La compasión y el verdadero significado de la empatía (Joan Halifax)

Joan Halifax es una rōshi budista que trabaja con personas que se hayan en la última etapa de sus vidas, ya sea en hospicios o condenados a la pena de muerte. Aquí comparte lo que ha aprendido sobre la compasión frente a la muerte y la agonía, en una mirada profunda a la naturaleza de la empatía.

Los límites de la empatía

 

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La empatía, la capacidad de entender a los otros, de ponerse en su lugar, son temas recurrentes en este blog. Sabemos que no podemos entender los demás si no adoptamos su mismo punto de referencia. Pero, ¿Hasta qué punto es esto posible? ¿Tiene límites esta capacidad?

Yo diría que los límites existen, pero quizás puedan superarse en muchos casos. Imaginemos a un antropólogo que se enfrenta a una cultura primitiva, a una manera de ver el mundo muy diferente a la suya. Para entenderla, cuenta con su experiencia, con su bagaje cultural, con su capacidad de observación y con los testimonios que obtiene de los nativos. ¿Es esto suficiente? Me temo que no, difícilmente podremos sentir en el otro lo que no hemos sentido previamente en nosotros mismos. No podremos sentir un profundo dolor si nunca lo hemos experimentado ni, de forma análoga, tampoco podremos sentir el amor en otro si no sabemos en qué consiste.

Renato Rosaldo, acuño el concepto de sujeto posicionado, para aludir a un punto de vista privilegiado para entender lo que nos rodea. No le resultó fácil entender esto, tuvo que perder a su hija para comprender la rabia ritualizada que destila el luto de los ilongotes y desarrollar así esta idea. Afortunadamente, no siempre se precisa experimentar tragedias para entender a los demás. Los humanos somos seres culturales, estamos inmersos en una cultura que marca nuestra existencia. Para entender a los demás, debemos conocer de dónde vienen y a dónde van.

¿Basta conocer una cultura para que se abra nuestra mente? Se trata de una condición necesaria, pero no suficiente.  Este verano, tuve la suerte de asistir a una conferencia de Honorio Velasco. En ella nos recordaba como Jomo Kenyatta (que fue primer presidente de Kenia y discípulo del gran Malinowski), enarboló la circuncisión femenina como seña de identidad de su pueblo. Quizás sea este unos de los fracasos de la inteligencia a los que alude José Antonio Marina.

Dicho esto, no puedo resistirme a citar a Malinowski: “Cuando leamos el relato de estas costumbres remotas, quizás brote en nosotros un sentimiento de solidaridad con los empeños y ambiciones de estos indígenas. Quizá comprenderemos mejor la mentalidad humana y eso nos arrastre por caminos antes nunca hollados. Quizá la comprensión de la naturaleza humana, bajo una forma lejana y extraña, nos permita aclarar nuestra propia naturaleza. En este caso, y solamente en éste, tendremos la legítima convicción de que ha valido la pena comprender a estos indígenas, a sus instituciones y sus costumbres”.

Pero hay aún un premio mayor en el esfuerzo que nos plantea el autor de la cita: comprender a los demás nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos, usando sus palabras, a “aclarar nuestra propia naturaleza”. El mensaje resulta a todas luces aleccionador: para cumplir con la máxima socrática no basta con sumergirnos en nuestra mente, también debemos hacerlo en la de los demás. No podemos aspirar a desarrollar una conciencia universal sin lograr antes el entendimiento de los pueblos, de las culturas. Tal vez merezca la pena que todos seamos, en cierto sentido, antropólogos.

 

Esta fue la última entrada publicada en el Space, el once de octubre. Lo que venga a partir de ahora pertenecerá ya a este blog.

Empatía

Hace tiempo aprendí que el orden emerge del caos y espero que ocurra algo parecido con las ideas que intento reflejar, con mejor o peor fortuna, en estas entradas. La de hoy andaba perdida por mi disco duro en espera de ser rescatada.

Empathy

¿Qué entendemos por empatía? Pues se trata de una capacidad cognitiva que nos permite captar los sentimientos de otro. Dicha capacidad resulta básica en diversos contextos tanto clínicos como sociales. Es difícil hacerse una idea de lo que ronda por la mente de nuestro interlocutor si no somos capaces de captar sus sentimientos.

Hoy se entiende como una parte de la inteligencia emocional que en su día popularizara Daniel Goleman. Es pues un fenómeno claramente interpersonal. Obviamente, sentir lo que sienten los demás no nos hace compartir ideas u opiniones. Simplemente nos capacita para reconocer sentimientos ajenos (no es un trasplante de cerebro9. También tiene su contrapartida en la fobia social.

Hay que tener claro que se trata de un fenómeno distinto de la simpatía, pues éste es un proceso meramente emocional que nos permite sentir los mismos estados emocionales que sienten los demás, los comprendamos o no.

Algunos autores distinguen entre empatía cognitiva, que supone una comprensión del estado interno de otra persona, y empatía emocional (o afectiva), que involucra una reacción emocional por parte del individuo que observa las experiencias de otros y se coloca en el lugar del mismo.

Por muy natural que pueda parecer este fenómeno, no deja de resultar maravilloso: dos sistemas nerviosos separados parecen sincronizarse y modularse para producir los mismos fenómenos y originar así sentimientos similares. Esto se consigue, al parecer, cuando captamos los mensajes verbales y no verbales que otra persona nos transmite. Es algo de lo que no tenemos conciencia, pero podemos hacerlo con una precisión encomiable.

Con esto no pretendo decir que sea un proceso innato, al menos por completo, se aprende desde la infancia con la interacción que se establece entre padres e hijos. Parece ser que se desarrolla mucho mejor en aquellos que han tenido sus necesidades afectivas y emocionales cubiertas desde la infancia.

La experiencia empática resulta más fácil a medida que el conocimiento de nuestro interlocutor y de su entorno aumenta (lo que se conoce como parte empírica del fenómeno y que algunos consideran fundamental). Además, puede variar en grado, pudiendo pasar de la felicidad más intensa a la tristeza más devastadora. Esto supone que el empático se enfrenta a un mundo de emociones que no siempre es fácil de soportar. Triunfan en labores de enseñanza, asistencia sanitaria o ventas, pero también deben hacer frente a una constante fuente de estrés. Puede que esto sea difícil de entender para aquellos que no lo sientan.

La importancia de la empatía es tal que algunos postulan que la moral y el altruismo nacen de ella. Yo añadiría que también es una de las fuentes de la amistad. Bienvenida sea.