Conversando de fútbol con un tal Jorge Francisco

Y, de paso, aprovechando que hay competiciones futboleras varias…

“El fúbol es estúpido y es el deporte más popular, porque la idiotez es popular”, dijo un estudiante de filosofía que recién conocí en el club café. Éramos 4 amigos reunidos y uno de el…

Origen: Conversando de fútbol con un tal Jorge Francisco

Ceguera

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo.

Jorge Luis Borges

borges_siete_noches

La producción literaria de Borges no es de las más extensas que se recuerdan, pero está llena de facetas. Hay un Borges cuentista (el más conocido), un Borges poeta (a mi juicio, el más brillante), un Borges ensayista, un Borges articulista y también hay un Borges conferenciante. Intentando ser  exhaustivos, debemos añadir un Borges guionista, un Borges bibliotecario, un Borges prologuista, un Borges traductor (tradujo entre otros a Faulkner y a Virgina Woolf), un Borges crítico literario, un Borges profesor (impartió clases de literaturas antiguas anglogermanas en la Universidad de Buenos Aires) y, quizás, alguno más. Indudablemente, también estaba el Borges humano, sobre el que también se ha escrito y analizado bastante y que siempre mantendrá algún misterio.

Aquí nos referiremos principalmente al conferenciante , aunque tratándose de Borges, la literatura toma la forma de un universo infinito en el que es difícil aislar sus componentes, así que en definitiva hablaremos de todo.

Tal vez sea esta singularidad borgiana la que hace ubicua su mención en este blog. Alguien dijo que el ajedrez es como una amante a la que se vuelve una y otra vez sin poder abandonarla del todo. En mi caso la misma imagen sirve para Borges (la del ajedrez también es válida), leerle y releerle es algo tan habitual como respirar.

Se me ocurre pensar que las facetas de Borges son algo parecido a las personalidades de Pessoa, una suerte de máscaras que le permitían moverse entre la dimensión literaria y la terrenal. Borges siempre se las arregló para vivir de un modo u otro de la literatura y Pessoa siempre vivió con la literatura.

Al hablar de su faceta como conferenciante, hay que recordar unos cuantos detalles. De un lado, en su juventud sufría una timidez que le impedía situarse ante el público, así que sus primeros pinitos en el género fueron leídos por algún amigo escritor; pero con los años consiguió controlar suficientemente este problema como para dictar el mismo las conferencias. De otro, a la llegada de Perón al poder, perdió su trabajo de bibliotecario y tuvo que impartir conferencias para ganarse la vida. Por otra parte, debido a su falta de visión, disertaba siempre de memoria.

Sus conferencias fueron numerosas y de gran calidad, esto ha llevado a estudiosos como Ricardo Pligia a considerarlas su obra tardía más destacada. Aquí nos centraremos en una de ellas perteneciente al ciclo que en 1977, entre junio y agosto, impartió en el teatro Coliseo de Buenos Aires y que posteriormente fueron transcritas y recogidas en un volumen titulado Siete noches. A lo largo de esas siete veladas trató sobre diversos temas, sobre asuntos que le eran bien conocidos siempre llevando como hilo conductor la literatura.

En la séptima y última de ellas se ocupó de la ceguera (la propia y la de otros escritores) y, de paso, de otros asuntos. Allí aprendemos de su vida, de su obra, de cómo sentía el mundo y de paso le daba sentido a algunas de sus composiciones. Nos explica el Poema de los dones (que se adelantó a esta entrada) y El oro de los tigres, que así adquiere ante nuestros ojos todo su significado:

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.

Después vendrían otros tigres,
el tigre de fuego de Blake;
después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo que cada nueve noches
engendra nueve anillos y éstos, nueve,
y no hay un fin.

Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inextricable sombra
y el oro del principio.

Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.

East Lansing, 1972.

Hacía tiempo que llevaba pensando tratar este tema aquí y me animé a releer el libro. Siempre se aprende leyendo a Borges, el decía que sabía de temas que a la mayoría de la gente no le importaban y que ignoraba aquellos de los que los demás sabían. De paso Borges te arrastra a ese mundo literario, en el que era un guía inigualable merced a su saber enciclopédico, y del que siempre se vuelve con algún tesoro en las alforjas.

Gracias a una conversación en la que casualmente mencioné el libro, me enteré que aquellas palabras que tantas veces había leído podía ahora escucharlas e incluso ver a Borges pronunciándolas. Creo que debo abusar más de San Google.

La magia de Internet nos permite ahora volver a una butaca del teatro Coliseo y disfrutar. Yo lo he hecho ya unas cuantas veces.

