I’m Your Man (Leonard Cohen)

La poesía viene de un lugar que nadie controla, nadie conquista.

Leonard Cohen

 

Cohen premio

 

Los premios Príncipe de Asturias de este año han sido especialmente de mi agrado. La concesión al autor de Hallelujah del Premio de las Letras me ha hecho cambiar de planes y colgar una de sus canciones.

I’m Your Man

If you want a lover
I’ll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I’ll wear a mask for you
If you want a partner
Take my hand
Or if you want to strike me down in anger
Here I stand
I’m your man

If you want a boxer
I will step into the ring for you
And if you want a doctor
I’ll examine every inch of you
If you want a driver
Climb inside
Or if you want to take me for a ride
You know you can
I’m your man

Ah, the moon’s too bright
The chain’s too tight
The beast won’t go to sleep
I’ve been running through these promises to you
That I made and I could not keep
Ah but a man never got a woman back
Not by begging on his knees
Or I’d crawl to you baby
And I’d fall at your feet
And I’d howl at your beauty
Like a dog in heat
And I’d claw at your heart
And I’d tear at your sheet
I’d say please, please
I’m your man

And if you’ve got to sleep
A moment on the road
I will steer for you
And if you want to work the street alone
I’ll disappear for you
If you want a father for your child
Or only want to walk with me a while
Across the sand
I’m your man

If you want a lover
I’ll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I’ll wear a mask for you

 

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Siete inteligencias y un modelo educativo

Howard Gardner

Hace solo unos días que Howard Gardner recibió el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Para tratar en este momento su importante obra, me he permitido tomar prestada esta entrada escrita por Núria Costa, una psicóloga catalana bastante más avezada que yo en esta materia y cuyo blog frecuento con asiduidad. Aprovecho para animar a los que me visitan a que lo hagan también, seguro que aprenden algo nuevo.

Siete inteligencias y un modelo educativo

Relatividad (y II)

Cada lengua, desde el punto de vista de otra lengua, puede ser arbitraria en sus clasificaciones.

Franz Boas.

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 En una entrada anterior, mostrábamos cómo las ideas relativistas se insertaron en el pensamiento del siglo XX. La lingüística tampoco fue ajena a esta tendencia, sobre todo cuando se asociaba con la antropología y la psicología y reclamaba para sí el status de ciencia. Dicha corriente bebe en las fuentes a las que aludíamos allí y también en la psicología de la Gestalt. Supuso una auténtica revolución en su momento y aún despierta airados debates.

Tres son las figuras claves en esta historia: Franz Boas, Edwar Sapir y Benjamin Lee Whorf, discípulo cada uno del anterior. No obstante, podíamos mirar  más atrás y encontrarnos con un aroma parecido en otros autores, siendo quizás los más significativos Johann Gottfried Herder y Wilhelm von Humbolt.

La gran aportación de Herder al tema que nos ocupa fue tomar conciencia de que el mundo entero precisa de la diversidad etnolingüística. Por la creatividad que aporta, por las posibilidades que proporcionan para encontrar con ella soluciones a los problemas humanos, por su capacidad de humanizar a la humanidad frente al materialismo, por la estimulación de las capacidades estéticas, emocionales e intelectuales en el conjunto de la humanidad que conduciría a un estadio más elevado en las actividades humanas. Para él, las grandes fuerzas creativas que inspiran a la humanidad emergen de la individualidad de las colectividades étnicas y de la autenticidad de sus lenguas.

Por su parte, von Humboldt señalaba que, a la hora de estudiar las diversas comunidades humanas, es imprescindible estudiar sus lenguas. Hizo notar que el hombre es inherentemente un ser lingüístico y social. Por consiguiente, el lenguaje como tal sólo existe en la realidad histórica de las lenguas.

Las ideas relativistas fascinaron incluso a los no especialistas, tal vez porque permitieron hacernos a la idea de que quizás el lenguaje nos estafe, nos obligue a ver la realidad de una manera determinada.

Fue Whorf quien utilizó la denominación de relatividad lingüística, refiriéndose a ésta como “un nuevo principio de relatividad”. Lingüista aficionado (trabajaba como inspector de seguros), formación científica (era ingeniero químico) y pronta muerte en 1941 (con solo 44 años), pretendió convertir a la lingüística en una ciencia, transformándola en etnolingüística. Incluso llegó a titular uno sus trabajos La lingüística como ciencia exacta.

