Retrato de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez

“Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión, y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados”.

Pueden seguir leyéndolo en Calle del Orco: Retrato de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez

Anuncios

Alquimia

Exaltó en público la inteligencia de aquel hombre que por pura especulación astronómica había construido una teoría ya comprobada en la práctica, aunque desconocida hasta entonces en Macondo, y como una prueba de su admiración le hizo un regalo que había de ejercer una influencia terminante en el futuro de la aldea: un laboratorio de alquimia.

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.

alquimistas

Tengo que reconocer (tal vez no sea la primera vez) mis dificultades para empezar un nuevo hilo argumental, así como para escoger los títulos de las entradas. En este caso ha sido especialmente complicado porque se trata de un tema en el que puedo decir, sin pecar en exceso de inmodestia, que no me es demasiado desconocido. Creo que es más fácil centrarse cuando uno tiene pocos conocimientos en la materia, pues es más difícil divagar ya que no hay por dónde hacerlo.

Una de las marcas de este blog es el desorden y la mezcolanza de temas, es así porque el que lo mantiene comparte (junto a otros muchos) estos defectos. Quedan hilos abiertos, con entradas medio escritas o simplemente esbozadas, que espero seguirán nutriendo esta página, y hoy añado uno más.

En un principio pensé titular la serie “Buscando el norte químico”, guardando similitud con una vieja entrada titulada “Buscando el norte” y que tuvo una segunda parte, pero al final decidí que “Alquimia” era un buen título pues este blog tiene, en esencia, mucho de ella y de camino me guardo la carta de desordenar el contenido cuanto quiera.

Mi intención original era escribir sobre John Dalton, pero pensé que no podía hacerlo si no explicaba primero cómo (en mi opinión y en la de otros que saben más que yo del asunto) se gestó la química. Espero que en su momento, dentro de unas entradas, se entienda este desvarío.

La química es una ciencia peculiar, pues está en medio de todo y queda algo desubicada y sin fronteras claras. Pienso que a sufrido (conceptualmente hablando) porque muchos han querido que se parezca en forma y hasta  en historia a la física; ese es, sin duda, un pesado lastre. Me atrevo a afirmar que muchos de los que salen de nuestras facultades no tienen una idea clara y concisa de en qué consiste esta ciencia. Al menos, eso me ocurrió a mí y a algunos de los que me acompañaron es aquella travesía.

Pero yo venía hoy a hablar de la alquimia, de ese cajón de sastre en el que cabe todo lo que había antes de que la química fuese química (aunque debe quedar claro, por razones que no son difíciles de imaginar y que ya asomarán aquí, que ese momento es más bien difuso).

Es frecuente denostar aquello que hoy sabemos equivocado y, de igual forma, acostumbra a ser injusto. Para defender a la alquimia traigo aquí un fragmento del libro de F. Sherwood Taylor La alquimia y los alquimistas. Encontré muy joven este libro en un mercadillo y fue mucho después cuando conseguí (o pretendí)sacarle el provecho que merece.

Son pues muchas las diferencias existentes entre la Química y la Alquimia; pero a pesar de todo ello, no puede en modo alguno ignorarse la contribución de los alquimistas a la Química. Parece una cosa cierta que los alquimistas inventaron, y seguramente transmitieron, los fundamentos de la técnica de laboratorio. Nos enseñaron el modo de manipular sobre compuestos químicos y el arte de la destilación, sublimación, filtración y cristalización es debido a ellos, que también dieron nombres a reactivos tan importantes como los ácidos minerales y el alcohol. A este respecto la Alquimia es un inmediato precedente sin solución de continuidad de la ciencia moderna.

Además los alquimistas basaron su trabajo en la idea de una ley natural. No trataron de lograr intervenciones arbitrarias o milagrosas en el orden de la naturaleza, como sucedió con el tipo de magos, demasiado extendido en la Edad Media, que trataron de cambiar el curso normal de la naturaleza por medio de la invocación de los demonios. El alquimista creía que existía un proceso natural por medio del cual se había hecho y se estaba haciendo el oro en las rocas y buscaba llevar a cabo aquel proceso en el laboratorio. Su teoría de la generación del oro era incorrecta; pero al tratar de hacer lo que la naturaleza hace estaba llevando a cabo lo que se ha convertido en un respetable y corriente proceder en la ciencia. De tal modo la Alquimia, en tanto en cuanto fue una investigación de laboratorio basada en unas supuestas leyes de la naturaleza, se hallaba en la misma línea de progreso que ha movido a la ciencia moderna.

¿Tiene la ciencia actual algo que aprender de la Alquimia? Nada, nos parece, ya que la ciencia ha sido perfeccionada hasta constituir un instrumento casi perfecto para el logro de sus propósitos. No es posible ninguna importación desde el terreno filosófico o religioso en el que se movía la Alquimia al campo de la ciencia. Pero ¿tiene el hombre de ciencia algo que aprender del alquimista y de sus contemporáneos medievales? Aquel puede aprender de éstos que existen aspectos de la naturaleza que no aparecen en las revistas científicas y que nuestras impresiones sobre aquellos deben tener también algo de humano. El científico moderno debería mirar a la naturaleza bajo un aspecto valorativo y no sólo desde el punto de vista de una disposición en el tiempo y en el espacio, y reflexionar sobre el misterio de la existencia del mundo y de su relación con el hombre entregado a una labor científica.

No volveremos a los alquimistas, pero es indudable que el péndulo que ha oscilado desde una concepción de nuevo y las generaciones sucesivas verán el concepto medieval y alquimista de la naturaleza como un símbolo, incluso demasiado inexpresivo, de la filosofía natural que habrán conseguido.

Sin desmerecer en absoluto el legado instrumental y material que la alquimia nos donó a los químicos en particular (no existiríamos sin él) y a los científicos en general, lo que más ha transcendido de ella queda alejado de la ciencia material, está sobre todo en el rico lenguaje simbólico que ha impregnado todos los ámbitos de nuestra cultura. No en vano, más que homo sapiens somos homo simbolicus.

Gabriel García Márquez (1927-2014): La soledad de América Latina…

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Gabriel García Márquez

CIENCIAS SOCIALES HOY - Weblog

La soledad de América Latina
Por Gabriel García Márquez jue, 17 abr 2014 14:57

images 2
Domingo 4 de marzo de 2012. Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve…

Ver la entrada original 1.817 palabras más