El pensamiento (B. F. Skinner)

Conducta verbal

 

Las ventajas plausibles no son, en cuanto tales, la explicación del origen y mantenimiento de la conducta verbal, pero señalan las contingencias de  refuerzo que sí lo son. La conducta verbal extiende los poderes sensoriales del oyente, quien ahora puede responder a la conducta de las otras personas en lugar de ir directamente a las cosas y eventos, y extiende también la capacidad de acción del hablante, quien ahora puede hablar en lugar de hacer. Si, como resultado de una división del trabajo, la persona débil, pero bien informada puede controlar a la persona fuerte, pero ignorante, sus logros combinados pueden superar cualquier cosa que era posible para uno solo de ellos. Las empresas cooperativas no siempre benefician a todas las partes involucradas, pero las contingencias de relación necesarias para mantener la conducta verbal se mantienen incluso en relaciones extremadamente asimétricas, como la del amo y el esclavo.

Cuando las respuestas comenzaron a trasmitirse de una persona a otra, la conducta verbal tuvo que haberse vuelto mucho más valiosa, tanto para el grupo como para cada uno de sus miembros. La trasmisión "de boca en boca" se hizo posible con el desarrollo de la conducta ecoica e intraverbal, mientras que la invención de la escritura y el desarrollo consecuente de la conducta textual permitieron una forma aún más eficaz de comunicación. El "hablante" que deja un registro duradero de su conducta puede afectar a "oyentes" que se encuentren en lugares y épocas muy distantes, y éstos a su vez se beneficiarán de los puntos especiales de ventaja de ese "hablante" remoto. El logro que representa la trasmisión de la conducta verbal, se observa hoy en los códigos de ley, en los libros de la sabiduría, en los formularios y escritos religiosos, que amplían casi ilimitadamente los efectos de la conducta que originalmente los produjo, así como en las historias, biografías, diarios y reportes experimentales, que dan al lector un contacto casi ilimitado con los ambientes de otras personas.

Heurísticos

El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y falso; los animales lo tienen menor, pero útil y verídico, y más vale una pequeña certeza que un gran engaño.

Leonardo Da Vinci

 

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Una de las razones que le da sentido a la Psicología cognitiva y a este sitio es reflexionar sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, de nuestra mente. Cómo aprendemos, cómo recordamos o cómo tomamos decisiones son cuestiones importantes en este sentido. Al parecer, aunque nos definamos como animales racionales, nuestros razonamientos, nuestras maneras de afrontar los problemas que aparecen en nuestro camino, no lo son tanto como solemos pensar. El cerebro, como el resto del  cuerpo, intenta ahorrar recursos siempre que le es posible. Es por esto que se guía de intuiciones y atajos mentales que proporcionan soluciones más aproximadas que exactas y siempre proclives al error.

Hay que reconocer que no siempre tenemos todos los datos necesarios para resolver un problema. Son frecuentes las situaciones  en las que no podemos obtener una conclusión directamente derivada de la información disponible, sino que ha de ir más allá. Nuestra conclusión contendrá información nueva y, por ello, no tienen carácter de validez sino una mayor o menor probabilidad de ocurrencia.

En nuestra vida diaria realizamos continuamente juicios sometidos a incertidumbre, muchas veces para tomar decisiones que se nos antojan relativamente intrascendentes pero en otras ocasiones son importantes, llegando a constituir la esencia de nuestra labor. Piense el lector, por ejemplo, en el trabajo cotidiano de un juez o de un médico. Dada su relevancia, nos interesa saber si estos juicios se ajustan a leyes objetivas que aseguren su precisión.

En los años setenta y ochenta del pasado siglo, lo trabajos de Amos Tversky y Daniel Kahneman (1) desvelaron que los juicios no sólo no seguían la norma estadística sino que se observaban en ellos errores universales y sistemáticos en situaciones en las que se pensaba que nuestro comportamiento era “racional”. La Teoría de la Racionalidad Limitada de Herbert Simon abrió una nueva perspectiva en este campo señalando que, quizás, las personas no intentan obtener la máxima exactitud en el juicio sino un resultado satisfactorio, emitiendo un juicio a partir de un modelo simplificado que no utiliza toda la información necesaria, pero que resulta adecuado ante las limitaciones cognitivas para almacenar y procesar un elevado número de datos. La evidencia empírica apoya el uso de estas estrategias simplificadas o heurísticos, y Tversky y Kahneman describen la representatividad, la accesibilidad y el anclaje y ajuste como los tres heurísticos más utilizados. No vamos a profundizar más en este tema que alargaría en demasía esta entrada. El lector interesado puede indagar en los enlaces que propongo.

