¿Estamos programados por el lenguaje?

Mediante el modelado, podemos identificar las diferencias entre un genio y una persona con un resultado medio en el mismo campo de actividad.

John Grinder

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Volvamos por un momento a mediados de los años setenta del pasado y cercano siglo. Por aquel entonces, el lingüista John Grinder y el psicólogo Richard Bandler se preguntaban cómo a través de la comunicación y del lenguaje se producían cambios en el comportamiento de las personas.

Con objeto de dar respuesta a sus preguntas, y muy influenciados por las ideas de Gregory Bateson, investigaron las razones de la efectividad de algunos psicoterapeutas. Concretamente,  se fijaron en el modo de actuar de Fritz Perls, Milton Erickson y Virginia Satir (alguno de ellos volverá a pasar por aquí, no olviden sus nombres). Llegaron así a la conclusión de que tenían en común ciertos modelos de interacción con sus clientes que aplicaban la mayoría de las veces inconscientemente.

Pensaron que, ya que estos modelos, estas estructuras, se podían descubrir y comprender, se podrían así mismo reproducir y enseñar. El título del primer libro que publicaron sobre el tema, La estructura de la magia I, expresa claramente esta convicción.

La idea realmente no era nueva. Seguir el ejemplo de modelos se ha recomendado en infinidad de campos a lo largo de la historia. Por poner un ejemplo cercano, en Ajedrez siempre se ha recomendado a los jóvenes que sigan la carrera de algún maestro consagrado de su gusto y estilo, que reproduzcan sus partidas y adopten su repertorio de aperturas. El aplicarla a la terapia es lo que le da originalidad y supuso un cambio de rumbo en el modo de hacer de la época. El conjunto de los patrones que modelaron y sus influencias intelectuales dieron origen a la Programación Neurolingüística (PNL).

Veamos cómo explica esto el propio Grinder:

“Mis motivaciones para crear la PNL fueron múltiples. Entre ellas el rechazo a ciertos conceptos que la psicología había aceptado. La psicología occidental centra sus estudios en el comportamiento del individuo medio y acepta una aproximación estadística al estudio del ser humano. Encuentro estas dos suposiciones absurdas.

Me propuse demostrar que hay un gran potencial en estudiar los extremos (genios) y que la metodología de investigación apropiada es tratar a cada ser humano como un sistema con reglas únicas, que no debe ser promediado con otros sistemas también únicos e independientes”.

La idea es estudiar nuestros patrones mentales. Conocer los procesos que seguimos para codificar información, en definitiva, entender nuestra forma de pensar y de actuar. Nuestros pensamientos están conformados por el lenguaje, que califica lo que nos rodea con palabras que crean en nuestro cerebro programas. Cuando repetimos ciertas palabras con frecuencia, se va convirtiendo este mensaje en un programa. Estos programas ya instalados producen emociones que dirigen nuestras conductas y nuestras reacciones.

Esto quiere decir que a lo largo de toda nuestra vida hemos instalado cientos de programas. Los programas fueron instalados por los que nos rodeaban: nuestros padres, abuelos, familiares; más adelante nuestros maestros, amigos y por los medios de comunicación. Estos programas los aceptamos sin valorar si nos favorecen o nos dañan. Simplemente están allí. También tenemos programas que nosotros mismos hemos instalado y de igual manera, algunos son buenos y otros no tanto. Ayuda a tener una percepción más clara de nuestros programas y también de los programas de los demás. Así podremos adaptar y modificar nuestra programación para hacerla útil al momento actual.

Así concebida, la PNL constituye un modelo formal y dinámico sobre cómo funcionan mente y  percepción, de cómo se procesan la información y la experiencia. Además, todo esto tiene diversas implicaciones de cara a conseguir mejoras personales pues, con base en este conocimiento, será posible identificar las estrategias internas que utilizan las personas de éxito, aprenderlas y enseñarlas a otros (modelar) para facilitar un cambio, una mejora en la vida de las personas. Otros autores como Robert Dilts, Steve Andreas, Robert McDonald o Michael Hall han enriquecido los trabajos de Grinder y Bandler desarrollando sus propias técnicas. Sus aplicaciones son muy amplias: aprendizaje, afrontamiento del estrés, negociación, gestión de conflictos, superación de fobias, etc.

