Acerca de Gonzalo

Ciudadano del Mundo. El que no tiene suficiente fe no será capaz de obtener la fe de los demás. (Tao Te King XXIII).

Sinergia

Todos estos tangos están empapados de historias, del erotismo de aquellos tiempos, de la belleza y del misterio y de una increíble nostalgia que, para variar, es nuestro rasgo nacional. Nosotros tenemos ese anhelo y nostalgia en cada frase,una esfera de melodías y tonos muy rica, pues para Gonzalo todo aquello supuso un tema fantástico.

Anna Maria Jopek

Minione

El DRAE define el término sinergia como la acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Lo escuché mencionar por primera vez cuando era estudiante de química, nos explicaron que una mezcla de varios agentes extractantes podía conseguir mejor resultado que cada uno por separado. A día de hoy, el Gold Book de la IUPAC lo define poco más o menos como yo lo he hecho. Es un fenómeno casi mágico, en el que uno más uno suman más de dos, similar al que se obtiene cuando personas con diversos puntos de vista se unen en pos de objetivo común y lo consiguen más fácilmente y mejor que si actuaran cada cual por su lado. Quién sabe, tal vez el amor sea una suerte de sinergia.

Hay que señalar que, como pueden suponer, la realización de una mezcla  no es condición suficiente para lograr el efecto, lo que hace que sea un fenómeno más interesante. En música, por ejemplo, es frecuente que se mezclen tendencias, culturas y procedencias. Unas veces el resultado es admirable y otras no lo es tanto.

Debió de ser a finales de dos mil diez cuando descubrí un disco titulado Upojenie, una colaboración entre Pat Metheny y una cantante polaca de la que nunca había escuchado nada, Anna María Jopek. Hoy me sorprendo al comprobar que no he puesto nada de ese disco aquí (aún), recomiendo fervientemente escucharlo y disfrutarlo. Para mí fue una agradable sorpresa, una música de esas que puede cicatrizar heridas y que llegó en un momento muy oportuno pues, la música, como tantas veces repito de los libros,.precisa de la oportunidad para ser disfrutada en su totalidad. En este disco, el sonido de los instrumentos de Metheney y su grupo se entrelaza con la voz de Jopek para producir un resultado que me atrevo de calificar de sinérgico.

Hace pocos días descubrí un nuevo disco de Anna María Jopek, se titula Minione y allí los arreglos y la producción corren de cuenta de un fabuloso pianista y compositor cubano de nombre Julio Gonzalo González Fonseca, más conocido como Gonzalo Rubalcaba. Ya llevaba tiempo pensando en colocar algo aquí de Rubalcaba, pero no terminaba de decidirme hasta que un día nublado y triste de mayo descubrí esta obra. Para mí, piano y voz femenina son una combinación perfecta. Por eso aquí el efecto de la música  y la voz se me antoja doblemente sinérgico.

Les dejo el vídeo del tema que abre el disco y que, afortunadamente, cuenta con subtítulos.

Y, para matar dos pájaros de un tiro, les pongo también un tema que figura en Upojenie, pero interpretado esta vez junto a otro virtuoso, Makoto Ozone, con quien comparte el disco Haiku. A mí me gusta más esta versión. Espero que lo disfruten, toda esta música puede encontrarse en Spotify

Después de ciento ochenta páginas

Al retornar a Bioy, recordamos nuestro derecho como lectores a soñar otras vidas posibles.

Enrique Vila-Matas.

Bioy2

Yo digo que, con los cuentos, soy menos exigente que con las novelas. Y esto por una razón de prudencia en mi trabajo. Yo más o menos me doy cuenta si voy a poder concluir un relato o no. Si es un cuento, puedo ir aventurándome; si es una novela, trato de aclarar las partes que preveo difíciles para que no me ocurra que, al llegar a la página 170 ó 180, tenga que abandonar el trabajo. Muchas veces me ha pasado eso. Hay varias novelas mías que quedaron así, porque, después de escribir ciento ochenta paginas, me pareció que el tema no era digno de ser leído durante ciento ochenta páginas (lo cual es también una reflexión bastante amarga sobre mi capacidad de juzgar las cosas). Sucede que uno avanza por las historias debido a un encanto que siente hacia ellas. Si a uno no le gusta una historia, mejor que no se ponga a escribirla. Y a veces hubo historias que me gustaron más de lo que merecen gustarme –porque había algo que me caía simpático o que me atraía-, y entonces yo me metía en la historia y, después de escribir ciento ochenta páginas, terminaba descubriendo que el lector tal vez no iba a compartir ese encanto que yo sentí y que no va a poder explicarse para qué se ha leído todas esas páginas de la historia tonta que le está proponiendo el señor Bioy. Eso me ha pasado tres o cuatro veces en la vida.

