esta canción en la que está acompañado por la voz y el arpa de su hija Romany.

La he puesto en bucle muchas veces y no me canso de escucharla.

El camaleón que finalmente no sabía qué color ponerse

Chameleon Furcifer pardalis Ambolobe 2 years old, Madagascar endemic Panther chameleon in angry state, pure Ambilobe; Shutterstock ID 661154740; Nombre de Revista: Viajes NG; Nr de la revista: 213; Mes de publicación: Diciembre; Cliente/ Licenciatario: RBA revistas

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quién le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas u empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como un Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual… Esto solo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales. De esta época viene el dicho de que todo Camaleón es según el color del cristal con que se mira.

Augusto Monterroso

Sustituyamos camaleón por cultura, sustituyamos intereses espúrios políticos por intereses y circunstancias contextuales y sustituyamos a los otros animales por otras culturas que miran a una cultura diferente a la suya. Si queremos responder a la pregunta ¿cuál es el color de esa cultura?; o, dicho de una manera más apropiada para el caso ¿cómo es esa cultura?, la respuesta sólo puede ser ésta: depende. No hay una verdad absoluta sino que ésta es relativa; no hay una realidad estable, como el camaleón no tiene un color estable, sino variable dependiendo del contexto, de las circunstancias históricas, de los contactos con otros, de factores ambientales previsibles o indeterminados… Pero no sólo de eso, la veremos de una u otra forma dependiendo del cristal con que miremos. está claro que habrá tantas percepciones de una cultura como diferentes sean los ojos culturales que la miren. Incluso si se pretende, como quiere hacer la Antropología, una mirada transparente, desprejuciada y neutra, eso no se consigue plenamente de modo que ni siquiera el antropólogo, que aprende acerca de la necesidad metodológica de la mirada neutra, consigue mirar con un cristal absolutamente traslúcido. Aunque no quiera, su mirada está condicionada por su cultura.

Julián López García. El relativismo cultural. Ensayo incluido en el libro Equipaje para aventurarse en Antropología.

I Waited For You

A Baker hay que saber donde y cuando buscarlo, ya que su frágil esencia es un bien esquivo.

Lorenzo Orriols

Cartografía, 13

Todo se ha detenido,
el agua en el agua,
quieto el viento
y las olas quietas.

Todo se ha detenido
con la última luz de la tarde.

Todo se ha detenido,
me dejo sentir en este sordo vaivén
y reconozco mis palabras
diluidas en el agua,
mis palabras perdidas
en el espejo sin tiempo del agua.

Palabras que emergen
cada vez con más fuerza
desde el fondo de este paraje deshabitado.

Me paro a escuchar el eco
como si mías no fueran ya,
y la mirada, presa del agua,
no vuelve a mí.

Dori Hernández Montalbán. Los sueños del náufrago (2017).

Never Let Me Go

Compuesta por Jay Livingston con letra de Ray Evans, Never Let Me Go es una hermosa balada presente en el repertorio de grandes artistas. Fue compuesta para la banda sonora de la película de Michael Curtiz The Scarlet Hour, un clásico del cine negro de 1956. Allí la interpretaba Nat “King” Cole.

Never let me go!
Love me much too much!
If you let me go
Life would lose its touch!

What would I be without you?
There’s no place for me without you!

Never let me go!
I’d be so lost if you went away.
There’d be a thousand hours in the day
Without you, I know!

Because of one caress my world was overturned
At the very start; all my bridges burned
By my flaming heart! You’d never leave me, would you?
You couldn’t hurt me, could you?

Never let me go!
Never let me go!

Never let me go!
I’d be so lost if you went away.
There’d be a thousand hours in the day
Without you, I know!

Because of one caress my world was overturned
At the very start; all my bridges burned
By my flaming heart! You’d never leave me, would you?
You couldn’t hurt me, could you?

Never let me go!
Never let me go!

Bill Evans le puso su particular sello en su disco Alone, que grabó para Verve en 1968.

Como decía al principio de esta entrada, la lista de grabaciones de este tema es larga y llena de nombres importantes: Shirley Horn, Keith Jarrett, Stacey Kent, Wynton Marsalis o mi admirada Jane Monheit, por citar sólo unos pocos. De seguro en Internet pueden encontrar muchas de ellas. Para terminar, he escogido una versión en la voz de la siempre elegante Nancy Wilson.

Lo que nunca sabré decirte

Hoy quisiera decirte algo,
no sé, ¡me he equivocado tantas veces!,
algo que te lloviese
por dentro, algo como
un aluvión de soledad,
una borrasca de silencio.