Evidentemente, la PNL no garantiza el éxito; del mismo modo que seguir a Bronstein (aún con la ayuda de un buen entrenador) no implica convertirse en algo más que un buen aficionado al arte del tablero. Yo sigo convencido de que hay cualidades intrínsecamente ligadas a la dotación genética. Y luego quedan todos los incontrolables que rodean nuestra existencia.

 Nota: Encontré esta entrada (en inglés) que me resultó interesante y que coloco aquí, como bien podría hacerlo en otras de este blog.

Imagen: Crecimiento Personal.

La memoria en las manos (Pedro Salinas)

Pedro Salinas

 

Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido.
Recuerdo de una piedra
que hubo junto a un arroyo
y que cogimos distraídamente
sin darnos cuenta de nuestra ventura.
Pero su peso áspero,
sentir nos hace que por fin cogimos
el fruto más hermoso de los tiempos.
A tiempo sabe
el peso de una piedra entre las manos.
En una piedra está
la paciencia del mundo, madurada despacio.
Incalculable suma
de días y de noches, sol y agua
la que costó esta forma torpe y dura
que acariciar no sabe y acompaña
tan sólo con su peso, oscuramente.
Se estuvo siempre quieta,
sin buscar, encerrada,
en una voluntad densa y constante
de no volar como la mariposa,
de no ser bella, como el lirio,
para salvar de envidias su pureza.
¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
libélulas se han muerto, allí, a su lado
por correr tanto hacia la primavera!
Ella supo esperar sin pedir nada
más que la eternidad de su ser puro.
Por renunciar al pétalo, y al vuelo,
está viva y me enseña
que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,
soltar las falsas alas de la prisa,
y derrotar así su propia muerte.

También recuerdan ellas, mis manos,
haber tenido una cabeza amada entre sus palmas.
Nada más misterioso en este mundo.
Los dedos reconocen los cabellos
lentamente, uno a uno, como hojas
de calendario: son recuerdos
de otros tantos, también innumerables
días felices
dóciles al amor que los revive.
Pero al palpar la forma inexorable
que detrás de la carne nos resiste
las palmas ya se quedan ciegas.
No son caricias, no, lo que repiten
pasando y repasando sobre el hueso:
son preguntas sin fin, son infinitas
angustias hechas tactos ardorosos.
Y nada les contesta: una sospecha
de que todo se escapa y se nos huye
cuando entre nuestras manos lo oprimimos
nos sube del calor de aquella frente.
La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta?
El peso en nuestras manos lo insinúa,
los dedos se lo creen,
y quieren convencerse: palpan, palpan.
Pero una voz oscura tras la frente,
-¿nuestra frente o la suya?-
nos dice que el misterio más lejano,
porque está allí tan cerca, no se toca
con la carne mortal con que buscamos
allí, en la punta de los dedos,
la presencia invisible.
Teniendo una cabeza así cogida
nada se sabe, nada,
sino que está el futuro decidiendo
o nuestra vida o nuestra muerte
tras esas pobres manos engañadas
por la hermosura de lo que sostienen.
Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fe única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin casarse, por ver si así se ganan
cuando ya la cabeza amada vuelva
a vivir otra vez sobre sus hombros,
y parezca que nada les queda entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

De la magia a la terapia

    Incluso puede demostrarse que las antiguas costumbres, las mismas que tal vez armonizaban con cierto tipo de ambiente. Tiende a sobrevivir en condiciones nuevas, en las que representan una desventaja para su gente.

Franz Boas

 

shaman

 

Ya he comentado alguna vez que este blog carece de orden, el motivo es esencialmente que el que lo va rellenando entrada a entrada también adolece, además de mala cabeza,  de desorden en sus pensamientos. Quizás lo que aquí expongo se entendiera mejor después de leer entradas posteriores, pero esta es la que toca ahora; intentaré, no obstante, ser lo más claro posible. Aprovecho para recordar que las etiquetas y referencias que voy colocando pacientemente tienen la intención de allanar el camino y de expiar, en la medida de lo posible, mis pecados.