Fernando Sorrentino, Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares.

Me acababa de levantar aquella mañana de marzo; mientras me aseaba puse la radio, lo primero que escuché fue a la locutora decir: hoy Buenos Aires llora a Adolfo Bioy Casares. No hacía mucho que había leído La invención de Morel, espoleado quizá por aquel prólogo de Borges (no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta), tal vez algo exagerado debido a la amistad que les unía o tal vez no. Luego vendrían más lecturas y se convirtió en uno de esos autores a los que hay que volver a visitar de vez en cuando.

Si quieren saber algo más sobre él, visiten los enlaces que dejo arriba y escuchen su discurso por la concesión del Premio Cervantes (gracias Ana). Pero, sobre todo, lean sus libros.

Feliz día del Libro.

Recordando a Miguel Hernández

Escribí en el arenal
los tres nombres de la vida:
vida, muerte, amor.
Una ráfaga de mar,
tantas claras veces ida,
vino y nos borró.

Miguel_hernandez

Recibió Miguel una carta de su esposa en la prisión de Torrijos, le contaba que ella y su hijo se alimentaban a base de pan y cebolla; escribió entonces las Nanas de la cebolla que muchos han recitado y cantado. Los versos formaron parte del Cancionero y Romancero de Ausencias, un libro que escribió en trozos de papel higiénico que iba escamoteando en la cárcel.

Le decía a su mujer en una carta: Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche.

Moría el 28 de marzo de 1942 en la enfermería de la prisión de Alicante, sólo tenía 31 años. El libro se publicó en Buenos Aires, después de su muerte.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Tal vez todo comience con el amor por la madera

Para mí, el ajedrez es vida y cada partida es como una nueva vida. Cada jugador de ajedrez consigue vivir muchas vidas en una vida.

Eduard Gufeld

piezas

Acababa de ver un vídeo del disco de Katie Melua al que dedicaba otra entrada, cuando YouTube me recomendó otro (ya saben que Google nos conoce mejor de lo que nosotros querríamos) titulado El amor por la madera. Como añadía que se trataba de un documental de ajedrez me llamó la atención y, además, me di cuenta de que en la imagen aparecía Jan Timman (si me hubiese percatado entonces de que el otro personaje era Ulf Andersson, uno de mis jugadores favoritos de todos los tiempos, el efecto hubiera sido aún mayor).

El título del vídeo, que entonces que resultó enigmático, proviene de un pensamiento de Jan Donner:

Creo que todo comienza con el amor por la madera, cuando esas piezas brillantes están de pie delante de usted es difícil no tocarlas. Pero usted no puede tocarlas, porque en ajedrez la regla es: tocar es mover.

Estoy seguro de que todo aficionado al ajedrez disfrutará del documental. Además de los mencionados también aparecen Hans Ree, el maestro de ajedrez por correspondencia Kor Mulder van Leens Dijkstra y Max Euwe (por aquel entonces acababa de dejar la presidencia de la FIDE), una figura singular en esta mezcla de juego arte y ciencia del que merece la pena conocer más, incluso para aquellos a los que el ajedrez no les atraiga demasiado (pueden encontrar más información al final de la entrada).

Es un fresco que plasma una época que ya pasó, en la que los análisis de las posiciones se hacían únicamente con la cabeza y en ellos tal vez pesaban más el arte y la labor artesanal (por casa anda un libro de Timman titulado precisamente El arte del análisis); no existían motores que nos descubrieran jugadas impensables o cambiaran repentinamente nuestra valoración de la posición, todo se apuntaba religiosamente a mano en cuadernos o en fichas, las partidas se aplazaban y se disponía de más tiempo para pensar durante las mismas. Fischer decía que el ajedrez rápido mataría al ajedrez, tal vez no al juego en sí, pero sin tiempo suficiente su alma milenaria terminará por apagarse.

Es un retrato de un pasado que tal vez no fuese mejor (técnicamente hoy sabemos que no fue así), pero que es parte de muchos de nosotros y algunos aún lo recordamos con agrado.

 

Después de ver el vídeo me quedé pensativo, aunque a día de hoy disponemos de infinidad de materiales, la madera sigue presente en nuestras vidas. Nos gustan los muebles de madera, los juguetes de madera nunca terminan de pasar de moda e incluso apreciamos apliques de madera en productos tecnológicos. Obviamente, nos siguen enamorando las piezas de madera.

