Blue in Green

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La primera incursión de Miles Davis en el jazz modal (basado en escalas estáticas en vez de en una secuencia móvil de acordes) fue la pieza que da nombre a su album Milestones:

Después de esto, Decidió preparar un disco entero basado en este estilo. Para ello, se rodeó de John Coltrane, Julian “Cannonball” Adderley, Paul Chambers y Bill Evans y les salió un trabajo redondo (valga la redundancia) que asentó plenamente la belleza y la importancia de la improvisación modal. A día de hoy es el disco más vendido de la historia del género: Kind of Blue.

Recuerdo haber leído sobre él algo así: ¿Qué hace a este disco tan grande? No trate de ponerlo en palabras. Debe ser imposible.

Sin ánimo de atreverme a responder la pregunta, quizá la presencia de Bill Evans (que había trabajado con George Russell, padre de la criatura modal) sea providencial para el resultado final. Es reconocible su mano (más bien las dos) en las dos baladas que forman parte del disco y cuya autoría no termina de estar clara(1,2) aunque haya serios indicios.

Centrémonos en la primea de las baladas, que es la que da título a esta entrada (mi intención original era colocarla sola junto a algún texto, pero el asunto se complicó):

Una maravilla, ¿Verdad? El caso es que antes de que Kind of Blue viera la luz, Evans se había marcado junto a Chet Baker un soberbio  Alone Together cuya introducción muestra un evidente aire de familia con la pieza que Davis se atribuía.

Evans realizó junto a Scott LaFaro y Paul Motian (el Bill Evans Trio)esta versión en Portrait in Jazz, un disco que tampoco hay que perderse.

Allí también aparece una versión de Autumn Leaves, una melodía que, como me encanta desde niño, no me resisto a compartirla aquí. Además nos servirá de enlace con alguna entrada que vendrá después.

 

Para ir más allá

1.- Blue in Green, artículo de la Wikipedia.

2.- Bill Evans, el poeta del piano. Artículo de Pablo Sanz.

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La comunicación no verbal (Flora Davis)

En bastante medida, el hombre es capaz de controlar su rostro y utilizarlo para transmitir mensajes. También se refleja en su carácter, dado que las expresiones habituales suelen dejar huellas. Pero es el rostro como transmisor de emociones el que ha interesado a los psicólogos. Con el correr de los años, su interés se ha volcado fundamentalmente en dos cuestiones: ¿Transmite el rostro emociones de manera fidedigna? Y si es así, ¿son esos mensajes enviados y entendidos universalmente por el género humano?

[…]

La mayoría de las personas son conscientes del movimiento de manos de los demás, pero en general lo ignoran, dando por sentado que no se trata más que de gestos sin sentido. Sin embargo, los ademanes comunican. A veces contribuyen a esclarecer un mensaje verbal poco claro. En otros momentos puede revelar emociones de manera involuntaria. Las manos fuertemente apretadas o que juguetean con síntomas de tensión que otros pueden notar. Un ademán puede ser tan evidentemente funcional que su sentido exacto resulte inconfundible.