Cuando vamos viajando por el acervo cultural humano, nos percatamos de que muchas ideas ya han iluminado otras mentes con anterioridad. Tal vez los reiterados redescubrimientos de la pólvora justifiquen la existencia de asignaturas de historia de la disciplina en las carreras universitarias (siempre recomiendo el texto de Thomas Leahey con el que estudié) y que sean de aplaudir iniciativas como la del libro Más Platón y menos Prozac de Lou Marinoff. Hace tiempo escribí una entrada sobre esto y éste es un caso más, del que me percaté cuando me crucé este año con los trabajos de Claude Lévi-Straus. Mirar atrás es uno de los destinos de este blog.

Hay temas, ideas, que vienen y van en función de aquello que se cruza en nuestro viaje y que van encajando en ese proyecto de gestalt que llena mi cabeza. La primera vez que las ideas guía que aquí pretendo mostrar me interesaron fue al leer el fragmento de Alejandro Jodorowsky que publicaba el otro día, sería el año 2004. A medida que he ido tratando con personas con las que trataba sus problemas, asuntos inacabados como los llamo, me he ido convenciendo de que merece atención.

Lévi.Straus desarrolló un concepto que considero bastante más profundo que la trampa sagrada que plantea Jodorowsky, me refiero a la eficacia simbólica. Aparece esta idea en un artículo escrito hacia 1949 (publicado en castellano en el libro Antropología estructural). Allí indaga sobre los fundamentos estructurales de la cura que los chamanes de la tribu cuna aplican en cierto tipo de parto difícil y la sitúa al mismo nivel de eficacia (de ahí su denominación) que la terapia psicoanalítica, mucho más respetada y reputada entonces que ahora.

 

Antropología estructural

 

Allí afirma: la cura chamanística está a medio camino entre nuestra medicina orgánica y las terapéuticas psicológicas como el psicoanálisis. Su originalidad proviene de que aplica a una perturbación orgánica un método muy semejante al de estas últimas.

[…]

En ambos casos, el propósito es llevar a la conciencia conflictos y resistencias que han permanecido hasta ese momento inconscientes, ya sea en razón de su represión por obra de otras fuerzas psicológicas, ya sea —como en el caso del parto— a causa de su naturaleza propia, que no es psíquica sino orgánica, o inclusive simplemente mecánica. También en ambos casos, los conflictos y resistencias se disuelven, no debido al conocimiento, real o supuesto, que la enferma adquiere progresivamente, sino porque este conocimiento hace posible una experiencia específica en cuyo transcurso los conflictos se reactualizan en un orden y en un plano que permiten su libre desenvolvimiento y conducen a su desenlace. Esta experiencia vivida recibe, en psicoanálisis, el nombre de abreacción. Es sabido que tiene por condición la intervención no provocada del analista, quien surge en los conflictos del enfermo, por el doble mecanismo de la transferencia, como un protagonista de carne y hueso, con referencia al cual el enfermo puede restablecer y explicitar una situación inicial que había permanecido informulada.

Para Lévi-Strauss, la explicación de este tipo de cura, dentro de las comunidades donde el chaman juega un papel determinante dentro del grupo, es una manipulación psicológica del órgano enfermo. Es decir, el contexto psicológico de la enfermedad juega un papel fundamenta para la cura. No solo por lo que representa este aspecto para el individuo enfermo, sino también para la comunidad.

La eficacia simbólica no es simplemente la eficacia de los signos, sino la eficacia de los signos encarnados en palabras proferidas en el momento justo, formando parte de un acto de donación simbólica. Palabras que valen, como dice González Requena, no por la significación de los signos que contienen, sino por formar parte de un relato que se ofrece como matriz temporalizada de sentido para el sujeto y, en esa misma medida, como vía para configurar su deseo. Dicho de un modo, más sencillo el valor está recogido en el rito del que forman parte.

Lévi-Strauss afirma que los símbolos son más reales que aquello que simbolizan, lo que significa y determina el contenido de lo significado. Es decir, lo importante no son los términos en sí mismos, sino la relación que se establece entre ellos. Los símbolos –diría- transforman a las personas y al mundo que les rodea. Estamos ante un concepto antropológico y, como tal, trasciende la relación entre dos personas, pues se nutre de sociedad, de cultura, de historia.

