Carta de una desconocida (Stefan Zweig)

Todo lo que se olvida, ya mucho antes había estado condenado al olvido.

Stefan Zweig

Carta de una desconocida

Terminó la carta con manos temblorosas. Después reflexionó largamente. En su conciencia se clavó el recuerdo confuso de una niña de la vecindad, de una muchacha, de una mujer en un establecimiento nocturno; pero el recuerdo era indeciso y vago como una piedra que brilla y tiembla en el fondo del agua sin que pueda concretarse su forma. Sombras que van y vienen, pero que no dibujan ninguna imagen. Sentía reflejos de antiguos sentimientos, pero no recordaba. Era como si hubiese soñado algunas figuras, soñado muchas veces y profundamente; pero sólo en realidad. Su mirada cayó sobre la jarra azul puesta sobre el escritorio. Estaba vacía, vacía por primera vez en su cumpleaños. Se asustó. Fue como si alguien invisible hubiese abierto de repente la puerta y una fría corriente de otro mundo atravesara la habitación. Sintió cerca una muerte y un amor inmortal: algo se extendió por su alma, y se quedó pensando en la amante invisible, inmaterial y apasionada, como en una música lejana.

Así termina Carta de una desconocida, de Stefan Zweig, para muchos su mejor producción. No creo que publicar el final del relato le chafe la historia a nadie que se acerque a él. Es la parte que más me gusta de esta historia y no podría colgar otro fragmento. El relato se lee de un tirón y el desenlace quizás sea lo menos importante.

Stefan_Zweig

El veintitrés de febrero de 1942 Zweig se suicidaba junto a su mujer. Parece que el desarraigo y la constatación de que el mundo con el que soñaba había desaparecido por completo lo empujaron a ello. En la nota que dejó como despedida, encabezada con el portugués “declaraçao” (declaración) y luego desarrollada en alemán,  explica que dice adiós a este mundo “de propia voluntad y con la mente clara” y agradece a Brasil su hospitalidad.

 Cada día he aprendido a amar más este país y quisiera no haber tenido que reconstruir mi vida en otro lugar después de que el mundo de mi propia lengua se hundió y se perdió para mí, y mi patria espiritual, Europa, se destruyó a si misma.

Pero para empezar todo de nuevo un hombre de sesenta años necesita poderes especiales y mi propio poder se ha desgastado tras años de vagar sin asiento. Prefiero, pues, poner fin a mi vida en el momento apropiado, justo, como un hombre para quien su trabajo cultural fue siempre la más pura de sus alegrías y también su libertad personal. Su más preciada posesión en este mundo.

Dejo saludo para todos mis amigos: quizá  ellos vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos.

 

Para ir más allá

Los últimos días de Stefan Zweig..

Stefan Zweig se suicidó en 1942 tras ver a Europa “destruirse a sí misma”.

The Escape Artist. Artículo de Leo Carey en The New Yorker.

Stefan Zweig: The Secret Superstar.

Carta a una desconocida en Books & Co.

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