Pasado

Coleccionismo deportivo: Siluetas del ajedrez ruso - Genna Sosonko - Foto 2 - 27244498

Al mirar al pasado, me doy cuenta de que algo ha cambiado. Soy consciente de que el pasado envejece con cada día, se ahoga en el presente y es revivido con dificultad. En realidad estamos escribiendo sobre aquello en lo que ese pasado se ha transformado en presente. Es mucho más fácil escribir sobre el pasado que estar en él. Lo no realizado, lo perdido, lo que podría haber sido llevado a cabo y nunca se realizará, hacen el pasado permanentemente triste. Para aceptar el pasado, se requiere el coraje de la reconciliación, la habilidad de ver todo de la manera en que realmente ocurrió, sin adornos, envoltorios o ilusiones.

Sé que la memoria es optimista. Ciertas escenas aparecen ante mí ahora, décadas más tarde, más idílicas que lo que fueron en realidad o, en cualquier caso, menos teñidas por las emociones del momento. La memoria no sólo es capaz de borrar los tonos oscuros de las penas del pasado, sino que también posee la habilidad de alegrar los recuerdos dolorosos.”Al recorrer los palacios de la memoria”, como decía San Agustín, algunas veces tropiezo con algo divertido o insignificante. Mi memoria constantemente se desvía de los caminos prinicipales, pero algunas veces algún acto frívolo, una broma o una palabra, al azar, puede tener más significado que autorizados documentos.

A la edad de 88 años, Bertrand Russel recordaba a Gladstone, al que había visitado en 1889 cuando éste último era ya un anciano. Después de cenar, ellos –los únicos hombres- continuaron en la mesa, Russell, que entonces tenía 17 años, esperaba oír algo divino.”Este es muy buen Oporto. Deseo saber por qué me lo han dado en un vaso de Burdeos”, dijo Gladstone. Yese Oporto, vertido en un vaso de Burdeos, está más cerca de mí que todos los dichos del gran hombre inglés.

“Para correspondencia”, un muchacho me respondió en un torneo en Indonesia en 1982. Todavía hoy recuerdo su astuta sonrisa. Acababa de darle mi autógrafo y me pidió también que, al lado, le escribiera mi dirección.

Veo a Misha Tal, encendiendo otro cigarrillo y tachando con un movimiento nerviosos una jugada ya escrita en la planilla. Veo las pobladas cejas de Polugievsky y su pesarosa mirada antes de asestar el golpe decisivo en una de nuestras partidas. De la partida en sí misma permanecen en mi recuerdo sólo sus vagos contornos y recientemente, para restaurarlos, tuve que recurrir a mi base de datos en el ordenador,

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Soy de esas personas que son fuertes en la mirada retrospectiva y muy a menudo en la vida; y también en el ajedrez, he confiado en el “avoss” ruso: regresará y de alguna manera saldrá bien.

Ahora me enoja el hecho de que muchas conversaciones con los protagonistas de este libro hayan sido olvidadas. También lamento que las preguntas, cuyas respuestas podrían ser de interés para el lector, simplemente nunca fueron planteadas. En ese momento esas preguntas no se me ocurrieron: las trivialidades de todos los días parecían más importantes. Las raras anotaciones de aquellos días son una ayuda poco interesante para la memoria, y las viejas fotografías sólo pueden espantar los recuerdos. Es una muy conocida paradoja que cuanto más se miran las características familiares en fotografías de un pasado distante, más pálidas se tornan las imágenes.

Aquellos sobre quienes he escrito, ya no están entre nosotros. Pero eso depende de cómo lo iremos. Veo sus rostros, sus gestos y sus maneras de hablar. referirnos a ellos significa regresar al río Leteo, donde no hay futuro sino sólo pasado; allí donde todo, una vez y para siempre, está puesto en su lugar.. Veo al joven Lev Polugaievsky en la playa, en Suchumi; a Misha Tal, tratando de averiguar del sonriente Maestro cómo comenzó exactamente la guerra civil en España; a Semyon Furman, inclinado sobre su radio a transistores; a Olga Capablanca, examinando un medallón, que representaba al último zar ruso, en la vidriera de una tienda de antigüedades en la Quinta Avenida de Manhattan.

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Sé que el tiempo hace con la gente lo mismo que el espacio con los monumentos: si uno se detiene a contemplarlo demasiado cerca o demasiado lejos, se arriesga a no ver nada; tanto la una como los otros pueden apreciarse mejor a una determinada distancia, desde un punto especialmente elegido.

Genna Sosonko, Siluetas del ajedrez ruso.

