Te extraño (Armando Manzanero)

Te extraño
como se extrañan las noches sin estrellas
como se extrañan las mañanas bellas
no estar contigo
por Dios que me hace daño.

Te extraño
cuando camino
cuando lloro
cuando río
cuando el sol brilla
cuando hace mucho frío
porque te siento
como algo muy mío.

Te extraño
como los árboles extrañan el otoño
en esas noches que no concilio el sueño
no te imaginas amor cómo te extraño.

Te extraño
en cada paso que siento solitario
cada momento que estoy viviendo a diario
estoy muriendo, amor, porque te extraño

Te extraño
cuando la aurora comienza a dar colores
con tus virtudes
con todos tus errores
por lo que quieras, no sé, pero te extraño.

Te extraño
en cada paso que siento solitario
cada momento que estoy viviendo a diario
estoy muriendo, amor, porque te extraño.

Te extraño cuando la aurora comienza a dar colores
con tus virtudes
con todos tus errores
por lo que quieras, no sé, pero te extraño.

 

Que esta canción, interpretado por Diego “El Cigala” acompañado por Bebo Valdés al piano, sirva de homenaje a este último hoy que ya nos falta.

 

 

Dejo este enlace al artículo que Mauricio Vicent le dedica hoy en El País. Allí también puede enlazarse el tema Lágrimas negras, interpretado magistralmente junto a Javier Colina.

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No hay puertas (Olga Orozco)

 

Olga Orozco

 

Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo,
con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera,
con el vértigo de mirar hacia arriba,
con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche,
con pequeños fragmentos de un mundo consagrado para la idolatría,
con la dulzura de dormir con toda tu piel cubriéndome el costado del miedo,
a la sombra del ocio que abría tiernamente un abanico de praderas celestes,
hiciste día a día la soledad que tengo.
Mi soledad está hecha de ti.
Lleva tu nombre en su versión de piedra,
en un silencio tenso donde pueden sonar todas las melodías del infierno;
camina junto a mí con tu paso vacío,
y tiene, como tú, esa mirada de mirar que me voy más lejos cada vez,
hasta un fulgor de ayer que se disuelve en lágrimas, en nunca.
La dejaste a mis puertas como quien abandona la heredera
de un reino del que nadie sale y al que jamás se vuelve.
Y creció por sí sola,
alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo
y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos,
escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras.
La he visto así poblar las alamedas con los enmascarados que inmolan al amor
-personajes de un mármol invencible, ciego y absorto como la distancia-,
o desplegar en medio de una sala esa lluvia que cae junto al mar,
lejos, en otra parte,
donde estarás llenando el cuenco de unos años con un agua de olvido.
Algunas veces sopla sobre mí con el viento del sur
un canto huracanado que se quiebra de pronto en un gemido
en la garganta rota de la dicha,
o trata de borrar con un trozo de esperanza raída
ese adiós que escribiste con sangre de mis sueños en todos los cristales
para que hiera todo cuanto miro.
Mi soledad es todo cuanto tengo de ti.
Aúlla con tu voz en todos los rincones.
Cuando la nombro con tu nombre
crece como una llaga en las tinieblas.
Y un atardecer levantó frente a mí
esa copa del cielo que tenía un color de álamos mojados
y en la que hemos bebido el vino de la eternidad de cada día,
y la rompió sin saber, para abrirse las venas,
para que tú nacieras como un dios de su espléndido duelo.
Y no pudo morir
y su mirada era la de una loca.
Entonces se abrió un muro
y entraste en este cuarto con una habitación que no tiene salidas
y en la que estás sentado, contemplándome, en otra soledad
semejante a mi vida.

La saga/fuga de J. B. (Gonzalo Torrente Ballester)

¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!

