Balada para un loco (Astor Piazzolla y Horacio Ferrer)

balada para un loco

 

Era el dieciséis de noviembre de mil novecientos sesenta y nueve. Se celebraba el Festival de Buenos Aires de la Canción y la Danza, en el Luna Park. Amelita Baltar interpretaba Balada para un loco, con letra de Horacio Ferrer y música de Astor Piazzolla ante un público atónito que, al final, termina dividido. "¿Eso es tango?", preguntaron burlonamente los de la vieja guardia. "Es la música del futuro de la ciudad, de hoy", replicaban los otros.

 

 

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!… Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo…

(Cantado)

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!…
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad…
¡Ya vas a ver!

(Recitado)

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda…
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir…
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

(Gritado)

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo…
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

 

Esa suerte de escándalo popularizó el tema que el lunes siguiente de terminar el festival salió a la venta como sencillo y vendió en solo esa semana más de doscientas mil copias. Cuentan que Buenos Aires se llenó de muñecos con medio melón en la cabeza. Un mes después la grababa también el gran Roberto Goyeneche.

 

 

Se trata de una pieza singular que se convirtió en símbolo del nuevo tango. En palabras de Ferrer “esta obra es una especie de exaltación, especialmente para mí es un himno a la libertad de amar, a la bohemia".

Las Simples Cosas (Chavela Vargas)

 

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Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol en tiempos de otoño queda sin sus hojas.

Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.

Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa servida.

Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí …por eso muchacho …
Demórate aquí …por eso muchacho …

 

 

Se llamaba Isabel Vargas Lizano, se nos ha ido hoy a los noventa y tres años. Artista grande donde las haya, como último obsequio nos dejó un disco dedicado a García Lorca.

Su amigo Joaquín Sabina le dedicó en su día Por el boulevar de los sueños rotos, que bien merece recordarse ahora.

Las amarguras no son amargas
cuando las canta Chavela Vargas
y las escribe un tal José Alfredo.

 

En el diario El País publica este sentido recuerdo: Quién pudiera reír como llora ella.

 

Foto: Wikipedia.