El pensamiento (B. F. Skinner)

Conducta verbal

 

Las ventajas plausibles no son, en cuanto tales, la explicación del origen y mantenimiento de la conducta verbal, pero señalan las contingencias de  refuerzo que sí lo son. La conducta verbal extiende los poderes sensoriales del oyente, quien ahora puede responder a la conducta de las otras personas en lugar de ir directamente a las cosas y eventos, y extiende también la capacidad de acción del hablante, quien ahora puede hablar en lugar de hacer. Si, como resultado de una división del trabajo, la persona débil, pero bien informada puede controlar a la persona fuerte, pero ignorante, sus logros combinados pueden superar cualquier cosa que era posible para uno solo de ellos. Las empresas cooperativas no siempre benefician a todas las partes involucradas, pero las contingencias de relación necesarias para mantener la conducta verbal se mantienen incluso en relaciones extremadamente asimétricas, como la del amo y el esclavo.

Cuando las respuestas comenzaron a trasmitirse de una persona a otra, la conducta verbal tuvo que haberse vuelto mucho más valiosa, tanto para el grupo como para cada uno de sus miembros. La trasmisión "de boca en boca" se hizo posible con el desarrollo de la conducta ecoica e intraverbal, mientras que la invención de la escritura y el desarrollo consecuente de la conducta textual permitieron una forma aún más eficaz de comunicación. El "hablante" que deja un registro duradero de su conducta puede afectar a "oyentes" que se encuentren en lugares y épocas muy distantes, y éstos a su vez se beneficiarán de los puntos especiales de ventaja de ese "hablante" remoto. El logro que representa la trasmisión de la conducta verbal, se observa hoy en los códigos de ley, en los libros de la sabiduría, en los formularios y escritos religiosos, que amplían casi ilimitadamente los efectos de la conducta que originalmente los produjo, así como en las historias, biografías, diarios y reportes experimentales, que dan al lector un contacto casi ilimitado con los ambientes de otras personas.

¿Estamos programados por el lenguaje?

Mediante el modelado, podemos identificar las diferencias entre un genio y una persona con un resultado medio en el mismo campo de actividad.

John Grinder

rompecabezas_pnl

Volvamos por un momento a mediados de los años setenta del pasado y cercano siglo. Por aquel entonces, el lingüista John Grinder y el psicólogo Richard Bandler se preguntaban cómo a través de la comunicación y del lenguaje se producían cambios en el comportamiento de las personas.

Con objeto de dar respuesta a sus preguntas, y muy influenciados por las ideas de Gregory Bateson, investigaron las razones de la efectividad de algunos psicoterapeutas. Concretamente,  se fijaron en el modo de actuar de Fritz Perls, Milton Erickson y Virginia Satir (alguno de ellos volverá a pasar por aquí, no olviden sus nombres). Llegaron así a la conclusión de que tenían en común ciertos modelos de interacción con sus clientes que aplicaban la mayoría de las veces inconscientemente.

Pensaron que, ya que estos modelos, estas estructuras, se podían descubrir y comprender, se podrían así mismo reproducir y enseñar. El título del primer libro que publicaron sobre el tema, La estructura de la magia I, expresa claramente esta convicción.

La idea realmente no era nueva. Seguir el ejemplo de modelos se ha recomendado en infinidad de campos a lo largo de la historia. Por poner un ejemplo cercano, en Ajedrez siempre se ha recomendado a los jóvenes que sigan la carrera de algún maestro consagrado de su gusto y estilo, que reproduzcan sus partidas y adopten su repertorio de aperturas. El aplicarla a la terapia es lo que le da originalidad y supuso un cambio de rumbo en el modo de hacer de la época. El conjunto de los patrones que modelaron y sus influencias intelectuales dieron origen a la Programación Neurolingüística (PNL).

Veamos cómo explica esto el propio Grinder:

“Mis motivaciones para crear la PNL fueron múltiples. Entre ellas el rechazo a ciertos conceptos que la psicología había aceptado. La psicología occidental centra sus estudios en el comportamiento del individuo medio y acepta una aproximación estadística al estudio del ser humano. Encuentro estas dos suposiciones absurdas.

Me propuse demostrar que hay un gran potencial en estudiar los extremos (genios) y que la metodología de investigación apropiada es tratar a cada ser humano como un sistema con reglas únicas, que no debe ser promediado con otros sistemas también únicos e independientes”.

