El cerebro no busca la verdad sino sobrevivir

Tu cerebro te enseña un mundo ampliamente coloreado por la vanidad.

Cordelia Fine


El capítulo 78 de Redes nos presenta, a través de una entrevista con Cordelia Fine, un cerebro intentando acomodar la realidad a nuestros intereses. Inconsciente y memoria se esmeran en resaltar lo bueno y olvidar lo doloroso. De aquí nacen los mecanismos los que nos hacen caer en estereotipos y prejuicios que desembocan con más frecuencia de la deseada en tensiones y conflictos.

En una parte del programa titulada Cuando los prejuicios del cerebro… matan, investigadores del Campus por la Paz de la UOC, explican con ejemplos del conflicto de los Balcanes cómo se emplean estos mecanismos en los conflictos bélicos para manipular a las masas. Esta parte resulta a la vez dolorosa y aleccionadora.

Se hace hincapié el la importancia de coordinar cerebro racional y cerebro emocional.

La dimensión emocional del prejuicio

La idea de esta entrada ha estado dando muchos tumbos por mi cabeza desde la ultima vez que me acerqué a este blog. De hecho, quizás su publicación sea la principal razón para no haberlo eliminado del ciberespacio.

Se trata de un fragmento del trabajo La dimensión emocional del prejuicio: ¿Sienten los miembros de los otros grupos igual que nosotros? realizado por R. Rodríguez Torres, A. Rodríguez Pérez y J.P. Leyens. Este trabajo de investigación se recoge en la recopilación Estudios de Psicología Social dirigida por J.F. Morales Domínguez y C. Huici Casal y publicada por UNED Ediciones. 

FrayBartolome

El padre Fray Bartolomé de las Casas, a principios del siglo XVI; observó con lástima la inhumana explotación a la que eran sometidos los indios antillanos. Compadecido e indignado, sugirió, en una urgente misiva a los Reyes Católicos, la importación de negros africanos que sustituyeran a los pobres nativos en sus infernales tareas. Con esta bienintencionada solución, el sacerdote hispalense, además de contribuir al nacimiento del jazz y del blues, formulaba un aspecto del racismo que paradójicamente, ha sido ignorado durante cientos de años por los científicos sociales: concretamente, la tendencia considerar a los ortos grupos incapaces de sentir determinadas emociones. Si aceptábamos que, llevado por su fervor religioso, el principio que guiaba a Fray Bartolomé era el amor a los hombres, su extemporánea solución sólo se entiende si tomamos en cuenta que, para él, los negros africanos no eran exactamente hombres sino, más bien, animales. Por otra parte, esta bestialización de los africanos no aludía tanto a déficits en su capacidad intelectual como a su “insensibilidad” o, más específicamente en el contexto del duro trabajo en las minas, a su incapacidad para sufrir y experimentar dolor.

[…]

Para ser honestos y contar la historia hasta el final, el propio Fray Bartolomé de las Casas se arrepintió con el tiempo de su sugerencia de importar esclavos negros. Probablemente, porque conoció de cerca el infortunio de sus hermanos africanos y entendió que el sufrimiento humano es el mismo, con independencia de los accidentes particulares del nacimiento, tales como el lugar, la religión o el color de la piel. Es imposible demostrarlo, pero, probablemente, al final de su vida, el padre de Las Casas atribuyó a los africanos la misma capacidad de sentir que a los nativos americanos o a los propios españoles, y eso le hizo reconsiderar su opinión inicial. Pero la maquinaria histórica ya estaba en marcha, y es bastante improbable que los Reyes Católicos, que aplaudieron con entusiasmo su primera sugerencia, entendieran este imprevisto cambio de opinión sobre unos “salvajes” que, entre otras cosas, eran incapaces de valorar la compasión atribulada del cura sevillano porque, sencillamente, no podían experimentar ese tipo de sentimientos.

Estos fragmentos, extraídos del principio y el final del artículo, tienen un carácter eminentemente introductorio, pues en el trabajo se abordan cuestiones que nos quedan bastante más cercanas. Tanto este trabajo como el resto del libro son muy recomendables y quizás más de uno descubra que la Psicología es algo mucho más amplio y distinto de lo que creía antes de su lectura.

Es probable que, uno de los mayores beneficios que se desprenden de la Psicología Social, sea el enseñarnos que nuestros juicios son bastante más relativos y subjetivos de lo que podríamos llegar a pensar.