Pedro Calderón de la Barca

Calderón

Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar.

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Mi bandoneón y yo (Crecimos juntos)

Rubén Juarez

A veces se me hace que nació conmigo
y durmió en mi cuna pegao a mis pies.
Que fue mi juguete y mi perro de pibe
y toda la infancia la corrí con él.
Que anduvimos juntos, atorro y milonga,
desde mi bohemia, cigarro y café.
Y a veces rodamos maneaos por el suelo
y nos levantamos con la misma fe.

Mi bandoneón y yo crecimos juntos,
emparentaos, tal vez, por la pobreza…
Muchas veces reímos de alegría
y otras veces, lloramos de tristeza.
Yo le hablo de hombre a fuelle, mano a mano.
Lo mismo que si hablara con la vieja.
Y cuando él me responde, se me antoja
que Buenos Aires mismo me contesta.

Sí, hermano, como siempre
con vos hasta que muera…

Si yo a mi bandoneón lo llevo puesto
como un cacho de tango entre las venas.
Y está de Dios que al dar mi último aliento,
moriremos a un tiempo… mi bandoneón y yo.

La letra es de Julio Martín y la música de Rubén Juárez, que lo interpreta con la pasión que le caracterizaba:

 

Tras su muerte, José María Otero le dedicó este artículo en El País:

Rubén Juárez: más que un cantor de tango

Socialización (Ernesto Sabato)

Uno y el Universo

He visto algunas críticas al socialismo que, esquemáticamente, consisten en lo siguiente: las ideas marxistas sobre el átomo son equivocadas; luego, el socialismo es una ingenuidad. Con lo cual sus autores se quedan muy tranquilos y no sufren problemas de conciencia ante el hecho de que millones de hombres vivan y mueran como bestias en minas, ingenios o frigoríficos.

Por mi parte no me parece necesario averiguar antes si la ley dialéctica de transformación de causa en efecto vale o no en la física para hacer algo en favor de los mineros que son explotados en Gales o de los peones que viven como esclavos en el norte de la Argentina.
Supongamos que la teoría dialéctica de la naturaleza es equivocada: ¿por qué no ha de ser posible nacionalizar la industria del carbón en Inglaterra?

Ningún espíritu digno desciende a esta clase de sofismas. En cambio, aun sin ser economista o sociólogo, verá fácilmente, en cuanto examine unas cuantas estadísticas, cómo la libre concurrencia condujo a la concentración industrial y financiera; y cómo la lucha económica entre los monopolios se ha convertido frecuentemente en luchas políticas y en guerras internacionales por la hegemonía. Y verá también que mientras la máquina y los medios de producción estén al servicio de una minoría engendrarán la desocupación, la miseria, el subconsumo, la aparente superproducción y el consiguiente combate por el mercado.

Muchas personas de excelente fondo temen las revoluciones sociales porque han visto algunas películas de Cecil B. de Mille; pero no hay que confundir una transformación social con una película de Cecil B. de Mille. Las gentes que están atemorizadas por estas perturbaciones de la etiqueta, pueden tranquilizarse; hasta no es difícil que Inglaterra establezca el socialismo con el rey, fiestas de coronación y ese duque (no recuerdo cuál) que puede y debe permanecer con el sombrero puesto delante de la reina.

La libre iniciativa económica ya desempeñó su papel y nadie niega el mérito que tuvo en toda la época que nos ha precedido; pero a la larga ha engendrado el monopolio, que es su negación, el paro, la miseria, el fascismo y la guerra. ¿Para qué empeñarse en empezar de nuevo, aunque fuere posible?

Extraído de Uno y el Universo (1945).