Ajedrez

Aquellos que dicen que entienden el Ajedrez, no entienden nada.

Robert Hubner

ajedrez

Porque esta vida no es
-como probaros espero-,
mas que un difuso tablero
de complicados ajedrez.

Los cuadros blancos: los días
los cuadros negros: las noches…

Y ante el tablero, el destino
acciona allí con los hombres,
como con piezas que mueven
a su capricho sin orden…

Y uno tras otro al estuche
van. De la nada sin nombre.

Omar Jayam

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Un paseo por el Haimberg. Conclusión.

La evolución de la física atómica prosiguió en aquellos años tal como me lo había predicho Niels Bohr en el paseo por el Hainberg. Las dificultades y las contradicciones internas que se oponían a una comprensión de los átomos y de su estabilidad no pudieron ser disimuladas ni eliminadas. Al contrario, se destacaban cada vez más agudamente. Todos los intentos hechos para vencerlas con los medios conceptuales de la física tradicional parecían condenados de antemano al fracaso.

Werner Heisenberg

 

heisenberg

La frase que encabeza esta entrada está sacada, como el resto del texto de esta serie, del libro Diálogos sobre la física atómica y muestra claramente cómo la intuición de Bohr le permitió nadar con éxito por las turbulentas aguas a las que se lanzó.

Como resumen de lo que Heisenberg nos ha contado hasta ahora, diremos que Niels Bohr impartió en el verano de 1922 un ciclo de conferencias en la universidad de Gotinga (conocido por la expectación que levantó como los Festivales Bohr). El estilo de la escuela del lugar estaba más orientado a los fundamentos matemáticos de la teoría atómica que a los razonamientos intuitivos propios del físico danés. Así que, consciente de las dificultades matemáticas que le podían presentar sus anfitriones, preparó minuciosamente cada una de las conferencias. A pesar de esto, no pudo prever que un joven estudiante de veintiún años, le planteara dudas sobre la exactitud de los resultados de Kramers que había usado en su teoría. Sorprendido por la claridad de ideas que mostraba el joven, al acabar la conferencia invitó a Heisenberg a dar un paseo por los alrededores de la universidad para discutir algunos puntos. Este paseo por el Hainberg ejerció una profunda influencia en Heisenberg y dio lugar a una larga relación entre ambos físicos.

La parte científica del texto prácticamente terminó en la entrada anterior, sólo nos queda ahora terminar el paseo:

 

Las ideas de Bohr se vincularon en mi mente con el punto de vista sostenido por Robert en nuestra excursión por el lago Stamberg, a saber, que los átomos no son cosas. Pues, aunque Bohr creía conocer múltiples detalles de la estructura interior de los átomos químicos, los electrones de que se componen las capas atómicas ya no son cosas; en todo caso, no son cosas en el sentido de la física anterior, que se pudieran describir sin reservas con conceptos como lugar, velocidad, energía, extensión. Por eso pregunté a Bohr:

—Si la estructura interior de los átomos es tan poco asequible a una descripción intuitiva como usted dice, sino poseemos propiamente un lenguaje con que podamos hablar sobre esta estructura, ¿podremos entender alguna vez los átomos?

Bohr vaciló un momento, y luego dijo:

—Creo que sí. Pero deberemos saber primero lo que significa la palabra entender.

Entre tanto habíamos llegado en nuestra pequeña excursión hasta el punto más alto del Hainberg, un merendero, acaso por eso llamado Vuelta, porque es el punto en que desde antiguo se suele iniciar el retorno. Desde allí nos dirigimos de nuevo hacia el valle, esta vez en dirección al sur, con la vista sobre colinas, bosques y aldeas del valle del Laine que desde hace largo tiempo han quedado incorporadas a la ciudad.

—Hemos hablado ya sobre muchas cosas difíciles —dijo Bohr enhebrando de nuevo el diálogo— y le he contado además cómo me adentré yo mismo en esta ciencia; pero todavía no sé absolutamente nada de usted. Tiene aspecto de muy joven. casi se podría creer que ha comenzado con el estudio de la física atómica y sólo después ha aprendido la física anterior y otras cosas. Sommerfeld debe haberle iniciado muy temprano en este aventurado mundo de los átomos. Pero ¿cómo ha vivido la guerra?

Yo le confesé que tenía veinte años y estudiaba el cuarto semestre; por tanto, de la física propiamente sabía horrorosamente poco; y le hablé de los seminarios de Sommerfeld, donde me habían atraído especialmente la confusión y la ininteligibilidad de la teoría de los cuantos. Que había sido demasiado joven para ir a la guerra y que de nuestra familia sólo mi padre había combatido en Francia como oficial de la reserva; que habíamos estado muy preocupados por su suerte, pero que volvió herido en 1916. En el último año de la guerra yo había tenido que trabajar, para no pasar hambre, como mozo de labranza en una granja bávara cerca de los Alpes. Además había vivido algo las luchas revolucionarias en Munich. Pero, por lo demás, había quedado al margen de la guerra propiamente dicha.

—Me gustaría que me hablase ampliamente de usted —dijo Bohr—, para conocer de paso la situación de su país, que todavía conozco poco. Lo mismo digo del Movimiento de la Juventud, del que me han hablado los físicos de Gotinga. Tiene que visitarnos alguna vez a Copenhague, o acaso venir incluso por una temporada, a fin de poder ocuparnos juntos física. Entonces le enseñaré también nuestro pequeño país y le narraré algo de su historia.

Cuando nos acercábamos a las primeras casas de la ciudad, el diálogo se orientó hacia los físicos y matemáticos de Gotinga: Max Born, James Franck, Richard Courant y David Hilbert, que yo acababa de conocer en aquellos días, y hablamos brevemente sobre la posibilidad de que pudiera cursar también una parte de mis estudios en Gotinga. De este modo, el futuro se me presentaba lleno de ilusiones y posibilidades nuevas, que yo me pintaba con luminosos colores, de vuelta a mi pensión, tras haber acompañado a Bohr a su casa.

 

Ya antes de recibir el premio Nobel en 1922, Bohr había conseguido fondos para la construcción de un instituto de física teórica en Copenhague. Por dicha institución pasaron muchos jóvenes físicos que ayudaron a levantar el edificio de la mecánica cuántica mientras trataban de explicar la estructura de los átomos (de allí saldría la famosa interpretación de Copenhague). Cabe, no obstante, mencionar que el nacimiento de la mecánica cuántica bebe de más fuentes, pero esa es otra historia bastante larga de contar.