La idea es estudiar nuestros patrones mentales. Conocer los procesos que seguimos para codificar información, en definitiva, entender nuestra forma de pensar y de actuar. Nuestros pensamientos están conformados por el lenguaje, que califica lo que nos rodea con palabras que crean en nuestro cerebro programas. Cuando repetimos ciertas palabras con frecuencia, se va convirtiendo este mensaje en un programa. Estos programas ya instalados producen emociones que dirigen nuestras conductas y nuestras reacciones.

Esto quiere decir que a lo largo de toda nuestra vida hemos instalado cientos de programas. Los programas fueron instalados por los que nos rodeaban: nuestros padres, abuelos, familiares; más adelante nuestros maestros, amigos y por los medios de comunicación. Estos programas los aceptamos sin valorar si nos favorecen o nos dañan. Simplemente están allí. También tenemos programas que nosotros mismos hemos instalado y de igual manera, algunos son buenos y otros no tanto. Ayuda a tener una percepción más clara de nuestros programas y también de los programas de los demás. Así podremos adaptar y modificar nuestra programación para hacerla útil al momento actual.

Así concebida, la PNL constituye un modelo formal y dinámico sobre cómo funcionan mente y  percepción, de cómo se procesan la información y la experiencia. Además, todo esto tiene diversas implicaciones de cara a conseguir mejoras personales pues, con base en este conocimiento, será posible identificar las estrategias internas que utilizan las personas de éxito, aprenderlas y enseñarlas a otros (modelar) para facilitar un cambio, una mejora en la vida de las personas. Otros autores como Robert Dilts, Steve Andreas, Robert McDonald o Michael Hall han enriquecido los trabajos de Grinder y Bandler desarrollando sus propias técnicas. Sus aplicaciones son muy amplias: aprendizaje, afrontamiento del estrés, negociación, gestión de conflictos, superación de fobias, etc.

Evidentemente, la PNL no garantiza el éxito; del mismo modo que seguir a Bronstein (aún con la ayuda de un buen entrenador) no implica convertirse en algo más que un buen aficionado al arte del tablero. Yo sigo convencido de que hay cualidades intrínsecamente ligadas a la dotación genética. Y luego quedan todos los incontrolables que rodean nuestra existencia.

 Nota: Encontré esta entrada (en inglés) que me resultó interesante y que coloco aquí, como bien podría hacerlo en otras de este blog.

Imagen: Crecimiento Personal.

Relatividad (y II)

Cada lengua, desde el punto de vista de otra lengua, puede ser arbitraria en sus clasificaciones.

Franz Boas.

lenguaje_comunicacion

 En una entrada anterior, mostrábamos cómo las ideas relativistas se insertaron en el pensamiento del siglo XX. La lingüística tampoco fue ajena a esta tendencia, sobre todo cuando se asociaba con la antropología y la psicología y reclamaba para sí el status de ciencia. Dicha corriente bebe en las fuentes a las que aludíamos allí y también en la psicología de la Gestalt. Supuso una auténtica revolución en su momento y aún despierta airados debates.

Tres son las figuras claves en esta historia: Franz Boas, Edwar Sapir y Benjamin Lee Whorf, discípulo cada uno del anterior. No obstante, podíamos mirar  más atrás y encontrarnos con un aroma parecido en otros autores, siendo quizás los más significativos Johann Gottfried Herder y Wilhelm von Humbolt.

La gran aportación de Herder al tema que nos ocupa fue tomar conciencia de que el mundo entero precisa de la diversidad etnolingüística. Por la creatividad que aporta, por las posibilidades que proporcionan para encontrar con ella soluciones a los problemas humanos, por su capacidad de humanizar a la humanidad frente al materialismo, por la estimulación de las capacidades estéticas, emocionales e intelectuales en el conjunto de la humanidad que conduciría a un estadio más elevado en las actividades humanas. Para él, las grandes fuerzas creativas que inspiran a la humanidad emergen de la individualidad de las colectividades étnicas y de la autenticidad de sus lenguas.

Por su parte, von Humboldt señalaba que, a la hora de estudiar las diversas comunidades humanas, es imprescindible estudiar sus lenguas. Hizo notar que el hombre es inherentemente un ser lingüístico y social. Por consiguiente, el lenguaje como tal sólo existe en la realidad histórica de las lenguas.

Las ideas relativistas fascinaron incluso a los no especialistas, tal vez porque permitieron hacernos a la idea de que quizás el lenguaje nos estafe, nos obligue a ver la realidad de una manera determinada.

Fue Whorf quien utilizó la denominación de relatividad lingüística, refiriéndose a ésta como “un nuevo principio de relatividad”. Lingüista aficionado (trabajaba como inspector de seguros), formación científica (era ingeniero químico) y pronta muerte en 1941 (con solo 44 años), pretendió convertir a la lingüística en una ciencia, transformándola en etnolingüística. Incluso llegó a titular uno sus trabajos La lingüística como ciencia exacta.

Veamos cómo enuncia el principio de relatividad en uno de sus trabajos:

“Todos los observadores no son dirigidos por la misma evidencia física hacia la misma imagen del universo, a menos que sus fondos de experiencia lingüística sean similares o puedan ser equiparados de algún modo”.

Para entender esto un poco mejor, podemos dividir el enunciado en tres proposiciones:

  • Los hablantes de lenguas distintas, ordenan el mundo de forma distinta.
  • La lengua no es un mero instrumento para la comunicación, pues determina el pensamiento.
  • Proclama el valor de la diversidad lingüística.

La primera proposición es la propiamente relativista. Nos dice que los seres humanos se encuentran sometidos a las exigencias de una lengua particular, que se erige como medio de expresión de su sociedad. No viven en un mundo objetivo, sino uno fundado en gran medida en los hábitos del grupo. Los mundos en los que viven las diferentes sociedades son mundos distintos y no, como aclaraba Sapir, “el mismo mundo con etiquetas diferentes”.

La segunda proposición, bastante controvertida, constituye la versión dura del principio. Nos dice que la lengua no sólo sirve para comunicarse, sino que influye directamente en la forma en que pensamos. Y esta influencia es tan importante que condiciona la forma que lo hacemos.

Por último, la tercera proposición defiende, tal y como hizo repetidamente Boas en su momento, el valor de cada lengua como un monumento del espíritu humano. Todas las lenguas, nos dicen, permiten construir la realidad. No hay diferencias entre las lenguas dominantes (estándar) y otras que permanecen perdidas en la noche de los tiempos. La estructura de las lenguas indoeuropeas no es la única válida para entender el mundo, pues cada cultura tiene su forma de expresión propia, adaptada al mundo que le rodea.

El relativismo lingüístico entronca de este modo con el relativismo cultural. Para éste, cada grupo humano ordena su experiencia objetiva en base a una lógica diferencial y significativa, que convierte a la percepción humana, como dice Honorio Velasco (1), en una concepción histórica. La objetividad se hace determinación cultural. Depende de cómo se le atribuyen significados a ciertas concepciones que se convierten en ‘reales’ mientras que otras son rechazadas. Como diría Sahlins, “el lenguaje no entra en un mundo de percepciones objetivas alcanzadas para añadir simplemente signos exteriores y arbitrarios a objetos determinados, sino que es el mismo un mediador por excelencia, el instrumento más importante y más precioso para la conquista de y la construcción de un verdadero mundo de objetos”.

La relatividad supuso una revolución en su momento y desató largos debates que aún colean. Los argumentos de Whorf fueron combatidos con dureza y ciertamente no alcanzaban la solidez pretendida. Ha sido frecuente, como ocurre en este caso, confundir correlación con causa. Además, no se conoce que hiciera ningún estudio de campo para confirmar sus ideas. No obstante, pese a que es probable que lenguaje y pensamiento (lenguaje y cultura) estén, por así decirlo, al mismo nivel, siguen realizándose investigaciones más cuidadas que pretenden defender estas teorías.

En cualquier caso, de aquí emanan ideas que siempre habría que tener en mente: Toda cultura, por primitiva que nos parezca, merece respeto y la lengua es una parte fundamental de ella. Representa el resultado de cientos o de miles de años de existencia. Protegemos especies en peligro de extinción, pero muchas veces no hacemos lo propio con los frutos del espíritu humano. Cuando intentamos realmente comprender a estos pueblos, descubrimos que los que llamamos alegremente bárbaros muchas veces resultan serlo mucho menos de lo que lo somos los ciudadanos del mundo industrializado. Y esto podría extenderse a las relaciones con nuestros vecinos y conciudadanos. El diálogo con los demás no sólo sirve para conocerlos a ellos, sino para entendernos a nosotros mismos.

Por desgracia, la tendencia actual no parece defender la diversidad lingüística, algunos autores hablan de la formación de una lengua supra estándar, fundamentada en el inglés (aunque no de forma exclusiva) que adquiriría un carácter supranacional. Éste será un mal menor siempre que se quede en lengua vehicular y no se convierta en una lengua perfecta, que todos tengamos que adorar.

Whorf, inspirado por sus predecesores, pretendió demostrar que la superioridad de las lenguas europeas no era más que una falacia, guiada quizás por el mito de la lengua perfecta, y contribuir a la valoración de la diversidad lingüística frente a los que postulan lenguas universales.

La relatividad es, en cierto sentido, un camino en pos de la unidad de los procesos psicológicos fundamentales y, en definitiva, de uno de los principios básicos de toda la antropología: La unidad psíquica de la humanidad, la existencia de una única naturaleza humana. Puede que algún día nos ocupemos de este asunto, pues merece la pena.

 (1) Hablar y pensar, tareas culturales. Honorio M. Velasco Maillo.

Ilustración: Salud Mental y Equilibrio Emocional.

Nota: Una entrada interesante relacionada con este tema: No duermas, hay serpientes.

Coherencia (III)

Somos una conversación.

Friedrich Hölderlin

 

Este tema en general y esta entrada en particular dormían desde hace más de un año el sueño de los justos. Realmente no sé por qué dejé de publicar esta serie que, como puede deducirse fácilmente, no termina aquí. He estrujado mi pobre memoria al respecto y quizás resulte que por aquel entonces me estuviese moviendo por unos derroteros excesivamente técnicos para la intención de este blog. He intentado suavizar esta falla en la medida de lo posible (alguien que creo me aprecia suele decirme que me vuelvo con frecuencia “demasiado intelectual”).  Por otro lado, puede que sea oportuno publicarla ahora, antes de seguir con otras historias abiertas aquí y relacionadas con ésta. He aquí el principal motivo por el que ahora ve la luz.

En lo que precede, hemos reflexionado sobre la importancia de la coherencia en un texto o en un discurso para que sea comprensible y sobre las condiciones necesarias para que podemos comunicarnos con los demás. Vimos en la entrada anterior que la comunicación resulta de la unión de los mundos interiores (intrapersonales) de aquellos que participan en ella y del entorno en el que tiene lugar. Hicimos hincapié en la noción de conocimiento común y en que los mensajes son aceptables o no según el contexto en que aparezcan.

Llega ahora el momento de ocuparnos brevemente de las conversaciones, pero antes reflexionaremos un poco más sobre la importancia del lenguaje, que se ha erigido en uno de los caballos de batalla de este sitio (véase ¿Por qué el lenguaje?).

La adquisición y uso de un lenguaje posibilita a los organismos a mantener formas peculiares y específicas de relación y de acción sobre el entorno en que viven. Puede considerarse, desde el punto de vista evolutivo, como un componente esencial entre los mecanismos de adaptación al medio. Al mismo tiempo, podemos entenderlo como un tipo de conocimiento que poseen, de que disponen, dichos organismos. En nuestra especie, además, el conocimiento lingüístico constituye uno de los soportes básicos de la memoria y parece tener importancia a la hora de desarrollar tareas cognitivas como son el razonamiento o la toma de decisiones (volveremos a esto cuando abordemos la relatividad lingüística).

La capacidad de un organismo vivo para adquirir y utilizar un código, es decir, una forma de conocimiento lingüístico, sea de la modalidad que sea, se denomina facultad lingüística. En el caso del lenguaje humano, esta facultad puede interpretarse como el resultado de capacidades cognitivas (innatas) o de aprendizaje (sociales en buena medida) que son comunes a otras habilidades, pero también puede verse como una habilidad específica y diferenciada que comporta requisitos estructurales o funcionales que son tanto particulares como específicos de nuestra especie (un aparato fonador y una estructura cerebral únicos).

conversacion%20abstracta

La forma más genuina de actividad lingüística humana es la participación en conversaciones, es decir, producir e intercambiar series coordinadas de emisiones lingüísticas por varios interlocutores en una situación comunicativa concreta. La producción del lenguaje presupone en el hablante una intención de comunicar algo a alguien y las conversaciones pueden interpretarse como conjuntos de secuencias o de emisiones lingüísticas. Sin embargo, una conversación no es, salvo excepciones patológicas muy graves o que se trate de un diálogo de besugos, una secuencia arbitraria o inconexa de emisiones por parte de los interlocutores. Han de estar cohesionadas y deben, sobre todo, ser coherentes.