Rafael Guillén, poeta nacido en el treinta y tres como mi madre, ha publicado el que dice será su último libro, ese debe ser el motivo de que lo haya titulado Últimos poemas aunque, hace unos días, en una deliciosa entrevista salpicada de las anécdotas de una vida entre versos que publicaba IDEAL de Granada, confesaba que no dejará de escribir “lo que pueda” .Hace ya tiempo, un amigo me decía: lo vi hace poco. ya está mayor. En la entrevista comenta que ya no le importa el futuro, que “yo me apeo en la próxima”.

Me es difícil escoger un poema de este libro. Está lleno de esos versos que, como toda la buena poesía (creo que me repito), dicen lo que yo nunca seré capaz de expresar pero que me resulta extraordinaria e inquietantemente familiar. Precisamente, los que inician esta entrada hacen lo propio en el libro, en el comienzo de una maravilla titulada Pórtico. Es por ello que no descarto que este poemario vuelva a surcar algún día las aguas de este blog. Hoy me voy a detener en un poema titulado Una tristeza húmeda.

Una tristeza húmeda,
a punto ya de desbordarse,
te inundaba los ojos. Todavía
no eran lágrimas. Venía
orillando reproches, unos pasos
por delante de sollozos. Se acercaba
desde detrás de ti. Y velaba
con una acuosa lámina al clamor
de tu mirada.

Cabalgando
desde los más remotos bosques,
de las regiones donde, solitaria, habitas,
me llegaba, no un viento, sino ese
leve temblor de las más altas ramas
anunciando la lluvia.
Era
como cuando te traigo
por la cintura y tu me miras
preguntando. Era como el parpadeo
apenas perceptible de la luz
cuando un objeto se interpone y pasa.
No era la ola, no sino el redondo hueco
de la ola al romper.

Te amé en ese momento en que la otra
que eras entonces tú intentaba
salvarte, sostenerte.

Da vergüenza decirlo


Con los ojos vendados, 
para que no pudieses recordar el camino, 
intenté conducirte 
al refugio sereno donde guardé mi vida.
Da vergüenza decirlo, 
pero a veces los años construyen una casa 
de medios sentimientos, 
de verdades medianas, 
de pasiones dormidas como animales viejos, 
de cenizas y sueños humillados.
Y el cuerpo se acostumbra, 
y las sombras apoyan su cabeza 
en un pecho de sombra, 
y el corazón se siente en paz o se doblega 
a una derrota cómoda sin heridas mortales.

Da vergüenza decirlo.

Con los ojos vendados 
para que no pudieses recordar el camino,
intenté conducirte 
a mi mundo sereno de verdades a medias.
No me ha sido posible.

Esta noche insegura, 
que mueve los relojes con la prisa 
de tu pulso más vivo, 
me envuelve y me repite: 
no te ha sido posible.

Esta noche de viento, 
que fue soltando amarras hasta quedarse tuya 
como un delirio de melena negra, 
me llama y me confirma: 
no te ha sido posible.

Esta noche de gente 
que pasa por las calles con tus ojos, 
con la forma que tienes de vestirte, 
con tu sonrisa de país lejano, 
esta noche me empuja y me convence:
no te ha sido posible.

Y aquí estoy yo, 
que voy soltando amarras hasta quedarme tuyo 
y camino hacia el mar 
con los ojos cerrados, 
como una barca deja su refugio, 
una barca feliz que se repite: 
no me ha sido posible, 
porque nada me importa, 
sólo tu piel, 
                  la piel de una tormenta.

Da vergüenza decirlo.

Luis García Montero, Completamente Viernes (1998).

Eva

Ain’t no sunshine when she’s gone
It’s not warm when she’s away
Ain’t no sunshine when she’s gone
And she’s always gone too long
Anytime she goes away

Bill Withers (Ain’t No Sunshine)

Foto tomada de JazzTimes.

Con frecuencia me entretengo buscando versiones de aquellas canciones que me gustan, de esos temas que llevo toda la vida escuchando y que, por una razón u otra, me transportan en el tiempo; he hecho muchos descubrimientos musicales así. Me dedicaba a eso una tarde cuando de pronto empezó a sonar este tema y esta voz:

Reconozco mi debilidad por las voces femeninas, y no será ésta la primera vez que lo cuento aquí, ésta me llegó al alma. Así que empecé a buscar más temas suyos y me encontré con algunos que ya pasaron tiempo atrás por este blog.

