Pequeña y gran plaza del tango

Un buen recuerdo del maestro Piazzolla.

félix molina

Calendario fm | al 2015

11 de marzo | Astor Pantaleón Piazzolla, 1912-1992

marzo2015

Para Ofelia, mi música

Hay músicas que son un sentimiento; o, más bien, es el sentimiento el que precede a la música y luego deviene en notas, en compases, en pentagramas enteros.

Uno escucha Adiós Nonino

y es como si el músico que lo creó (después de creerlo) se hubiera colocado en medio de una plaza, improvisado globero, y se dedicase a unir meticulosamente los hilos del hondón de cada uno para lanzarlos al aire con el mismo globo, azul, rojo, amarillo… el color ponedlo vosotros.

Hay algo en la música de Astor Piazzolla (1921-1992) que ya hemos vivido –más que escuchado. Hay como un perfume flotando de “déjà vécu”, de ya vivido –más que de déjà vu– sobre cada melodía de Piazzolla, sin que su música caiga jamás en una ciega nostalgia, tendente a la indolencia…

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Balada para un loco (Astor Piazzolla y Horacio Ferrer)

balada para un loco

 

Era el dieciséis de noviembre de mil novecientos sesenta y nueve. Se celebraba el Festival de Buenos Aires de la Canción y la Danza, en el Luna Park. Amelita Baltar interpretaba Balada para un loco, con letra de Horacio Ferrer y música de Astor Piazzolla ante un público atónito que, al final, termina dividido. "¿Eso es tango?", preguntaron burlonamente los de la vieja guardia. "Es la música del futuro de la ciudad, de hoy", replicaban los otros.

 

 

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!… Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo…

(Cantado)

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!…
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad…
¡Ya vas a ver!

(Recitado)

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda…
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir…
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

(Gritado)

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo…
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

 

Esa suerte de escándalo popularizó el tema que el lunes siguiente de terminar el festival salió a la venta como sencillo y vendió en solo esa semana más de doscientas mil copias. Cuentan que Buenos Aires se llenó de muñecos con medio melón en la cabeza. Un mes después la grababa también el gran Roberto Goyeneche.

 

 

Se trata de una pieza singular que se convirtió en símbolo del nuevo tango. En palabras de Ferrer “esta obra es una especie de exaltación, especialmente para mí es un himno a la libertad de amar, a la bohemia".

Mi bandoneón y yo (Crecimos juntos)

Rubén Juarez

A veces se me hace que nació conmigo
y durmió en mi cuna pegao a mis pies.
Que fue mi juguete y mi perro de pibe
y toda la infancia la corrí con él.
Que anduvimos juntos, atorro y milonga,
desde mi bohemia, cigarro y café.
Y a veces rodamos maneaos por el suelo
y nos levantamos con la misma fe.

Mi bandoneón y yo crecimos juntos,
emparentaos, tal vez, por la pobreza…
Muchas veces reímos de alegría
y otras veces, lloramos de tristeza.
Yo le hablo de hombre a fuelle, mano a mano.
Lo mismo que si hablara con la vieja.
Y cuando él me responde, se me antoja
que Buenos Aires mismo me contesta.

Sí, hermano, como siempre
con vos hasta que muera…

Si yo a mi bandoneón lo llevo puesto
como un cacho de tango entre las venas.
Y está de Dios que al dar mi último aliento,
moriremos a un tiempo… mi bandoneón y yo.

La letra es de Julio Martín y la música de Rubén Juárez, que lo interpreta con la pasión que le caracterizaba:

 

Tras su muerte, José María Otero le dedicó este artículo en El País:

Rubén Juárez: más que un cantor de tango

El día que me quieras (Amado Nervo)

el_dia_que_me_quieras

El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.
Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.
El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.
Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras…
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!
Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.
El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de “Las Mil y una Noches”; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.
El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

El arquero divino (1919).

El poema recitado:

 

Alfredo Le Pera convirtió, con permiso de los sucesores de Nervo, una paráfrasis de estos versos en la letra de uno de los tangos más famosos de la historia. Carlos Gardel compuso en 1935, a medias con Marcel Lattes, su música.

 

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar,
¡como ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar!
Y si es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
¡todo, todo se olvida..!

El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
me contarán tu amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá…¡que eres mi consuelo..!