 

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«¿Cómo podré —escribe en su Carta de un poeta joven a su Maestro— acompañarle en sus opiniones y en sus orgías, si pensamos tan diferentemente de las mujeres? Para usted son objeto de placer; para mí, ángeles o demonios, ocupan siempre un lugar superior y sobrehumano. Usted goza con ellas, yo las amo. Usted envuelve a todas, genéricamente, en un deseo sin matices; yo veo en cada una un ser tan singular que no concibo cómo se puede hablar de géneros y especies. Y el placer que me dan, créame, Maestro, se debe a ser quien son, no a que una y otra estén constituidas del mismo modo. Lo que para usted es mera fisiología, es para mí… el Amor, y si usted me pregunta qué cosa es, malamente podré responderle, porque no se parece a nada y a nada puedo compararlo. Pero, si lee usted mis versos — que no son ficciones, sino expresión de sentimientos reales — comprenderá que el Amor es el único modo de vida posible entre dos personas que se pertenecen la una a la otra; que se pertenecen por entero y sin cautelas, robándose el uno al otro lo que por derecho y naturaleza pertenece a Dios. Y no se ría si lo menciono, porque Dios es siempre el tercero en todo amor, o los dioses, si lo prefiere. A mí me da lo mismo ver el Uno que es Todo como unidad y totalidad, o comprobar sus diversas, sus innumerables manifestaciones en cada persona y en cada cosa, o, más bien, detrás de ellas. Dios, o los dioses que sumados hacen Uno, son siempre el tercero en el Amor, porque, robándole los amantes lo que es Suyo, queda en cada uno de nosotros como una llaga doliente, huella de algo que fue arrebatado, y por esas llagas es por donde los que se aman quieren unirse, siendo dios el uno para el otro, pero sin alcanzarse jamás. Por eso hay siempre dolor, un dolor en que el amor se nutre e incrementa hasta la infinitud, una sed que el agua no satisface, una ausencia que el otro nunca puede llenar, pero que tampoco Dios llenaría, porque nos apartaría del otro, que es el verdaderamente anhelado. A su mente racional, esto le parecerá un poco oscuro; pero, créame, lo que es Realidad y Vida es siempre oscuro, por mucho que la Ciencia intente esclarecerlo. Porque la Ciencia se contenta sólo con lo aparente, lo que se puede ver con los ojos y tocar con las manos, es decir, la materia, y su fin último no es conocerla, sino dominarla. En tanto que los Poetas van más allá de lo que sirve y de lo que aparece, de lo que puede escribirse en fórmula y definirse con palabras de teoremas. Para nosotros, cada cosa, como cada persona, es un ser único. Por mucho que se parezca a otros, hay un momento en que es él mismo, sin semejanza, el Dios de cada cosa. Y a los dioses, querido maestro, no se les reduce a fórmulas de álgebra, sino que se les ama o se les odia. Nuestro especial menester empieza, precisamente, donde acaba el de ustedes: las puertas del Espíritu se abren allí donde acaban de cerrarse las de la Razón. ¿Que es un camino oscuro? ¿Quién lo duda? Pero es, al menos, un Camino de Vida, y el de ustedes conduce a la muerte. Créame, Maestro: cuando ustedes hayan hecho el mundo inhabitable; cuando los hombres, a fuerza de Ciencia, hayan alcanzado el colmo de la infelicidad, únicamente los sacerdotes y los poetas podrán restituirlo a lo verdaderamente humano.»

 

En el portal cultural de la Fnac, podemos leer esta descripción del expediente de la censura para esta obra:

La saga/fuga de J.B. fue presentada a Censura el día 12 de junio de 1972 –ya en edición impresa– y se “aprobó” el 13 de junio del mismo año. Nótese que una novela de 600 páginas se presentó un día 12 y fue autorizada el siguiente 13, es decir, en menos de veinticuatro horas. ¿La leería realmente el censor? El informe figura en el expediente 7227/1972 y está depositado en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares (CA 464). No necesita más comentario que el que suscite a cada uno su lectura:

De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.
Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.