La búsqueda por comprender la conciencia (Antonio Damasio)

Cada mañana al despertar recobramos la conciencia, lo cual es un hecho maravilloso; pero ¿qué recuperamos exactamente?

Antonio Damasio

Esta es una charla sobre la conciencia, su naturaleza y su misterio. Sobre cómo las modernas técnicas de neuroimagen nos permiten acercarnos a su significado.

Don Quijote de las paradojas (Eduardo Galeano)

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Bien lo saben, bien lo viven, los aporreadores que todavía cometen la locura de volver al camino, una vez y otra y otra, porque siguen creyendo que el camino es un desafío que espera, y porque siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena. Ayuda lo imposible a que lo posible se abra paso. Por decirlo en términos de la farmacia de don Quijote: tan mágico es este bálsamo de Fierabrás, que a veces nos salva de la maldición del fatalismo y de la peste de la desesperanza.

¿No es ésta, al fin y al cabo, la gran paradoja del viaje humano en el mundo? Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.

Tan joven y tan viejo (Joaquín Sabina)

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Lo primero que quise fue marcharme bien lejos;
en el álbum de cromos de la resignación
pegábamos los niños que odiaban los espejos
guantes de Rita Hayworth, calles de Nueva York.

Apenas vi que un ojo me guiñaba la vida
le pedí que a su antojo dispusiera de mí,
ella me dio las llaves de la ciudad prohibida
yo, todo lo que tengo, que es nada, se lo di.

Así crecí volando y volé tan deprisa
que hasta mi propia sombra de vista me perdió,
para borrar mis huellas destrocé mi camisa,
confundí con estrellas las luces de neón.

Hice trampas al póker, defraudé a mis amigos,
sobre el banco de un parque dormí como un lirón;
por decir lo que pienso sin pensar lo que digo
más de un beso me dieron (y más de un bofetón).

Lo que sé del olvido lo aprendí de la luna,
lo que sé del pecado lo tuve que buscar
como un ladrón debajo de la falda de alguna
de cuyo nombre ahora no me quiero acordar.

Así que, de momento, nada de adiós muchachos,
me duermo en los entierros de mi generación;
cada noche me invento, todavía me emborracho;
tan joven y tan viejo, like a rolling stone.

 

L’homme qui plantait des arbres (El hombre que plantaba árboles)

Para que el carácter de una persona realmente revele sus cualidades excepcionales, hay que tener la buena suerte de poder observar su conducta durante muchos años. Si se trata de un comportamiento desprovisto de egoísmo si el principio que lo anima es una generosidad sin precedentes, sin ningún afán de recompensa, y si ese proceder, por añadidura, ha dejado una huella visible sobre la faz de la tierra, entonces no podemos equivocarnos.

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 Así comienza un maravilloso cuento de Jean Giono publicado en 1953. Llevado a la pantalla por Frédéric Back, ganó un Oscar a la mejor película de animación en 1987 y la Palma de Oro al mejor corto del Festival de Cannes del mismo año.

Narra la historia de Elzéard Bouffier, un hombre que golpeado por la tragedia encuentra la paz convirtiendo unas tierras áridas en un próspero bosque para devolverle algo de alegría al lugar. Es una obra que genera conciencia,  inquieta, educa y emociona. El texto completo puede leerse aquí.

El hombre que plantaba árboles ha dado la vuelta al mundo, ha sido traducido a más de doce idiomas y se ha empleado como inspiración para materiales educativos y de sensibilización. Es una oda a los árboles, a la sencillez y a la tenacidad. El autor no recibía ningún tipo de retribución por su obra, pues consideraba que su propósito era hacer que la gente amara el plantar árboles.

 

Se hicieron dos versiones del corto, en francés e inglés,  narradas respectivamente por Philippe Noiret y Christopher Plummer.

Descubrí este relato de Giono en el veterano programa de radio Diálogos 3, que aún conduce Ramón Trecet. Se publicó por aquel entonces un disco con música del Paul Winter Consort y narración en castellano de Lara López. Hace unos meses, un buen amigo me lo recordó. Así suena la pieza central:

 http://www.goear.com/files/external.swf?file=4203e02

Reescribiendo

Hace tiempo que publiqué esta entrada, los motivos que me animaron a hacerlo quedaron allí. Ahora hay otra razón para seguir escribiendo.

Ya en su día advertí que este blog no sólo se escribe hacia adelante, algunas veces lo hace hacia atrás. Esta vez es por haber encontrado una entrada en Calle del Orco que reproduce un prólogo al relato de Giono firmado por José Saramago. Para mí ha sido una agradable sorpresa encontrarlo y espero que también lo sea para los que se zambullen en el pasado de este sitio.

Nota: Por alguna razón, al pegar el video aquí me aparecen los subtítulos en inglés. En la página de YouTube pueden seleccionarse también en castellano.

Cant de l’enyor (Lluis Llach)

Maremar

 

Ni que només fos
per veure’t la claror dels ulls mirant el mar.
Ni que només fos
per sentir el frec d’una presència.

Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.
Ni que només fos
pel suau lliscar d’un temps perdut al teu costat.

Ni que només fos
recórrer junts el bell jardí del teu passat.
Ni que només fos
perquè sentissis com t’enyoro.

Ni que només fos
per riure junts la mort.
Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.

Ni que només fos
perquè sentissis com t’enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.

 

 

En castellano:

Canto de añoranza

Aunque solo fuese
para ver la claridad de tus ojos mirando al mar.
Aunque solo fuese
por sentir el roce de una presencia.

Aunque solo fuese
para poder decirnos otro adiós serenamente.
Aunque solo fuese
por el suave deslizar de un tiempo perdido a tu lado.

Aunque solo fuese
recorrer juntos el bello jardín de tu pasado.
Aunque solo fuese
para que sintieses cómo te añoro.

Aunque solo fuese
para reír juntos la muerte.
Aunque solo fuese
para decirnos otro adiós serenamente.

Aunque solo fuese
para que sintieses cómo te añoro.
Aunque solo fuese
para reír juntos la muerte