Recitado:

El día que me quieras
no habrá más que armonías,
será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodías
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor,
florecerá la vida,
no existirá el dolor…

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá… ¡que eres mi consuelo!

 

Fue grabada por primera vez en marzo de 1935, como tema de la película homónima, dirigida por John Reinhardt para la Paramount.

 

 

Imagen: Cartel de la película El día que me quieras, tomada de Todo Tango.

Pasional (Mario Soto)

bandoneon

 

No sabrás… nunca sabrás
lo que es morir mil veces de ansiedad.
No podrás… nunca entender
lo que es amar y enloquecer.
Tus labios que queman… tus besos que embriagan
y que torturan mi razón.
Sed… que me hace arder
y que me enciende el pecho de pasión.

Estás clavada en mí… te siento en el latir
abrasador de mis sienes.
Te adoro cuando estás… y te amo mucho más
cuando estás lejos de mí.

Así te quiero dulce vida de mi vida.
Así te siento… solo mía… siempre mía.

Tengo miedo de perderte…
de pensar que no he de verte.
¿Por qué esa duda brutal?
¿Por qué me habré de sangrar
si en cada beso te siento desmayar?
Sin embargo me atormento
porque en la sangre te llevo.
Y en cada instante… febril y amante
quiero tus labios besar.

¿Qué tendrás en tu mirar
que cuando a mí tus ojos levantás
siento arder en mi interior
una voraz llama de amor?
Tus manos desatan… caricias que me atan
a tus encantos de mujer.
Sé que nunca más
podré arrancar del pecho este querer.

Te quiero siempre así… estás clavada en mí
como una daga en la carne.
Y ardiente y pasional… temblando de ansiedad
quiero en tus brazos morir.

 

La música de este tango de 1951 la puso Jorge Caldara.

La pieza, interpretada magistralmente por Rubén Juárez:

 

 

Ilustración tomada de La guardiana del faro.

Ansiedad (Froilán Francisco Gorrindo)

Yo soy la esperanza que viene a buscarte

a darle un consuelo a tu corazón,

y ver si es posible hacer que en tus ruinas

florezca de nuevo alguna ilusión…

 

Cuando esas palabras que dijo tu boca

llegaron al fondo de mi reflexión,

cayó de rodillas vencido mi orgullo

y todas mis culpas gritaron perdón.

 

Era un ciego, y ese torpe lazarillo

que me guiaba, se llamaba corazón.

Fue por eso mi caída,

el derrumbe de mi vida

y para más herejía,

la inconstancia con tu amor.

 

Era un ciego,

en mi afán de los veinte años

y mis culpas se llamaban ansiedad…

Ansiedad que mis amores,

fueran muchas, muchas flores

y encontré solo rigores

en lugar de mi ansiedad.

 

Has hecho el milagro de alzarme del fango

Has vuelto a mis ojos de nuevo la luz.

 

Dedicado a Milena, antes y ahora, allá dónde esté.

Las cuarenta (Froilán Francisco Gorrindo,)

 

Con el pucho de la vida apretado entre los labios,

la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar,

dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos,

como volcando un veneno esto se le oyó acusar.

Vieja calle de mi barrio donde he dado el primer paso,

vuelvo a vos, gastado el mazo en inútil barajar,

con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos,

que se rompió en un abrazo que me diera la verdad.

Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno,

sé del beso que se compra, sé del beso que se da;

del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga,

y sé que con mucha plata uno vale mucho más.

Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran

y, si la murga se ríe, hay que saberse reír;

no pensar ni equivocado… ¡Para qué, si igual se vive!

¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!

La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;

cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;

la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo…

Toda carta tiene contra y ¡toda contra se da!

Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso,

y aquél, el que está más alto, es igual a los demás…

Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho,

me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar.

 

Gorrindo escribió además Mala suerte, donde recrea un universo mitológico masculino, Paciencia y Ansiedad, una tango que me recomendaron una vez y del que no he conseguido ninguna grabación. De todos modos, el tango que mejor expresa a su autor es sin dudas éste. La música es de Roberto Grela.

Quienes conocieron a Gorrindo aseguran que ese hombre que regresa al barrio es él. La biografía señala que todas las madrugadas retornaba a Quilmes, bajaba del colectivo y llegaba caminando a su casa.

Las cuarenta interpretado magistralmente por Adriana Varela: