Acerca de Gonzalo

Ciudadano del Mundo. El que no tiene suficiente fe no será capaz de obtener la fe de los demás. (Tao Te King XXIII).

Eva

Ain’t no sunshine when she’s gone
It’s not warm when she’s away
Ain’t no sunshine when she’s gone
And she’s always gone too long
Anytime she goes away

Bill Withers (Ain’t No Sunshine)

Foto tomada de JazzTimes.

Con frecuencia me entretengo buscando versiones de aquellas canciones que me gustan, de esos temas que llevo toda la vida escuchando y que, por una razón u otra, me transportan en el tiempo; he hecho muchos descubrimientos musicales así. Me dedicaba a eso una tarde cuando de pronto empezó a sonar este tema y esta voz:

Reconozco mi debilidad por las voces femeninas, y no será ésta la primera vez que lo cuento aquí, ésta me llegó al alma. Así que empecé a buscar más temas suyos y me encontré con algunos que ya pasaron tiempo atrás por este blog.

Quise saber más de ella y empecé a indagar por Internet. Me encontré con una triste historia, la de una joven nacida en 1963 (caí pronto en al cuenta que en ese año nació también uno de mis mejores amigos) en el condado de Washington, que quiso ser cantante y que un cáncer de piel se la llevó con sólo treinta y tres años, prácticamente la misma que yo tenía por entonces.

En su momento, hubo alguien que creyó en ella, un ingeniero de sonido llamado Chris Biondo que se empeñó en que Chuck Brown escuchara una maqueta suya. Tanto le asombró su forma de cantar que grabaron un album conjunto en directo: The Other Side. Allí brilla su voz y su magia al interpretar el Over the Rainbow y, dicho sea de paso, hay también una preciosa versión que hace Brown de The Shadow of your Smile que nunca me canso de escuchar.

Después vino otro disco en directo, ya en solitario, Live at Blues Ally en que muestra su talento haciendo suyas canciones eternas como What a Wonderfull World.

Y poco más, ahí acaba su historia. Bien es cierto que grabó un disco de estudio, Eva by Heart, pero no llegó a verlo publicado. Ahí le llegó su primer reconocimiento, por parte de la Asociación de Música de Washington.

No sé si el destino termina poniendo las cosas en su sitio o si, simplemente, tiene un extraño sentido del humor. En el año 2000 a una pequeña compañía se le ocurrió sacar un disco sin pretensiones recopilando diez de las canciones que habían aparecido en sus discos: Songbird (como la canción de Fleetwood Mac que también versionó) y, contra pronóstico, se convirtió en un éxito de crítica y ventas con la ayuda de su difusión en un programa de la BBC.

El mundo por fin la descubrió y ocupó un lugar merecido en la historia de la música popular aunque, para ella, ya fue demasiado tarde. Pero quién sabe, tal vez la fama le hubiera venido demasiado grande a esa mujer tímida y huidiza.

Songbird se colocó en le Reino Unido entre los discos más vendidos de 2001 y muchos empezaron a comparar su voz con las de las grandes divas de la interpretación. Grandes artistas se declararon admiradores de música.

Era primavera o tal vez principios de verano, recuerdo que la temperatura era agradable y la tarde luminosa; y que yo ya no pude hacer otra cosa más que escuchar su voz una y otra vez, hasta que llegó la noche.

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Las canciones que fuiste tú

Pisando las nubes

mano pedro con guitarra
La música es una excelente banda sonora para la vida. Al igual que la risa y el sentido del humor, tiene esa milagrosa capacidad para salvarnos en los malos momentos. 
Muchas de las personas y de los momentos importantes de nuestra vida están inevitablemente ligados a canciones, canciones que durante un tiempo adoramos por acompañarnos en una historia de amor o en una aventura apasionante, y que años después acabamos quizá arrinconando en el cajón de los recuerdos que no deseamos conservar.
Aunque en esto, como en todo lo demás, cada uno somos un mundo. Tengo una amiga que practica el insano deporte de la auto flagelación musical: cada vez que rompe una relación amorosa, se encierra en casa a escuchar de forma recurrente y machacona canciones lacrimógenas de Malú. De todas las vertientes del masoquismo, esa es una de las que no practico. Cuando de olvidar a alguien se…

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Aunque tú no lo sepas

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Luis García Montero, Habitaciones separadas (1994).