¿Qué la hace coherente la conversación? Podemos identificar aquí la coherencia con la existencia de ciertas relaciones locales entre sus partes, entre las proposiciones individuales que la forman. Las contribuciones de los hablantes se organizan así en lo que se ha venido en llamar intercambio comunicativo.

Dichos intercambios constan básicamente de dos movimientos: uno de inicio, siempre prospectivo (que permite establecer predicciones acerca de los tipos de respuesta posibles) y otro de respuesta, siempre retrospectivo, en el sentido de que realiza las predicciones derivadas de un movimiento de inicio anterior, aunque ocasionalmente pueden implicar también un inicio, una sonda hacia otras facetas, hacia otros temas a tratar. Es el correcto funcionamiento de estos movimientos lo que hace que la conversación resulte coherente. Siempre he encontrado similitudes entre esta descripción y un juego de tenis.

Para el hablante que participa en la conversación, la coherencia presupondrá la capacidad de establecer un modelo mental con realidad psicológica también para el oyente y la elaboración de enunciados sucesivos relevantes para este modelo mental. En definitiva, debe forjar una teoría de la mente.

Por otro lado, la teoría de la relevancia de Sperber y Wilson, bastante reconocida en este campo, destaca que la actividad comunicativa humana se rige esencialmente por criterios de economía cognitiva, lo que determina que el hablante intente producir la máxima relevancia con el mínimo esfuerzo cognitivo. Es bastante lógico pensar así, los seres vivos (casi) siempre tienden a ahorrar recursos.

En relación con esto, Sullivan propone la hipótesis del auditor fantástico según la cual todo discurso supone para el hablante la realización de un proceso de autocomposición, mediante el cual pone a prueba de la utilidad informativa potencial de sus mensajes. Esto se realizaría contrastando los mensajes planificados (pero todavía no emitidos) con un oyente supuesto o interlocutor imaginario que representa las necesidades informativas del interlocutor real. En la medida en que el modelo de interlocutor fantástico simule adecuadamente al real, el mensaje será comunicativamente eficaz. Cuando, por el contrario, su representación del auditor fantástico es inadecuada, entonces produce las emisiones o discursos que un interlocutor normal valoraría como poco claros, egocéntricos o irrelevantes en la situación conversacional planteada y, en definitiva, poco coherentes.

Todo esto puede parecer artificial y rebuscado, no es fácil asumir que nuestro inconsciente se ocupe de tantas cosas al mismo tiempo y con tanta diligencia, pero no debemos subestimar sus capacidades (recuérdese El experto y sabio inconsciente). Esta teoría se ha utilizado, por ejemplo, para explicar el lenguaje de los esquizofrénicos, destacando el carácter egocéntrico y no comunicativo de las emisiones de estos sujetos.

Nos queda aún otra coherencia que explorar: la que se aprecia entre lo que expresamos con palabras y lo que nuestro rostro y nuestros gestos, nuestros ademanes, parecen decir. Con ello terminaremos el plan que rondaba por mi cabeza para esta serie, al menos de momento.

 

Si alguien siente más curiosidad por este tema, puede consultar esta página.

Ilustración: Liderazgo y Coaching.

Relatividad (I)

El mundo se nos presenta en un flujo caleidoscópico de impresiones que tiene que ser organizado en nuestras mentes.

Benjamin L. Whorf


relatividad

La primera mención que conozco de la relatividad se debe a Galileo Galilei. Éste estudió las diferencias entre los puntos de vista de dos observadores (inerciales), uno en reposo y otro en movimiento y propuso unas ecuaciones que permitían intercambiar las posturas de uno y otro (las transformaciones de Galileo). De este modo se podía, por así decirlo, traducir la experiencia de un observador al sistema referencial de otro.

Tendríamos que esperar hasta los albores del siglo XX para que Albert Einstein explotara las ideas de Galileo y de otros que vinieron después, quizás no tan reconocidos, para formular sus teorías de la relatividad. A partir de este momento, ya no habría puntos de vista privilegiados, todos los observadores inerciales eran igualmente válidos.

El éxito de la relatividad de Einstein llevó a intelectuales de diversa procedencia a pensar que hay en este mundo más relativismo del que solemos suponer y lo aplicaron a sus respectivos dominios de conocimiento.

