Azar y causalidad, caos y accidente

 

MarioBunge

 

Recientemente ha nacido un intruso, llamado «caos», que complica las cosas. Mejor dicho, nos hace ver que el mundo es aun más complejo de lo que creíamos. Desgraciadamente, la palabra «caos» ha sido objeto de una publicidad comparable con los anuncios de la aparición inminente de ordenadores inteligentes. Por esto convendrá aportar un mínimo de precisión y un llamado a la modestia.

Ante todo, la palabra «caos» es ambigua. En efecto, hasta hace poco sólo significaba desorden: ausencia de orden o legalidad. Este no es el concepto técnico de caos que se presenta en la dinámica no lineal, ya que ésta gira en torno a presuntas leyes naturales. Lo que ocurre es que estas leyes no son causales ni probabilistas.

En segundo lugar, el caos es una suerte de imitación del azar. En efecto, a simple vista una trayectoria caótica se parece a una sucesión aleatoria del tipo de los precios de las acciones de bolsa. Sólo un examen detenido permite concluir que, en efecto, dichas trayectorias son, o bien no son, consecuencias lógicas de ciertas ecuaciones no lineales.

Una característica de la dinámica no lineal es que pequeñísimos cambios del estado inicial del sistema son seguidos por resultados desproporcionados. En resumen: a pequeñas causas, grandes efectos. O sea, dos trayectorias que están próximas al comienzo pueden terminar muy distantes entre sí. En resumen: a pequeñas causas, grandes efectos.

Otra característica de la dinámica caótica es que depende críticamente del valor preciso de uno o más parámetros o «variables perilla». A primera vista estos parámetros son iguales a las inocentes constantes que figuran en cualquier ecuación algebraica o diferencial. Pero, si los valores de esos parámetros cambian, aunque sea poquísimo, se producen efectos impredictibles.

No se trata solamente de que la respuesta a tales cambios sea enorme: puede ocurrir que haya dos respuestas (trayectorias) en lugar de una. Para peor, a diferencia de las ramas de un proceso aleatorio, cada una de las cuales tiene una probabilidad, a las ramas de un proceso caótico no se les puede asignar pesos.

He aquí algunos ejemplos de sistemas caóticos. Uno es el corazón que, al ser afectado de arritmia, late en forma caótica.También es caótica la reproducción de ciertas poblaciones de insectos, que a veces explotan y otras caen tanto que parecen haber desaparecido. Incluso las perturbaciones atmosféricas locales parecen ser caóticas. De aquí que sea tan difícil predecirlas correctamente, en tanto que las variaciones del clima global son predictibles con cierta precisión.

Tal vez haya caos en todas partes, pero uno no debiera de creer todo lo que hoy día se escribe sobre él. Muchas de estas publicaciones son inexactas, y algunas sensacionalistas. Esto se aplica, en particular, a las especulaciones de algunos estudios de la sociedad que, sin escribir ecuaciones, trazan paralelos entre las fluctuaciones económicas o políticas y la turbulencia de los líquidos.

Antes de comprar una mercancía cultural que lleve el rótulo «caos» (o «dinámica no lineal») es preciso cerciorarse de que contiene ecuaciones no lineales que han sido puestas a prueba confrontándolas con datos fehacientes, tales como series temporales de precios.

En resumidas cuentas, el azar y sus compañeros, la causalidad y el caos, son reales. En otras palabras, algunos aspectos del mundo son causales, otros aleatorios y otros más caóticos.Y el mundo satisface leyes que combinan dos o quizá tres de estas categorías.

Como si todo eso no fuese harto complejo, es preciso agregar una cuarta categoría, a saber, lo accidental. Piénsese en los numerosos accidentes que ocurren a lo largo de una vida humana, tales como coincidencias, siniestros involuntarios y oportunidades, sean aprovechadas o desaprovechadas. Sin embargo, es verdad que algunas coincidencias pueden analizarse en términos de líneas causales. Este es el caso de los accidentes automovilísticos.También es cierto que otros, como las mutaciones, son de raíz aleatoria.

Sí, pues, la vida es enredada. Pero a veces logramos ordenarla por un tiempo.Y otras logramos hacer virar el bote a tiempo para aprovechar los cambios de viento, al menos hasta el próximo remolino o hasta la próxima tempestad. Siempre debemos contar con el azar, el caos y el accidente. Pero también podemos contar con la causalidad para contrarrestar el azar, el caos y el accidente, o al menos para disminuir sus efectos indeseables.

 

Fragmento extraído del libro Píldoras, de Mario Bunge.