Estas ideas levantaron bastantes ampollas en su día, se criticó como igualaba dos mundos que en Occidente se valoraban como situados en las antípodas. No pretendo aportar nada a este debate que sigue aún vivo, sobre todo por aportaciones de psicoanalistas de orientación lacaniana, esto no es una crítica al psicoanálisis ni un llamamiento a recuperar viejas tradiciones olvidadas en la noche de los tiempos. Mi intención es reflexionar, partiendo de este concepto, sobre la vigencia de los símbolos y, por qué no, de los ritos en un mundo que muchas veces se enorgullece de su abolición o, quizás más exactamente de haberlos reducido a meros ornamentos y curiosas costumbres sociales de escasa utilidad más allá de atraer turistas.

Afortunadamente, muchos estudiosos se han acercado a este tema y han apreciado su importancia. Algunos, como Kenneth Burke, se han atrevido a definir a nuestra especie como homo symbolicus. Es decir como creadora, fabricante, manipuladora y usuaria de símbolos. Vázquez Medel apunta que nuestra comprensión de lo humano es inseparable de la simbolicidad. El tema daría para libros enteros, así que no me extenderé más… por el momento.

Debemos entender que nuestra cultura no es la única que existe en este planeta. Puede parecer una obviedad, pero es frecuente que apliquemos a nuestros razonamientos un sesgo cultural bastante importante.

Otras culturas no ocultan su relación con los símbolos y los rituales, allí es más fácil apreciar la eficacia simbólica siempre y cuando, con Malinowski, veamos con los ojos del otro. En nuestra cultura los símbolos se confunden muchas veces con meros adornos y eso sería incomprensible para otras. Como dijo Marcel Mauss, los ritos son actos tradicionales eficaces, y esta eficacia radica en que son útiles, en que consiguen resultados prácticos.

 

placebo-effect

 

En la medicina occidental se ha podido demostrar el impacto psicológico de algunos tratamientos a los que denomina placebos. En todos estos casos tiene un peso importante las prácticas sugestivas sustentadas en el poder de la palabra. Me parece que la trampa sagrada queda a este nivel que, dicho sea de paso, nadie discute a la eficacia simbólica. Su actuación no es únicamente lingüística sino también sensorial. Y, aunque se apoye en juegos de manos,  sigue siendo una relación establecida básicamente entre dos personas. Ahora bien, si se complementase con rituales culturalmente (socialmente) aceptados estaríamos ante el mismo concepto que se desarrolla en la eficacia simbólica. Se me ocurre buscar la presuntas validez de terapias alternativas en esta idea, más que en la existencia de presuntas propiedades curativas“reales”.

En condiciones normales, el fármaco adecuado causará el mismo efecto se crea o no en su eficacia siempre y cuando se administre convenientemente. La eficacia de la terapia psicológica, por el contrario, requiere de algo más, de un compromiso del cliente, que no solo debe tener voluntad de salir adelante, sino que debe confiar en el terapeuta y cooperar. No existe una relación directa entre tratamiento y resultado; de hecho, en función del terapeuta consultado, se intentará seguir un camino concreto que sea de su agrado, por experiencia, formación o por ambas razones.

Lo queramos o no, los humanos terminamos creyendo. Ya sea en Dios, la Ciencia (que, por mucho que nos empeñemos, no es todopoderosa) o Maradona. Llega un momento en que depositamos nuestra confianza más allá de nosotros. Al final siempre la fe mueve montañas, aunque solo sea simbólicamente.

¿Hay tanta diferencia práctica en este aspecto entre unas culturas y otras? Como el lector adivinará si sigue este blog, mi respuesta es no, que tan válida es una cultura u otra si los resultados son los mismos, pues los requisitos de funcionamiento también son equivalentes en esencia. En ambos casos la dependencia del paciente convierte el proceso en algo más que una técnica simple, pues se requiere del uso de habilidades que podría discutirse hasta qué punto son entrenables. ¿Es, por ejemplo, entrenable la empatía?

Queda claro que las necesidades de unas culturas no son las de otras, las herramientas que se precisan son distintas aunque, en el fondo, los auténticos problemas a los que todos nos enfrentamos, los reales, sean los mismos. Y, tal vez por eso nos aferremos a viejas soluciones que ya no son válidas hoy en día. Puede que esto de sentido a la reflexión de Boas que encabeza estas líneas.

Llegamos aquí a un punto que merece una pausa, una reflexión y otra entrada.

 

Imágenes: Un chamán, tomada de Caffix. Efecto placebo, tomada de Geekolologie.