Carl Gustav Jung quiso ver en la relatividad y en la mecánica cuántica la ruptura con el determinismo newtoniano imperante hasta entonces. De este modo, se obtenía un modelo de desarrollo para la psicología en el que la subjetividad y la libre voluntad tenían cabida. En una ambiente así, sus ideas místicas se movían como pez en el agua.

Resulta interesante notar que Jung ha tenido más seguidores fuera de su ámbito profesional que en el propio, aunque algunas de sus ideas y actitudes tuvieron bastante importancia en que esto fuera así. Muchas veces se luce en el lugar equivocado, pero si la luz es lo suficientemente intensa, termina por atravesar la niebla. Ideas como la del relativismo psicológico, el inconsciente colectivo (los arquetipos), la función de los símbolos, la necesidad de recurrir a perspectivas multiculturales y tantas más han crecido fértiles en muchos campos del conocimiento.

George Kelly, defendió que cada uno de nosotros ve el mundo desde una perspectiva distinta, desde un sistema de referencia que nos viene dado por nuestros genes, nuestra cultura y nuestra sociedad. Si existe una sola realidad verdadera, ésta siempre la experimentamos desde una perspectiva o construcción concreta. Yo tengo una construcción, el lector tiene otra, una persona en las antípodas tiene otra, alguien que vivió hace tiempo tuvo otra, cada niño tiene una e incluso alguien con graves problemas mentales tiene una. Esto significa que, de acuerdo con el constructivismo, los humanos somos una especie de científicos de andar por casa, construimos, experimentamos, revisamos y desarrollamos teorías personales de uno mismo y el mundo que nos permiten anticiparnos a los temas recurrentes de nuestra existencia. Partimos de modelos del mundo (constructos personales)  que sometemos a la prueba de la experiencia y defendemos como si de un paradigma científico se tratara.

Para Kelly, los trastornos psicológicos ocurren cuando una persona se aferra a sus constructos personales y continúa usándolos a pesar de que la experiencia no los valide. Pues no es capaz de anticipar y predecir acontecimientos y tiene dificultades para aprender de las experiencias.

Según este modelo científico de construir nuestra experiencia (por llamarlo de alguna manera), tal vez no sería desvariar mucho si aplicamos a nuestro malestar psicológico algunas de las conclusiones a las que Thomas S. Kuhn llegaba cuando intentaba explicar la evolución de las ciencias en La estructura de las revoluciones científicas. Del mismo modo que la tradición, las modas y la resistencia al cambio mantienen teorías poco satisfactorias,  permitimos que constructos (paradigmas) caducos persistan en nosotros a pesar de dejar de ser adaptativos. Además, como no somos capaces de predecir y comprender lo que nos ocurre, nos sentimos mal.

Creo que podemos aprovechar algo más de las ideas de Kuhn aplicadas a nuestra forma de ver el mundo: De igual manera que un paradigma en boga puede terminar por volverse insostenible, lo que hoy es adaptativo pude dejar de serlo más adelante. Lo importante, para nuestra salud mental, es que seamos capaces de mover el timón y reorientar nuestras velas en el momento oportuno. Aunque, claro está, esto muchas veces sea más fácil decirlo que hacerlo. La física clásica se sacó al éter de la manga antes que dar su brazo a torcer.

No puedo dejar de pensar que esta perspectiva sobre cómo se desarrolla nuestra visión de la existencia, al modo científico, también puede estar condicionada por nuestra cultura. Es posible que los antiguos griegos  inocularan a nuestra sociedad un virus del que difícilmente nos podremos librar (cf. ¿La mente ha sido descubierta, inventada o construida? (Thomas H. Leahey)).

Hay mucho relativismo en las ideas constructivistas, se ha afirmado que cuanto sabemos y creemos es en buena medida fruto del lenguaje, del sistema de referencia, con que comprendemos y transmitimos nuestras percepciones y, también, que sobre una misma realidad pueden darse diferentes puntos de vista, todos ellos igualmente válidos. No obstante, al igual que algunas ideas de la física moderna, el hecho de que las personas podamos pensar de forma distinta y no estar equivocados (al menos del todo) no parece que se asuma con facilidad por el común de los mortales.

Ilustración: Relatividad de M.C. Escher, tomada de Wan Link Sniper.

¿Por qué el lenguaje?

Las palabras encarnan el poder, las palabras integran la acción y las palabras nos permiten hablar, leer y escribir con claridad, seguridad y encanto.