Pueden escuchar el poema recitado por su autor en este enlace. Al año siguiente de su publicación, Habitaciones separadas recibió el Premio Nacional de Poesía. Sobre él, Octavio Paz escribió:

Es un libro lleno de emociones en el cual, estoy seguro, los jóvenes van a reconocerse. Pero no solo ellos, todos nosotros podemos reconocernos en muchos momentos de este libro escrito en versos diáfanos y al mismo tiempo inteligentes.

No puedo estar más de acuerdo con esas palabras que podrían extenderse al resto de su obra. Y esa debe ser la razón por la que siempre termino volviendo a García Montero.

Partiendo de estos versos, Quique González le escribió a Enrique Urquijo aquella canción que tantas veces escuchamos sin saber de dónde venía.

Aunque tu no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.

Aunque tu no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.

He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.

Aunque tu no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.

Inventamos mareas
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.

Y toda tu escalera.

Almudena Grandes (¿quién si no?) escribió también un relato con la misma inspiración: El vocabulario de los balcones. De allí bebió Juan Vicente Córdoba para rodar Aunque tú no lo sepas. Y hay, dicho sea de paso, un documental sobre la obra del poeta. ¿Adivinan su título? Seguro que han acertado.

The Walls Of The World

Secret Symphony

 

Hace ya tiempo, escribía aquí sobre mi distanciamiento con los últimos discos de Katie Melua. No obstante, hay un tema en su disco Secret Simphony que rompe esta regla. Casi todo tiene un por qué y este caso no es una excepción. El tema que nos ocupa (The Walls of the World) es una creación de Mike Batt, un artista británico que descubrió a Katie allá por 2002. Su exitoso Call of the Search incluía seis canciones de Batt. Luego, en Piece by Piece (su segundo album), aparecía otro tema suyo, nada más y nada menos que Nine Million of Bicycles.

The Walls of the World tiene para mí el mimo aroma  y frescura de aquellos discos que tantas veces escuché yendo de un lado para otro y, de paso, también el recuerdo que aquellos días luminosos.

 

The sun is only shining like it always does
But I never noticed it in the sky before
And you don’t need to worry
‘Cause I need your love, my friend

There’s a strong kind of feeling when I know you’re near
Nobody alive can take it away from me
And I feel like I’ve known you for a thousand years
Bring it out into the light

‘Cause I think I’m gonna write it on the walls of the world
So everyone will know today the love I hold for you
I will write it on the walls of the world
So that the sun won’t fade away the words I say to you
I love you

And I know I’m not a loser when I’m on my own
I could be miles away in another land
And it keeps me together when I’m far from home
I won’t keep it out of sight

And I think I’m gonna write it on the walls of the world
So everyone will know today the love I hold for you
I will write it on the walls of the world
So that the sun won’t fade away the words I say to you
I love you

Pasado

Coleccionismo deportivo: Siluetas del ajedrez ruso - Genna Sosonko - Foto 2 - 27244498

Al mirar al pasado, me doy cuenta de que algo ha cambiado. Soy consciente de que el pasado envejece con cada día, se ahoga en el presente y es revivido con dificultad. En realidad estamos escribiendo sobre aquello en lo que ese pasado se ha transformado en presente. Es mucho más fácil escribir sobre el pasado que estar en él. Lo no realizado, lo perdido, lo que podría haber sido llevado a cabo y nunca se realizará, hacen el pasado permanentemente triste. Para aceptar el pasado, se requiere el coraje de la reconciliación, la habilidad de ver todo de la manera en que realmente ocurrió, sin adornos, envoltorios o ilusiones.