Veamos cómo enuncia el principio de relatividad en uno de sus trabajos:

“Todos los observadores no son dirigidos por la misma evidencia física hacia la misma imagen del universo, a menos que sus fondos de experiencia lingüística sean similares o puedan ser equiparados de algún modo”.

Para entender esto un poco mejor, podemos dividir el enunciado en tres proposiciones:

  • Los hablantes de lenguas distintas, ordenan el mundo de forma distinta.
  • La lengua no es un mero instrumento para la comunicación, pues determina el pensamiento.
  • Proclama el valor de la diversidad lingüística.

La primera proposición es la propiamente relativista. Nos dice que los seres humanos se encuentran sometidos a las exigencias de una lengua particular, que se erige como medio de expresión de su sociedad. No viven en un mundo objetivo, sino uno fundado en gran medida en los hábitos del grupo. Los mundos en los que viven las diferentes sociedades son mundos distintos y no, como aclaraba Sapir, “el mismo mundo con etiquetas diferentes”.

La segunda proposición, bastante controvertida, constituye la versión dura del principio. Nos dice que la lengua no sólo sirve para comunicarse, sino que influye directamente en la forma en que pensamos. Y esta influencia es tan importante que condiciona la forma que lo hacemos.

Por último, la tercera proposición defiende, tal y como hizo repetidamente Boas en su momento, el valor de cada lengua como un monumento del espíritu humano. Todas las lenguas, nos dicen, permiten construir la realidad. No hay diferencias entre las lenguas dominantes (estándar) y otras que permanecen perdidas en la noche de los tiempos. La estructura de las lenguas indoeuropeas no es la única válida para entender el mundo, pues cada cultura tiene su forma de expresión propia, adaptada al mundo que le rodea.

El relativismo lingüístico entronca de este modo con el relativismo cultural. Para éste, cada grupo humano ordena su experiencia objetiva en base a una lógica diferencial y significativa, que convierte a la percepción humana, como dice Honorio Velasco (1), en una concepción histórica. La objetividad se hace determinación cultural. Depende de cómo se le atribuyen significados a ciertas concepciones que se convierten en ‘reales’ mientras que otras son rechazadas. Como diría Sahlins, “el lenguaje no entra en un mundo de percepciones objetivas alcanzadas para añadir simplemente signos exteriores y arbitrarios a objetos determinados, sino que es el mismo un mediador por excelencia, el instrumento más importante y más precioso para la conquista de y la construcción de un verdadero mundo de objetos”.

La relatividad supuso una revolución en su momento y desató largos debates que aún colean. Los argumentos de Whorf fueron combatidos con dureza y ciertamente no alcanzaban la solidez pretendida. Ha sido frecuente, como ocurre en este caso, confundir correlación con causa. Además, no se conoce que hiciera ningún estudio de campo para confirmar sus ideas. No obstante, pese a que es probable que lenguaje y pensamiento (lenguaje y cultura) estén, por así decirlo, al mismo nivel, siguen realizándose investigaciones más cuidadas que pretenden defender estas teorías.

En cualquier caso, de aquí emanan ideas que siempre habría que tener en mente: Toda cultura, por primitiva que nos parezca, merece respeto y la lengua es una parte fundamental de ella. Representa el resultado de cientos o de miles de años de existencia. Protegemos especies en peligro de extinción, pero muchas veces no hacemos lo propio con los frutos del espíritu humano. Cuando intentamos realmente comprender a estos pueblos, descubrimos que los que llamamos alegremente bárbaros muchas veces resultan serlo mucho menos de lo que lo somos los ciudadanos del mundo industrializado. Y esto podría extenderse a las relaciones con nuestros vecinos y conciudadanos. El diálogo con los demás no sólo sirve para conocerlos a ellos, sino para entendernos a nosotros mismos.

Por desgracia, la tendencia actual no parece defender la diversidad lingüística, algunos autores hablan de la formación de una lengua supra estándar, fundamentada en el inglés (aunque no de forma exclusiva) que adquiriría un carácter supranacional. Éste será un mal menor siempre que se quede en lengua vehicular y no se convierta en una lengua perfecta, que todos tengamos que adorar.