A.H. Duin y M.F. Graves

fahrenheit451

Después de cavilar en este tiempo de ausencia sobre los derroteros que estaba siguiendo en el blog, concluí que vendría bien explicar los motivos de mi insistencia en el tema lingüístico. En su día explicaba que este viaje hacia la mente humana nos llevaría a surcar mares que nunca había atravesado. Y parece que en mitad del océano hemos encontrado un gran continente que merece la pena explorar.

Llegamos al lenguaje estudiando la coherencia: Los seres humanos precisan de ésta tanto a nivel personal como colectivo. Y en nuestro discurso, tanto interno (habla interna, pensamiento) como externo (compartido con los demás), el lenguaje está presente.

Es evidente que todos nos topamos a diario con este tema, pero creo que la familiaridad que suscita produce una especie de ceguera al cambio que dificulta su justa valoración.

Nuestra capacidad para hablar (evolutiva) y para escribir (por aprendizaje) han permitido el surgimiento de una riqueza cultural e intelectual que sería de otro modo impensable. Nuestros cerebros son limitados, una cultura oral únicamente permite transmitir de generación en generación una mínima cantidad de conocimientos. Pero la posibilidad de almacenar el conocimiento, el pensamiento y la literatura para las nuevas generaciones constituye una tecnología potentísima. El desarrollo del lenguaje y la escritura también condujo en la Grecia clásica al nacimiento de la lógica y la racionalidad abstracta.

La escritura no es la única tecnología de carácter intelectual que ha desarrollado la humanidad, olvidarse aquí de las matemáticas resultaría imperdonable, aunque no es éste el tema que nos ocupaba hoy.

Imagen: Cartel de la película Fahrenheit 451 de François Truffaut.

Coherencia (II)

En la primera entrada de esta serie, hacíamos un esbozo de cómo somos capaces de extraer la esencia de un discurso. Este asunto tiene implicaciones más allá de la explicación del funcionamiento humano, pues permite elaborar programas que faciliten la adquisición de estas capacidades. Se puede instruir a los sujetos de forma sistemática en habilidades tales como elaborar un título de un texto, identificar las relaciones dominantes en su contenido y hacer un resumen del contenido (es decir, hacer explícita su macroestructura). Esto es una muestra más de como el conocimiento nos ayuda a construir mejores personas, pero este tema lo dejaremos para otro día, hoy seguiremos reflexionando sobre las bases de la comunicación.

flujo-1

Evidentemente, si la coherencia es importante en un texto escrito o en un discurso, lo es más en una conversación, que es la forma más genuina de actividad lingüística humana. Podemos definir la comunicación como la producción e intercambio de series coordinadas de emisiones lingüísticas, por uno o varios interlocutores, en una situación comunicativa dada. En línea con este supuesto, se interpreta que la producción del lenguaje es una actividad que presupone en el hablante la existencia de una intención de comunicar algo a alguien. A esto lo llamó John Langshaw Austin componente o fuerza elocutiva de una emisión.

Paul Grice, ha elevado el carácter cooperativo de los discursos a la categoría de principio regulador de las estrategias de hablantes y oyentes en sus intercambios conversacionales y lo ha interpretado como un elemento potencialmente explicativo de la actividad lingüística.

Otro punto importante en esta actividad es la noción de conocimiento común, es decir, la idea de que hablantes y oyentes comparten ciertas informaciones y creencias acerca de la naturaleza de las contribuciones comunicativas y las condiciones en que éstas pueden ser aceptables para sus interlocutores actuales. Este conocimiento común o compartido, procede de varias fuentes: la co-presencia física de los participantes en la situación comunicativa; la co-presencia lingüística, y el hecho de que hablante y oyente pueden ser identificados como miembros de una comunidad o grupo social concretos, cuyo conocimiento posibilita la realización de ciertas inferencias sobre lo que en realidad conocen.

Los discursos o las contribuciones a la conversación no son del todo aceptables o inaceptables en el mismo sentido en que una oración lo es o no gramaticalmente: más bien, son apropiados o eficaces en un contexto concreto y para unos interlocutores concretos, porque van a ser éstos y no un sistema de principios constitutivos internos al lenguaje, los que van a permitir establecer en qué condiciones puede una intención comunicativa reconocerse y por tanto realizarse.

Dicho esto, ya estamos en condiciones de abordar la coherencia de las conversaciones pero, puesto que me estoy alargando más de la cuenta, seguiremos en la próxima entrada de la serie.

Ilustración: Mefu’s Blog