Sé que la memoria es optimista. Ciertas escenas aparecen ante mí ahora, décadas más tarde, más idílicas que lo que fueron en realidad o, en cualquier caso, menos teñidas por las emociones del momento. La memoria no sólo es capaz de borrar los tonos oscuros de las penas del pasado, sino que también posee la habilidad de alegrar los recuerdos dolorosos.”Al recorrer los palacios de la memoria”, como decía San Agustín, algunas veces tropiezo con algo divertido o insignificante. Mi memoria constantemente se desvía de los caminos prinicipales, pero algunas veces algún acto frívolo, una broma o una palabra, al azar, puede tener más significado que autorizados documentos.

A la edad de 88 años, Bertrand Russel recordaba a Gladstone, al que había visitado en 1889 cuando éste último era ya un anciano. Después de cenar, ellos –los únicos hombres- continuaron en la mesa, Russell, que entonces tenía 17 años, esperaba oír algo divino.”Este es muy buen Oporto. Deseo saber por qué me lo han dado en un vaso de Burdeos”, dijo Gladstone. Yese Oporto, vertido en un vaso de Burdeos, está más cerca de mí que todos los dichos del gran hombre inglés.

“Para correspondencia”, un muchacho me respondió en un torneo en Indonesia en 1982. Todavía hoy recuerdo su astuta sonrisa. Acababa de darle mi autógrafo y me pidió también que, al lado, le escribiera mi dirección.

Veo a Misha Tal, encendiendo otro cigarrillo y tachando con un movimiento nerviosos una jugada ya escrita en la planilla. Veo las pobladas cejas de Polugievsky y su pesarosa mirada antes de asestar el golpe decisivo en una de nuestras partidas. De la partida en sí misma permanecen en mi recuerdo sólo sus vagos contornos y recientemente, para restaurarlos, tuve que recurrir a mi base de datos en el ordenador,

Lev_Polugaevsky_1984

tal

Soy de esas personas que son fuertes en la mirada retrospectiva y muy a menudo en la vida; y también en el ajedrez, he confiado en el “avoss” ruso: regresará y de alguna manera saldrá bien.

Ahora me enoja el hecho de que muchas conversaciones con los protagonistas de este libro hayan sido olvidadas. También lamento que las preguntas, cuyas respuestas podrían ser de interés para el lector, simplemente nunca fueron planteadas. En ese momento esas preguntas no se me ocurrieron: las trivialidades de todos los días parecían más importantes. Las raras anotaciones de aquellos días son una ayuda poco interesante para la memoria, y las viejas fotografías sólo pueden espantar los recuerdos. Es una muy conocida paradoja que cuanto más se miran las características familiares en fotografías de un pasado distante, más pálidas se tornan las imágenes.

Aquellos sobre quienes he escrito, ya no están entre nosotros. Pero eso depende de cómo lo iremos. Veo sus rostros, sus gestos y sus maneras de hablar. referirnos a ellos significa regresar al río Leteo, donde no hay futuro sino sólo pasado; allí donde todo, una vez y para siempre, está puesto en su lugar.. Veo al joven Lev Polugaievsky en la playa, en Suchumi; a Misha Tal, tratando de averiguar del sonriente Maestro cómo comenzó exactamente la guerra civil en España; a Semyon Furman, inclinado sobre su radio a transistores; a Olga Capablanca, examinando un medallón, que representaba al último zar ruso, en la vidriera de una tienda de antigüedades en la Quinta Avenida de Manhattan.

capablanca24

Semyon_Furman

Sé que el tiempo hace con la gente lo mismo que el espacio con los monumentos: si uno se detiene a contemplarlo demasiado cerca o demasiado lejos, se arriesga a no ver nada; tanto la una como los otros pueden apreciarse mejor a una determinada distancia, desde un punto especialmente elegido.

Genna Sosonko, Siluetas del ajedrez ruso.

El hombre imaginario

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El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario.

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios.

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Nicanor Parra

Retrato de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez

“Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión, y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados”.

Pueden seguir leyéndolo en Calle del Orco: Retrato de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez