La casa amarilla

Nadie puede comprender una partida de ajedrez si únicamente observa los movimientos que se verifican en una esquina del tablero.

Wolfgang Köhler

sim2

Esta casa se localiza en la denominada Finca de La Costa, en la Costa de Yeoward, en el término municipal de Puerto de la Cruz (Tenerife) y recibe su nombre del color de sus paredes. Su importancia histórica radica en haber acogido un centro de experimentación con primates promovido por el neurofisiólogo alemán Max Rothmann y por la Real Academia Prusiana de las Ciencias en 1910.

La labor más destacada del centro correspondió a Wolfgang Köhler, que lo dirigió desde principios de 1914 durante cinco años. Köler fue fundador, junto a Kurt Koffka y Max Wertheimer, de la llamada psicología de la Gestalt, movimiento al que prestaremos en su momento la debida atención.

El comienzo de la Primera Guerra Mundial (agosto de 1914) tuvo importantes repercusiones sobre la Estación de Antropoides de Tenerife. Köhler se vio forzado a permanecer en la isla durante toda la contienda, en vez de producirse el recambio anual inicialmente previsto. La estación fue objeto de diversas presiones, especialmente por ciudadanos británicos residentes en la isla, los cuales sostuvieron, puede que infundadamente, que era sede de actividades de espionaje. Tras el final de la Guerra, el mantenimiento de la estación se hizo inviable. Köhler regresó a Alemania en mayo de 1920, quedando los chimpancés a cargo de Manuel González, la persona que se había ocupado de su cuidado desde la apertura del recinto (conocido por ello como Manuel el de los machangos). Siguiendo las instrucciones de Köhler, González envió los primates al zoológico de Berlín, donde morirían en breve plazo.  La Estación de Antropoides de Tenerife fue formalmente clausurada en octubre de 1920.  El estado actual del edificio y del recinto donde se realizaron tan importantes investigaciones –para vergüenza y enfado de unos e indiferencia de otros- deja mucho que desear. Hace un tiempo leí en Internet que la casa había sido pasto de las llamas, pero parece ser que la que ardió fue otra casa amarilla.

En esta casa, Köhler y su esposa Eva realizaron experimentos que cristalizaron en el texto “La Inteligencia de los Chimpancés” (The Mentality of Apes). Aunque parece ser que buena parte de las actividades las llevó a cabo ella, el mérito de plantear hipótesis, sacar conclusiones y escribir el informe final que dio resonancia internacional a la investigación se le atribuye a él. Sus estudios sobre la percepción animal fueron importantes no sólo por su aporte a la etología, sino porque sus conclusiones se podían extender, aunque con las debidas reservas, a la percepción humana.

En sus experiencias, los Köhler colo­caban comida a la vista de los monos, pero fuera de su alcance. Para obtenerla el animal debía utilizar palos o apilar cajas. En cualquier caso, las he­rramientas servían para incrementar el alcance de los animales. Los chimpancés resolvieron todos los problemas, e in­cluso uno de el­los, de nombre Sultán, aprendió a empalmar palos para alcanzar más lej­os. Sultán fue también el primero en apilar cajas para llegar a la comi­da, pero los demás pronto aprendieron de él viéndole trabajar. Los chimpancés más hábiles en manejar las cajas po­dían llegar a hacer torres de tres y cuatro elementos.

La conclusión de Köhler es que, en determinado momento, el animal que estaba bajo las condiciones experimentales fue capaz de reorganizar su espacio perceptivo, lo que le permitió unir en una relación significativa dos objetos que hasta el momento percibía por separado (por ejemplo, un plátano y un palo). Esa noción de organización del espacio perceptivo conforme a una necesidad que impulsa dicha organización o reorganización (en este caso el deseo de comerse el plátano), ha sido extrapolada a la psicología humana y goza todavía hoy de aceptación y legitimidad científica. Pronto volveremos a este tema.

Anuncios

Oportunidad

El valor de un acto se juzga por su oportunidad.

Lao Tse

 

m_oceano_de_esperanza_1024x768_thumb1

Nuestra existencia, entendida como una sucesión de vivencias, es caprichosa pues, al igual que un puzle en el que cada pieza tiene una única ubicación, los acontecimientos de los que somos partícipes, las noticias que nos llegan, los consejos que nos dan…  todos tienen su momento adecuado. El problema de esto es que no siempre suceden cuando deberían (quizás debería decir cuando nosotros querríamos que sucedieran) y, como consecuencia, no encajan adecuadamente. Esto hace que los acontecimientos nos superen, que las noticias nos entristezcan o pasen desapercibidas y que los consejos recibidos se ignoren.

Dicho en otras palabras: No podemos controlar nuestra existencia por muchos esfuerzos que hagamos. Aunque esto resulte evidente para el común de los mortales, hay estudios realizados sobre profesionales de éxito en los que se aprecia un vacío existencial procedente de su incapacidad para controlar las demás facetas de su existencia. Parece ser que el que triunfa en un campo pretende hacerlo también en los demás, pero eso resulta a todas luces utópico.

Si la suerte está de nuestro lado, y la memoria también lo está, quizás dispongamos de una segunda oportunidad en la que podamos aprovechar esas vivencias desajustadas temporalmente. Así que no pensemos que todo fue inútil, nuestra vida nunca será una pérdida de tiempo.

No obstante, hay ocasiones en que las cosas si acontecen en el orden debido. Esto explica, por ejemplo, por qué recordamos algunos libros con más cariño, por qué algunos acontecimientos no se diluyen entre las conexiones neuronales y, por supuesto, que algunos consejos sí que se siguen.

Algo parecido ocurre con las personas que se cruzan en nuestra existencia, imagino que todos nos hemos encontrado con personas con las que nuestra relación no pudo ser lo que, imaginamos, sí que hubiera sido posible en otros momentos. Pero, afortunadamente, también hay personas que llegan a nuestras vidas en el momento adecuado, son los profesores que recordamos con cariño, las personas que nos hicieron mejores y, sobre todo, aquellos que comparten nuestra amistad y nuestro amor.

Aunque en nuestra relación con los demás influyen muchos factores (como son la autoimagen, las expectativas o los valores, de los que nos ocuparemos a su debido tiempo), muchas veces el entendimiento no es más que una cuestión de oportunidad, es difícil que compartamos nuestra vida con los que no llegaron en tiempo. Por tanto, no conviene desesperar si no conseguimos mantener todas las relaciones que queremos, puede que no seamos los culpables sino que, simplemente, no sea el momento. Tal vez tengamos una nueva oportunidad más adelante.

Pero tratándose de las personas, y relacionado con esto, hay un caso especial que tengo necesidad de destacar: me refiero al de aquellos que son capaces de permanecer en nuestra vida, pese a las inclemencias del tiempo, hasta que ese momento adecuado llega. Reconozco que no esto no es nada fácil y que, precisamente por ello, constituye una clara muestra de la grandeza que poseen sus almas. Estas personas, afortunadamente, quedan grabadas en nuestra memoria a sangre y fuego.

 

Pese a que esta entrada queda encuadrada en  nuestro periplo, es en cierta medida off -topic, pues pretende lanzar un mensaje de agradecimiento a todos los hombres y mujeres que han pasado por mi vida y la han llenado de grandes momentos, vivencias y enseñanzas. También es una disculpa hacia todos aquellos que pasaron por ella y no pude o no supe tratar como se merecían y a aquellos a los que tardé demasiado tiempo en comprender debido, sobre todo, a mi gran incompetencia.

 

Imagen: Memorias del Olvido.

Georgia on my mind (Hoagy Carmichael y Stuart Gorrell)

Georgia, Georgia, the whole day through
Just an old sweet song
Keeps Georgia on my mind
Talking ‘bout Georgia
I’m in Georgia
A song of you
Comes as sweet and clear as moonlight
Through the pines
Other arms reach out to me
Other eyes smile tenderly
Still in peaceful dreams I see
The road leads back to you
Georgia, sweet Georgia, no peace I find
Just an old sweet song
Keeps Georgia on my mind
Other arms reach out to me
Other eyes smile tenderly
Still in peaceful dreams I see
The road leads back
It always leads back to you
I’m in Georgia, Georgia, sweet Georgia
No peace, no peace I find
Just this old sweet song
Keeps Georgia forever on my mind
Just an old sweet song
Keeps Georgia forever on my mind.

 

 

Más información sobre el tema en Wikipedia.

Empatía

Hace tiempo aprendí que el orden emerge del caos y espero que ocurra algo parecido con las ideas que intento reflejar, con mejor o peor fortuna, en estas entradas. La de hoy andaba perdida por mi disco duro en espera de ser rescatada.

Empathy

¿Qué entendemos por empatía? Pues se trata de una capacidad cognitiva que nos permite captar los sentimientos de otro. Dicha capacidad resulta básica en diversos contextos tanto clínicos como sociales. Es difícil hacerse una idea de lo que ronda por la mente de nuestro interlocutor si no somos capaces de captar sus sentimientos.

Hoy se entiende como una parte de la inteligencia emocional que en su día popularizara Daniel Goleman. Es pues un fenómeno claramente interpersonal. Obviamente, sentir lo que sienten los demás no nos hace compartir ideas u opiniones. Simplemente nos capacita para reconocer sentimientos ajenos (no es un trasplante de cerebro9. También tiene su contrapartida en la fobia social.

Hay que tener claro que se trata de un fenómeno distinto de la simpatía, pues éste es un proceso meramente emocional que nos permite sentir los mismos estados emocionales que sienten los demás, los comprendamos o no.

Algunos autores distinguen entre empatía cognitiva, que supone una comprensión del estado interno de otra persona, y empatía emocional (o afectiva), que involucra una reacción emocional por parte del individuo que observa las experiencias de otros y se coloca en el lugar del mismo.

Por muy natural que pueda parecer este fenómeno, no deja de resultar maravilloso: dos sistemas nerviosos separados parecen sincronizarse y modularse para producir los mismos fenómenos y originar así sentimientos similares. Esto se consigue, al parecer, cuando captamos los mensajes verbales y no verbales que otra persona nos transmite. Es algo de lo que no tenemos conciencia, pero podemos hacerlo con una precisión encomiable.

Con esto no pretendo decir que sea un proceso innato, al menos por completo, se aprende desde la infancia con la interacción que se establece entre padres e hijos. Parece ser que se desarrolla mucho mejor en aquellos que han tenido sus necesidades afectivas y emocionales cubiertas desde la infancia.

La experiencia empática resulta más fácil a medida que el conocimiento de nuestro interlocutor y de su entorno aumenta (lo que se conoce como parte empírica del fenómeno y que algunos consideran fundamental). Además, puede variar en grado, pudiendo pasar de la felicidad más intensa a la tristeza más devastadora. Esto supone que el empático se enfrenta a un mundo de emociones que no siempre es fácil de soportar. Triunfan en labores de enseñanza, asistencia sanitaria o ventas, pero también deben hacer frente a una constante fuente de estrés. Puede que esto sea difícil de entender para aquellos que no lo sientan.

La importancia de la empatía es tal que algunos postulan que la moral y el altruismo nacen de ella. Yo añadiría que también es una de las fuentes de la amistad. Bienvenida sea.