Torso (Brian Michael Bendis/Marc Andreyko)

¿Lo ve Sr. Ness?

 ¿Ve lo fácil que resulta asociar una imagen con una etiqueta?

 Cada palabra crea una imagen en nuestra mente.

 ¿Y qué es esa imagen?

 Una generalización.

 La réplica de alguien que conocemos o quizás un espejo. O uno mismo.

 ¿Qué es para usted una persona?

 Un desconocido.

 Cuando conocemos a alguien. Vemos su piel, su ropa. Percibimos su olor.

 Un caballero aseado. Un pordiosero descuidado…

 Hacemos una valoración de la persona basándonos ¿en qué?

 Basándonos en su aspecto físico. En su estatura o condición social. En… en lo que sabemos de la condición humana.

 Pero… al mira a los ojos de la persona se refleja la luz. La chispa de la vida. La esencia de la creación.

 La vagabunda puede ser sabia. El caballero puede tener la mirada ausente de un ser inmoral. O viceversa. O ninguna de las dos…

 Imagine… imagine un mundo Sr. Ness donde las etiquetas de la sociedad… los confines del espíritu pudieran ser totalmente entendidos y analizados. Imagine revelar los secretos de la condición humana.

 ¿Dónde yacen esos secretos?

 En lo intangible… en lo ilusorio… a lo que hemos etiquetado como alma.

 Sería una bendición poder aislar cada capa. Cada confín. Toda la identidad biológica de una persona… aislarla, cultivarla.

 Ser… ser capaz de tomar esa esencia y examinarla.

Anuncios

Neil Gaiman (Epílogo a The Sandman)

 
Los diez volúmenes de The Sandman, de los cuales este es el último, comprenden una historia sobre historias.
 Pero, al mirar atrás, hacia estos nueve años entre empezar con The Sandman y escribir esto, lo que me viene a la mente no son historias, sino amigos. A algunos ya los he conocido, a otros aún los tengo que conocer.
 
A los amigos de The Sandman y a mis amigos, gracias.

Hugo Pratt (Fábula de Venecia)

 
En Venecia, hay tres lugares mágicos y secretos: uno en la “Calle del amor de los amigos”, otro cerca del “Puente de las maravillas”, y otro en la “Calle Marrani”, cerca de San Geremia, en el viejo ghetto. Cuando los venecianos -algunas veces son los mateses- se cansan de las autoridades, van a esos lugares secretos y, tras abrir las puertas al fondo de esos patios, se van para siempre hacia países maravillosos y hacia otras historias…

Neil Gaiman (El fin de los mundos)

 
–  Os contaré una historia. Y verdades, aunque no os lo creáis. Hay momentos en que yo no me la creo, pese a que estuve allí y vi lo que vi. Pero antes tengo una pregunta que me gustaría que alguien contestara: ¿Dónde estamos?
 
– En el fin de los mundos, la posada del fin de los mundos.
 
– Pero, ¿En qué país? ¿Qué… lugar?
 
– El fin de los mundos es su propio lugar.