Whorf, inspirado por sus predecesores, pretendió demostrar que la superioridad de las lenguas europeas no era más que una falacia, guiada quizás por el mito de la lengua perfecta, y contribuir a la valoración de la diversidad lingüística frente a los que postulan lenguas universales.

La relatividad es, en cierto sentido, un camino en pos de la unidad de los procesos psicológicos fundamentales y, en definitiva, de uno de los principios básicos de toda la antropología: La unidad psíquica de la humanidad, la existencia de una única naturaleza humana. Puede que algún día nos ocupemos de este asunto, pues merece la pena.

 (1) Hablar y pensar, tareas culturales. Honorio M. Velasco Maillo.

Ilustración: Salud Mental y Equilibrio Emocional.

Nota: Una entrada interesante relacionada con este tema: No duermas, hay serpientes.

The Feynman Series – Beauty

Tengo que reconocer mi admiración hacia Richard P. Feynman. y no solo por su obra. Hay dos libros en los que narraba sus memorias a Ralph Leighton (¿Esta usted de broma Sr. Feynman? y ¿Qué te importa lo que piensen los demás?) que llegaron a mi vida en un momento especialmente oportuno y a los que les estoy muy agradecido.

Hace unos días me enteré de la existencia de una serie creada por Reid Gower que nos recuerda su pensamiento. Este es el muy recomendable primer capítulo.

 

 

El fragmento proviene de una entrevista realizada a Feynman en 1981 para el programa de la BBC Horizon. El texto se recoge en un libro que lleva por título El placer de descubrir.

Coherencia (III)

Somos una conversación.

Friedrich Hölderlin

 

Este tema en general y esta entrada en particular dormían desde hace más de un año el sueño de los justos. Realmente no sé por qué dejé de publicar esta serie que, como puede deducirse fácilmente, no termina aquí. He estrujado mi pobre memoria al respecto y quizás resulte que por aquel entonces me estuviese moviendo por unos derroteros excesivamente técnicos para la intención de este blog. He intentado suavizar esta falla en la medida de lo posible (alguien que creo me aprecia suele decirme que me vuelvo con frecuencia “demasiado intelectual”).  Por otro lado, puede que sea oportuno publicarla ahora, antes de seguir con otras historias abiertas aquí y relacionadas con ésta. He aquí el principal motivo por el que ahora ve la luz.

En lo que precede, hemos reflexionado sobre la importancia de la coherencia en un texto o en un discurso para que sea comprensible y sobre las condiciones necesarias para que podemos comunicarnos con los demás. Vimos en la entrada anterior que la comunicación resulta de la unión de los mundos interiores (intrapersonales) de aquellos que participan en ella y del entorno en el que tiene lugar. Hicimos hincapié en la noción de conocimiento común y en que los mensajes son aceptables o no según el contexto en que aparezcan.

Llega ahora el momento de ocuparnos brevemente de las conversaciones, pero antes reflexionaremos un poco más sobre la importancia del lenguaje, que se ha erigido en uno de los caballos de batalla de este sitio (véase ¿Por qué el lenguaje?).

La adquisición y uso de un lenguaje posibilita a los organismos a mantener formas peculiares y específicas de relación y de acción sobre el entorno en que viven. Puede considerarse, desde el punto de vista evolutivo, como un componente esencial entre los mecanismos de adaptación al medio. Al mismo tiempo, podemos entenderlo como un tipo de conocimiento que poseen, de que disponen, dichos organismos. En nuestra especie, además, el conocimiento lingüístico constituye uno de los soportes básicos de la memoria y parece tener importancia a la hora de desarrollar tareas cognitivas como son el razonamiento o la toma de decisiones (volveremos a esto cuando abordemos la relatividad lingüística).

La capacidad de un organismo vivo para adquirir y utilizar un código, es decir, una forma de conocimiento lingüístico, sea de la modalidad que sea, se denomina facultad lingüística. En el caso del lenguaje humano, esta facultad puede interpretarse como el resultado de capacidades cognitivas (innatas) o de aprendizaje (sociales en buena medida) que son comunes a otras habilidades, pero también puede verse como una habilidad específica y diferenciada que comporta requisitos estructurales o funcionales que son tanto particulares como específicos de nuestra especie (un aparato fonador y una estructura cerebral únicos).