En mi memoria se posó el recuerdo de la infancia, cuando mi padre me enseñó a jugar al ajedrez. Teníamos unas piezas de madera (aún las conservo guardadas desordenadamente en su caja original); no era el típico modelo Stauton que ahora domina el mercado y los torneos, sino uno de estilo francés parecido al que muestra la foto del comienzo. Tiene  la cabeza del rey negro un poco ladeada por defecto del torneado, como alguna de las piezas que pueden ver, y mantiene el mismo olor a madera del que disfrutaba entonces. Como vendría a tener unos cuatro años entonces, mi padre temía que extraviase alguna figura y únicamente lo sacaba los domingos por la mañana, cuando tenía tiempo (siempre el tiempo) de jugar un rato conmigo. Aquellas piezas que se me antojaban enormes, aunque en realidad eran de tamaño mediano tirando a pequeño, me fascinaban y siempre esperaba con ilusión que llegara el momento de poder tocarlas y moverlas sobre el tablero. Cuando crecí un poco, pasé muchas horas estudiando y disfrutando con ese juego.

Así que es posible que Donner esté en lo cierto y que todo comience con el amor por la madera.

Para ir más allá

Un recomendable podcast de contenido ajedrecístico es El Rincón del Ajedrez, en una reciente emisión le dedican una sección a la figura de Max Euwe.

Allí se menciona un vídeo del canal de YouTube de Leontxo García dedicado a una partida del match Aliojin-Euwe que ganó este último.

Exiles

Larks_tongues_in_aspic_album_cover

Una buena amiga suele recordarme que las personas somos, en buena medida, historia (quiero recordar que la cita original es de Wilde o tal vez de Shaw). El caso es que, cuando vamos cumpliendo años, la parte material de esa historia va desapareciendo. Ayer volvía del trabajo escuchando mi emisora favorita cuando dieron la noticia de la muerte de John Wetton.

Probablemente, a los que aún sean jóvenes su nombre le diga poco, pero formó parte de grupos que aún resuenan en la memoria de muchos. Amigo de la infancia de Robert Fripp, formó parte del King Crimson de los setenta (fundamentalmente Cross, Fripp, Wetton y Bruford) . Allí su bajo y su voz sonaron en un trío de discos rotundos:  Larks’ Tongues in Aspic, Starless and Bible Black y Red. Tras la disolución del grupo (una de tantas), se marchó a Roxy Music. Más tarde fundaría Asia con Palmer y Howe vendiendo millones de discos.

A la hora de recordarlo, como es fácil de adivinar, me quedo con su etapa en King Crimson y con este tema que, de vez en cuando, vuelve a mi cabeza:

Now, in this faraway land
Strange, that the palms of my hands
Should be damp with expectancy

Spring, and the air’s turning mild
City lights, and the glimpse of a child
Of the alleyway infantry

Friends, do they know what I mean
Rain, and the gathering green
Of an afternoon out-of-town

But Lord I had to go
My trail was laid too slow behind me
To face the call of fame
Or make a drunkard’s name for me
Though now this other life
Has brought a different understanding
And from these endless days
Shall come a broader sympathy
And though I count the hours
To be alone’s no injury

My home, was a place near the sand
Cliffs, and a military band
Blew and air of normality

Hasta siempre

 

Abandonarla, dices, es fácil decirlo,
abandonarla como un piloto de combate
que abandona un avión
sin control o en llamas. ¿Pero cómo se salta
de un avión caído, hecho pedazos y oxidado
o hundido en las profundidades del mar?

Amos Oz, El mismo mar.

In memoriam

Emerson_Lake_and_Palmer_five

Tenía doce años cuando su madre le regaló una guitarra, empezó a recibir clases de un profesor local y allí se hizo amigo de un tal Robert Fripp. Así empezó todo.

Me acabo de enterar en el blog Desorbitados de que Greg Lake ha muerto, No ha tardado mucho desde que su compañero de fatigas Keith Emerson lo hiciera en marzo. Este ha sido un mal año para la música y para aquellos que la disfrutamos.

No voy a repetir aquí ese soberbio Epitaph que cantó como nadie; colocaré en su lugar un tema de Pictures at an Exibition, que fue el disco con el que descubrí a Emerson, Lake & Palmer en mis progresivos años de universidad. El mejor homenaje que podemos hacerle es seguir escuchando su música.

The Great Gates Of Kiev

Come forth, from love spire
Born in life’s fire,
Born in life’s fire.
Come forth, from love’s spire

In the burning, all are yearning,
For life to be.
And the pain will (must) be gain,
New life!

Stirring in, salty streams
And dark hidden seams
Where the fossil sun gleams.

They were, sent from (to) the gates
Ride the tides of fate,
Ride the tides of fate.
They were, sent from (to) the gates

In the burning of our yearning,
For life to be.

There’s no end to my life,
No beginning to my death
Death is life!