Quise saber más de ella y empecé a indagar por Internet. Me encontré con una triste historia, la de una joven nacida en 1963 (caí pronto en al cuenta que en ese año nació también uno de mis mejores amigos) en el condado de Washington, que quiso ser cantante y que un cáncer de piel se la llevó con sólo treinta y tres años, prácticamente la misma que yo tenía por entonces.

En su momento, hubo alguien que creyó en ella, un ingeniero de sonido llamado Chris Biondo que se empeñó en que Chuck Brown escuchara una maqueta suya. Tanto le asombró su forma de cantar que grabaron un album conjunto en directo: The Other Side. Allí brilla su voz y su magia al interpretar el Over the Rainbow y, dicho sea de paso, hay también una preciosa versión que hace Brown de The Shadow of your Smile que nunca me canso de escuchar.

Después vino otro disco en directo, ya en solitario, Live at Blues Ally en que muestra su talento haciendo suyas canciones eternas como What a Wonderfull World.

Y poco más, ahí acaba su historia. Bien es cierto que grabó un disco de estudio, Eva by Heart, pero no llegó a verlo publicado. Ahí le llegó su primer reconocimiento, por parte de la Asociación de Música de Washington.

No sé si el destino termina poniendo las cosas en su sitio o si, simplemente, tiene un extraño sentido del humor. En el año 2000 a una pequeña compañía se le ocurrió sacar un disco sin pretensiones recopilando diez de las canciones que habían aparecido en sus discos: Songbird (como la canción de Fleetwood Mac que también versionó) y, contra pronóstico, se convirtió en un éxito de crítica y ventas con la ayuda de su difusión en un programa de la BBC.

El mundo por fin la descubrió y ocupó un lugar merecido en la historia de la música popular aunque, para ella, ya fue demasiado tarde. Pero quién sabe, tal vez la fama le hubiera venido demasiado grande a esa mujer tímida y huidiza.

Songbird se colocó en le Reino Unido entre los discos más vendidos de 2001 y muchos empezaron a comparar su voz con las de las grandes divas de la interpretación. Grandes artistas se declararon admiradores de música.

Era primavera o tal vez principios de verano, recuerdo que la temperatura era agradable y la tarde luminosa; y que yo ya no pude hacer otra cosa más que escuchar su voz una y otra vez, hasta que llegó la noche.

Las canciones que fuiste tú

Pisando las nubes

mano pedro con guitarra
La música es una excelente banda sonora para la vida. Al igual que la risa y el sentido del humor, tiene esa milagrosa capacidad para salvarnos en los malos momentos. 
Muchas de las personas y de los momentos importantes de nuestra vida están inevitablemente ligados a canciones, canciones que durante un tiempo adoramos por acompañarnos en una historia de amor o en una aventura apasionante, y que años después acabamos quizá arrinconando en el cajón de los recuerdos que no deseamos conservar.
Aunque en esto, como en todo lo demás, cada uno somos un mundo. Tengo una amiga que practica el insano deporte de la auto flagelación musical: cada vez que rompe una relación amorosa, se encierra en casa a escuchar de forma recurrente y machacona canciones lacrimógenas de Malú. De todas las vertientes del masoquismo, esa es una de las que no practico. Cuando de olvidar a alguien se…

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Aunque tú no lo sepas

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Luis García Montero, Habitaciones separadas (1994).

Pueden escuchar el poema recitado por su autor en este enlace. Al año siguiente de su publicación, Habitaciones separadas recibió el Premio Nacional de Poesía. Sobre él, Octavio Paz escribió:

Es un libro lleno de emociones en el cual, estoy seguro, los jóvenes van a reconocerse. Pero no solo ellos, todos nosotros podemos reconocernos en muchos momentos de este libro escrito en versos diáfanos y al mismo tiempo inteligentes.

No puedo estar más de acuerdo con esas palabras que podrían extenderse al resto de su obra. Y esa debe ser la razón por la que siempre termino volviendo a García Montero.

Partiendo de estos versos, Quique González le escribió a Enrique Urquijo aquella canción que tantas veces escuchamos sin saber de dónde venía.

Aunque tu no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.

Aunque tu no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.

He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.

Aunque tu no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.

Inventamos mareas
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.

Y toda tu escalera.

Almudena Grandes (¿quién si no?) escribió también un relato con la misma inspiración: El vocabulario de los balcones. De allí bebió Juan Vicente Córdoba para rodar Aunque tú no lo sepas. Y hay, dicho sea de paso, un documental sobre la obra del poeta. ¿Adivinan su título? Seguro que han acertado.