No es la primera vez que los heurísticos aparecen por aquí (véanse Los árboles en ocasiones si dejan ve el bosque (y II), Irracionalidad o Sobre Cristiano Ronaldo, los grupos y el descubrimiento de la pólvora), pero si la primera en la que resultan protagonistas. Son procedimientos intuitivos basados en procesos de memoria bastante automáticos, como son los cálculos de similitud o la recuperación de casos en memoria. Cabe destacar que echamos manos de estas estrategias incluso cuando contamos con la información necesaria para tomas una decisión objetiva.

Como advierten estos autores, estos procedimientos son muy económicos en cuanto a recursos cognitivos se refiere y normalmente son efectivos. pero conducen a errores sistemáticos y predecibles.

Es éste un modelo descriptivo, por lo que presenta problemas para predecir cuándo se utilizará uno u otro heurístico. Tampoco queda suficientemente claro cuál de ellos es el causante de un determinado sesgo de razonamiento. Más adelante nos ocuparemos de algún modelo explicativo de estos procesos.

(1) Por ejemplo: Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases. A. Tversky y D. Kahneman.

Sobre la vida y la obra de Kahneman se ha publicado este artículo en la revista Psicothema.

Ilustración: Papin.

Los árboles en ocasiones si dejan ve el bosque (y II)

¡Por eso amamos el ajedrez! Nos gusta el juego por sus ilimitadas posibilidades, por sus intrépidos arrebatos de imaginación, por el ancho campo que ofrece para la investigación y la inventiva. Esto es por lo que decimos que el ajedrez es un arte.

Aleksandr Kótov

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Escribía Luděk Pachman en el prólogo de uno se sus libros que el ser humano era una criatura tan curiosa que de cualquier cosa hacía una ciencia. El método científico parece que ha alcanzado el estatus de credo de una nueva religión que se aplica a todos los ámbitos de nuestra sociedad. No quiero decir que esto sea malo, simplemente que no es perfecto. El estado democrático tampoco es perfecto, pero hoy en día difícilmente podemos pensar objetivamente en algo mejor.

El Ajedrez no es una excepción a la regla y a él se refería Pachman en su comentario, quizás el papel principal de esta historia lo tenga Mijaíl Moiséyevich Botvínnik un ingeniero que se convirtió en patriarca del Ajedrez soviético. Más aún, desde que la informática empezó ser herramienta básica en el trabajo de los profesionales del ramo, cualquier aficionado de fuerza media puede realizar investigaciones interesantes. Un ordenador de bolsillo es capaz de almacenar millones de partidas y buscar posiciones en todas ellas, los motores de análisis permiten valorar las posiciones con mayor exactitud que los equipos de analistas que acompañaban a los campeones soviéticos.

De acuerdo con esto y volviendo al tema que nos ocupaba en la pasada entrada, ¿Es extraño que dos jugadores encuentren la misma solución a un problema? Pues no. Los jugadores repiten en sus partidas movimiento tras movimiento hasta llegar a una posición crítica en la que pretenden defender sus ideas. Esto es, claro está, una simplificación de este asunto, pero menos burda de lo que muchos podrían pensar. Es por ello que, la resolución del episodio al que nos referíamos en la entrada anterior, se tambalea por todos lados. A esas jugadas sorprendentes, por el hecho de que nadie relevante los ha visto ejecutar en un tablero, se les llama novedades y sus descubridores las guardan como un tesoro en espera de sacarlas a la luz en el momento oportuno. ¿Tan raro sería que dos jugadores guardaran el mismo tesoro?

Podemos aún darle otra vuelta de tuerca a este tema: los jugadores de élite (como se supone era el asesinado en la serie) contratan a colegas como entrenadores de cara a las competiciones importantes. Resulta evidente que las posibilidades de difusión de las ideas crecen.