Lean, escuchen o, si lo prefieren, hagan ambas cosas. Esa es su elección.

Un navegante que ve en el horizonte una mancha, Jorge Luis Borges

En esas largas y lúcidas conversaciones Borges y Sabato dejaron en claro sus raras coincidencias y sus numerosas diferencias acerca de los temas que atarearon su quehacer literario. La realidad y los sueños, la idea de Dios, el amor, el arte de traducir, el tango, el teatro y el cine; entre personas y personajes, ideas y obsesiones, componen un vasto collage.

Orlando Barone

Calle del Orco

Jorge Luis Borges

Barone: Piensen que ustedes también les interesó, alguna vez, saber cómo era el proceso de creación de los que admiraban.

Borges: Vamos a ver si puedo explicarlo… Puedo referirme únicamente a mi experiencia personal, que no tiene por qué coincidir con otras. Pienso que Mallea, por ejemplo, hablaría de otra manera. Digamos entonces que yo voy caminando por la calle, o recorriendo galerías (hay muchas en esta zona) y de pronto percibo que algo me conmueve. Antes que nada tomo una actitud pasiva del espíritu; sé que si algo es un proyecto estético puede ser narrativo o puede ser poético o ambas cosas a la vez. Puedo explicar lo que me pasa citando a Conrad, que refiere que él es un navegante que ve en el horizonte una mancha y él sabe que esa mancha es África. Es decir: que esa mancha es un continente con selvas, ríos, hombres, mitologías…

Ver la entrada original 148 palabras más

Poema de los dones

Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente.

Jorge Luis Borges

El_hacedor

Hace tiempo me rondaba la idea de incluir el Poema de los dones y otros textos de Borges en una entrada sobre su ceguera. Pienso que lo que falta asomará algún día, pero hoy prefiero colocarlo aquí, junto a uno de mis desvaríos a modo de introducción y una frase que principia El Hacedor, esa brillante colección que lo alberga, es una mezcla de poesía y prosa, de imaginación y sentimiento,  cuya lectura (y relectura) recomiendo fervientemente.

Este golpe de timón comenzó con un intercambio de ideas con Félix Molina, que me  hizo caer en la cuenta que Borges nació un mes de agosto, en esa ciudad que fue a fundar un paisano al otro lado del charco y que, como nos contó Sabato, es más hermosa en otoño(1).

Los humanos somos proclives a los aniversarios y este blog no es una excepción a la regla, parece que aún nos resulta especial y casi mágico ese momento en el que se cumple un ciclo anual y, si es un múltiplo que suene bien, mejor que mejor. Tal vez un recuerdo del tiempo en que las cosechas eran vitales, quizá una necesidad de perpetuar la memoria o un ansia de inmortalidad, qué sé yo.

Recordaba el año en que se celebró el centenario del nacimiento de Borges. En fechas así los editores lanzan una andanada de textos que aprovechen esa suerte de tirón místico. Dio la casualidad que entonces leía yo mucho a Borges y sobre Borges, por lo que aquella efeméride fue para mí una especie de bendición.

Precisamente leí en aquellos días un artículo (no me he preocupado de buscarlo, si alguna vez me animo reescribiré esto) que sostenía que a los hispanohablantes nos quedaba aún por descubrir al Borges poeta; pues se suponía que al Borges narrador de historias ya lo conocíamos. No sé cuánto tenía de acertada esa tesis, pero resulta que ese era precisamente mi situación; yo era asiduo del escritor de relatos y también lo era del ensayista y conferenciante, pero salvo algún poema como Ajedrez, que conocí debido a mi afición al arte de los escaques, poco más había leído. No era yo persona de poesías o, más bien, lo era de unos pocos poemas que  atesoré con el paso de los años. Aún no había descubierto el efecto balsámico que supone sumergirse en versos y, probablemente, tampoco me hacía falta en aquel tiempo. Todo requiere su momento para poder valorarse, es una cuestión de perspectiva.

Y así, aventurándome en lecturas que hasta entonces descartaba, el Borges poeta se convirtió en un feliz descubrimiento personal, luego el tiempo se encargó de colocar sus versos en ese lugar místico al que vuelvo una y otra vez. Versos como estos:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

En el video que sigue el propio Borges nos comenta y recita el poema. Una auténtica joya sonora.

Es fácil experimentar aquí esa especie de resurrección que nos explicaba con maestría en aquel fragmento que tomé prestado. Pues cada cual tiene su forma de amar los libros y, por desgracia, cada cual viene a encontrarse antes o después con su particular noche.

Si les apetece, visiten la entrada que Félix Molina le ha dedicado.