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La forma más genuina de actividad lingüística humana es la participación en conversaciones, es decir, producir e intercambiar series coordinadas de emisiones lingüísticas por varios interlocutores en una situación comunicativa concreta. La producción del lenguaje presupone en el hablante una intención de comunicar algo a alguien y las conversaciones pueden interpretarse como conjuntos de secuencias o de emisiones lingüísticas. Sin embargo, una conversación no es, salvo excepciones patológicas muy graves o que se trate de un diálogo de besugos, una secuencia arbitraria o inconexa de emisiones por parte de los interlocutores. Han de estar cohesionadas y deben, sobre todo, ser coherentes.

¿Qué la hace coherente la conversación? Podemos identificar aquí la coherencia con la existencia de ciertas relaciones locales entre sus partes, entre las proposiciones individuales que la forman. Las contribuciones de los hablantes se organizan así en lo que se ha venido en llamar intercambio comunicativo.

Dichos intercambios constan básicamente de dos movimientos: uno de inicio, siempre prospectivo (que permite establecer predicciones acerca de los tipos de respuesta posibles) y otro de respuesta, siempre retrospectivo, en el sentido de que realiza las predicciones derivadas de un movimiento de inicio anterior, aunque ocasionalmente pueden implicar también un inicio, una sonda hacia otras facetas, hacia otros temas a tratar. Es el correcto funcionamiento de estos movimientos lo que hace que la conversación resulte coherente. Siempre he encontrado similitudes entre esta descripción y un juego de tenis.

Para el hablante que participa en la conversación, la coherencia presupondrá la capacidad de establecer un modelo mental con realidad psicológica también para el oyente y la elaboración de enunciados sucesivos relevantes para este modelo mental. En definitiva, debe forjar una teoría de la mente.

Por otro lado, la teoría de la relevancia de Sperber y Wilson, bastante reconocida en este campo, destaca que la actividad comunicativa humana se rige esencialmente por criterios de economía cognitiva, lo que determina que el hablante intente producir la máxima relevancia con el mínimo esfuerzo cognitivo. Es bastante lógico pensar así, los seres vivos (casi) siempre tienden a ahorrar recursos.

En relación con esto, Sullivan propone la hipótesis del auditor fantástico según la cual todo discurso supone para el hablante la realización de un proceso de autocomposición, mediante el cual pone a prueba de la utilidad informativa potencial de sus mensajes. Esto se realizaría contrastando los mensajes planificados (pero todavía no emitidos) con un oyente supuesto o interlocutor imaginario que representa las necesidades informativas del interlocutor real. En la medida en que el modelo de interlocutor fantástico simule adecuadamente al real, el mensaje será comunicativamente eficaz. Cuando, por el contrario, su representación del auditor fantástico es inadecuada, entonces produce las emisiones o discursos que un interlocutor normal valoraría como poco claros, egocéntricos o irrelevantes en la situación conversacional planteada y, en definitiva, poco coherentes.

Todo esto puede parecer artificial y rebuscado, no es fácil asumir que nuestro inconsciente se ocupe de tantas cosas al mismo tiempo y con tanta diligencia, pero no debemos subestimar sus capacidades (recuérdese El experto y sabio inconsciente). Esta teoría se ha utilizado, por ejemplo, para explicar el lenguaje de los esquizofrénicos, destacando el carácter egocéntrico y no comunicativo de las emisiones de estos sujetos.

Nos queda aún otra coherencia que explorar: la que se aprecia entre lo que expresamos con palabras y lo que nuestro rostro y nuestros gestos, nuestros ademanes, parecen decir. Con ello terminaremos el plan que rondaba por mi cabeza para esta serie, al menos de momento.

 

Si alguien siente más curiosidad por este tema, puede consultar esta página.

Ilustración: Liderazgo y Coaching.

Una Generación Mutante: Pulgarcita

La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir.

Alphonse de Lamartine

pulgares

Hay ocasiones en las que la casualidad, la ocasión o la oportunidad me lleva a leer algo que me llama profundamente la atención, si saber muy bien por qué. Puede que sea por la forma, el fondo, la originalidad del tema o una mezcla bien calibrada de todo ello. Es el caso de este texto de Gabriel Navarro que no puedo resistirme a traer a esta sección y compartirlo con los visitantes de este blog, sin que haya una razón manifiesta para hacerlo. Espero lo disfruten.

Una Generación Mutante: Pulgarcita

Imagen: Noticias TNO.