Pero lo que realmente nos interesa de esta historia es saber qué ocurre llegado este punto, en el que no hay un apoyo bibliográfico que nos guíe. ¿Le sigue un análisis exhaustivo de todas las posibles variantes por parte de los contendientes? Pues probablemente no; en la mayoría de los casos el cerebro humano, incluido el de los privilegiados maestros del tablero, no da para tanto ni siquiera a nivel de análisis casero. No se detienen en aquello que, al menos aparentemente, no tiene sentido analizar (aunque la historia está llena de ocasiones en las que se ha descartado más de lo debido).

El jugador no emplea la fuerza bruta (que es como se conoce habitualmente al análisis exhaustivo) propia de los programas clásicos de ordenador, sino que, para ahorrar recursos y tiempo, tiene que realizar una valoración de la posición y concentrarse en las opciones relevantes. Es posible que analice a conciencia algunas líneas, construyendo algo parecido a los árboles de variantes que mostraba Aleksandr Kótov en sus escritos, las ramificaciones simbolizarían las distintas líneas que pueden seguirse de una determinada posición (básicamente es a lo que se refiere el personaje de la serie cuando dice: “mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito”). Pero tiene que descartar opciones pues la contienda se realiza también contra el tiempo. Recordemos aquí la frase del gran Mijaíl Tal: Hay dos tipos de sacrificios: los correctos y los míos.

Todos actuamos así, al menos si estamos en nuestro sano juicio. Nuestro cerebro aplica la ley del mínimo esfuerzo cuando tiene que tomar decisiones; normalmente se apoya en la experiencia previa o en ciertos principios que suelen funcionar la mayoría de las veces. Estos apoyos se denominan heurísticos, ya nos hemos referido a ellos y seguiremos haciéndolo en futuras entradas con más detalle.

Imagen: FCIT

Los árboles en ocasiones si dejan ver el bosque (I)

El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura.

Iván Turguénev

Arboles-Otono

Muchos de los que me conocen saben de mi afición al Ajedrez (con mayúsculas), algunos otros (los menos hasta hoy) también saben de mi gusto por la novela detectivesca. Pues he aquí que no hace mucho me encontré en televisión con un par de series que abordaban ambos temas. No voy a decir que me decepcionaran, pues hace mucho que espero poco de estas aleaciones y prefiero llevarme alegres sorpresas que tristes decepciones. No obstante, su visión me dio pie para abordar un tema que resultará fundamental en nuestro viaje. Me centraré –como ejemplo ilustrativo- en el episodio de la serie Los misterios de Laura, por ser el que tenía ocasión de repasar para asegurarme de lo que había visto y oído.

Para aquellos que hayan tenido la suerte de no seguir el capítulo (sobre todo si no son profanos en la materia), comentaré que gira en torno al asesinato de un jugador de ajedrez muy famoso cometido por un rival. Pido disculpas por si a alguno le fastidio el final, pero no me queda otra opción.

Reproduzco a continuación el razonamiento que lleva a descubrir al asesino (que todos saben quién es desde el principio, al estilo del teniente Colombo):

– ¿Cuantas probabilidades hay de que dos personas encuentren los mismos movimientos para una partida de ajedrez?

– Estadísticamente es imposible. Una partida de ajedrez es como una carretera, mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito.

– Entonces, ¿cómo es posible que la jugada con la que usted ganó el campeonato fuese la misma que Julián escribió antes de morir?

Por motivos de espacio y de que es el que más interesante nos resulta, me limitaré a interpretar este razonamiento y dejaré otras decepciones en el desván.

Para empezar, la comparación con la carretera tiene se gracia. Es cierto que cada jugada que realizamos nos lleva a situaciones distintas, aunque tengo que puntualizar que esto no siempre es cierto, ya que en Ajedrez existe la posibilidad de llegar a posiciones idénticas partiendo de distintos órdenes de movimientos. A esto se le denomina transposiciones.

Por otra parte, y esto quizás sea lo más importante, es muy difícil que dos personas encuentren los mismos movimientos… si no se trata de jugadores de cierta fuerza. Y, desgraciadamente, este no era el caso que se planteaba. Me temo que la prueba irrefutable del crimen no hay por dónde agarrarla.

El objetivo que perseguimos es esbozar cómo razonan los jugadores de Ajedrez, pues realmente se diferencia poco de cómo lo hacemos los demás en otras situaciones. El hecho que los guionistas no se esmeren en sus argumentos resulta aquí meramente anecdótico… aunque triste.

Puesto que ya nos hemos alargado bastante, seguiremos otro día con este tema.

Imagen: Frogger en el Mundo.