 

(1) Era un día de comienzos de abril, pero el otoño empezaba ya a anunciarse con signos premonitorios, como esos nostálgicos ecos de trompa —pensaba— que se oyen en el tema todavía fuerte de una sinfonía, pero que (con cierta indecisa, suave pero creciente insistencia) ya nos están advirtiendo que aquel tema está llegando a su fin y aquellos ecos de remotas trompas se harán cada vez más cercanos, hasta convertirse en el tema dominante. Alguna hoja seca, el cielo ya como preparándose para los largos días nublados de mayo y de junio, anunciaban que la estación más hermosa de Buenos Aires se acercaba en silencio. Como si después de la pesada estridencia del verano, el cielo y los árboles empezaran a asumir ese aire de recogimiento de las cosas que se preparan para un extenso letargo.

Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas.

Llega el lector adecuado y asistimos a una resurrección del mundo, Jorge Luis Borges

Incluir aquí este fragmento de Borges me resulta necesario. Describe muy bien la relación que mantengo con los libros y que más de una vez he descrito en este sitio. Además, me hace pensar que quizá la aprendiera de él. Así que no me queda más que dar las gracias.

Calle del Orco

Stevenson leyendo

Creo que Emerson escribió en alguna parte que una biblioteca es una especie de caverna mágica llena de difuntos. Y esos difuntos pueden renacer, pueden ser devueltos a la vida cuando abrimos sus páginas.
Hablando del obispo Berkeley, me acuerdo de que escribió que el sabor de la manzana no está en la manzana misma –la manzana no posee sabor en sí misma- ni en la boca del que se la come. Exige un contacto entre ambas. Lo mismo pasa con un libro o una colección de libros, con una biblioteca. Pues ¿qué es un libro en sí mismo? Un libro es un objeto físico en un mundo de objetos físicos. Es un conjunto de símbolos muertos. Y entonces llega el lector adecuado, y las palabras –o mejor, la poesía que ocultan las palabras, pues las palabras solas son meros símbolos- surgen a la vida, y asistimos a una resurrección…

Ver la entrada original 24 palabras más

El sueño de Borges

Al igual que a Félix Molina, a mí tampoco me interesan mucho los premios y, de similar manera, también me he alegrado de que el Premio Príncipe de Asturias se le haya concedido a la Wikipedia.
Hace mucho que la Wiki forma parte de este blog, pues gusto de apoyarme en iniciativas en las que los que habitamos este planeta compartimos lo que sabemos (o pretendemos saber) con los demás sin esperar mucho más que el que otros hagan otro tanto.
Afortunadamente, hay muchas iniciativas así que demuestran que algo de social hay en nosotros (de tribal tenemos mucho).
En la entrada que aquí presento, Félix relaciona el creciente tamaño de la enciclopedia virtual con esas bibliotecas infinitas que Borges pintaba en palabras. También asoma Cortázar, ambos son viejos protagonistas de este sitio. Todo esto hace necesaria la mención.
Borges fue bibliotecario y llevó las bibliotecas a su universo fantástico, probablemente porque las amaba, porque en ellas se sentía en su ambiente, porque quizá (como a mí) le resultaran una suerte de santuario. Es probable que las bibliotecas se vean reducidas más pronto que tarde a curiosos museos en esta era digital que nos envuelve; tampoco será muy doloroso, pues los que crecimos con ellas ya no estaremos. Queda esperar que sea para bien.

félix molina

Wikipedia| VV. AA., 2001

borgespedia

No soy amigo de los premios, qué le voy a hacer: demasiados cadáveres en el armario de los mundialmente conocidos –por ejemplo, sí, esos de Suecia que huelen a pólvora–,  que nunca fueron para los escritores, directores de cine, artistas en general que más frecuento. Y categorías que todavía parecen bíblicamente excluidas del pastel, como el cómic, una nueva forma de hacer arte y literatura… con más de cien años. Soy incluso menos amigo de los premios con nombre de instituciones milenarias a las que les harían falta otros tantos milenios para ponerse al día con la dignidad que se les supone. Sin embargo, curioso misterio, me emocionó la concesión del último premio (y no sé si el primero) que le han dado a la Wikipedia.

En sus sueños, Jorge Luis Borges pobló de bibliotecas crecientes, casi orgánicas, los atlas de su conocimiento, dispersos en…

Ver la entrada original 498 palabras más

Ausencia (Jorge Luis Borges)

Fervor de Buenos Aires

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Fervor de Buenos Aires (1923).

Éste fue su primer libro publicado. La imagen que acompaña esta entrada es de la primera edición, que tuvo una tirada de trescientos ejemplares y pagó su padre. El grabado de la portada es obra de su hermana Norah.