Tal vez todo comience con el amor por la madera

Para mí, el ajedrez es vida y cada partida es como una nueva vida. Cada jugador de ajedrez consigue vivir muchas vidas en una vida.

Eduard Gufeld

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Acababa de ver un vídeo del disco de Katie Melua al que dedicaba otra entrada, cuando YouTube me recomendó otro (ya saben que Google nos conoce mejor de lo que nosotros querríamos) titulado El amor por la madera. Como añadía que se trataba de un documental de ajedrez me llamó la atención y, además, me di cuenta de que en la imagen aparecía Jan Timman (si me hubiese percatado entonces de que el otro personaje era Ulf Andersson, uno de mis jugadores favoritos de todos los tiempos, el efecto hubiera sido aún mayor).

El título del vídeo, que entonces que resultó enigmático, proviene de un pensamiento de Jan Donner:

Creo que todo comienza con el amor por la madera, cuando esas piezas brillantes están de pie delante de usted es difícil no tocarlas. Pero usted no puede tocarlas, porque en ajedrez la regla es: tocar es mover.

Estoy seguro de que todo aficionado al ajedrez disfrutará del documental. Además de los mencionados también aparecen Hans Ree, el maestro de ajedrez por correspondencia Kor Mulder van Leens Dijkstra y Max Euwe (por aquel entonces acababa de dejar la presidencia de la FIDE), una figura singular en esta mezcla de juego arte y ciencia del que merece la pena conocer más, incluso para aquellos a los que el ajedrez no les atraiga demasiado (pueden encontrar más información al final de la entrada).

Es un fresco que plasma una época que ya pasó, en la que los análisis de las posiciones se hacían únicamente con la cabeza y en ellos tal vez pesaban más el arte y la labor artesanal (por casa anda un libro de Timman titulado precisamente El arte del análisis); no existían motores que nos descubrieran jugadas impensables o cambiaran repentinamente nuestra valoración de la posición, todo se apuntaba religiosamente a mano en cuadernos o en fichas, las partidas se aplazaban y se disponía de más tiempo para pensar durante las mismas. Fischer decía que el ajedrez rápido mataría al ajedrez, tal vez no al juego en sí, pero sin tiempo suficiente su alma milenaria terminará por apagarse.

Es un retrato de un pasado que tal vez no fuese mejor (técnicamente hoy sabemos que no fue así), pero que es parte de muchos de nosotros y algunos aún lo recordamos con agrado.

 

Después de ver el vídeo me quedé pensativo, aunque a día de hoy disponemos de infinidad de materiales, la madera sigue presente en nuestras vidas. Nos gustan los muebles de madera, los juguetes de madera nunca terminan de pasar de moda e incluso apreciamos apliques de madera en productos tecnológicos. Obviamente, nos siguen enamorando las piezas de madera.

En mi memoria se posó el recuerdo de la infancia, cuando mi padre me enseñó a jugar al ajedrez. Teníamos unas piezas de madera (aún las conservo guardadas desordenadamente en su caja original); no era el típico modelo Stauton que ahora domina el mercado y los torneos, sino uno de estilo francés parecido al que muestra la foto del comienzo. Tiene  la cabeza del rey negro un poco ladeada por defecto del torneado, como alguna de las piezas que pueden ver, y mantiene el mismo olor a madera del que disfrutaba entonces. Como vendría a tener unos cuatro años entonces, mi padre temía que extraviase alguna figura y únicamente lo sacaba los domingos por la mañana, cuando tenía tiempo (siempre el tiempo) de jugar un rato conmigo. Aquellas piezas que se me antojaban enormes, aunque en realidad eran de tamaño mediano tirando a pequeño, me fascinaban y siempre esperaba con ilusión que llegara el momento de poder tocarlas y moverlas sobre el tablero. Cuando crecí un poco, pasé muchas horas estudiando y disfrutando con ese juego.

Así que es posible que Donner esté en lo cierto y que todo comience con el amor por la madera.

Para ir más allá

Un recomendable podcast de contenido ajedrecístico es El Rincón del Ajedrez, en una reciente emisión le dedican una sección a la figura de Max Euwe.

Allí se menciona un vídeo del canal de YouTube de Leontxo García dedicado a una partida del match Aliojin-Euwe que ganó este último.

No es recomendable preparar una partida en la bañera

Tahl es un hombre maravilloso, difícil de encontrar. Tiene un gran corazón, está rebosante de ingenio y buen humor. Es modesto y grande.

Miguel Najdorf

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El torneo [Campeonato de Letonia] se decidió gracias a una circunstancia muy cómica. Antes del encuentro con Gipslis, yo estaba preparándome para un examen en la Universidad. Las materias que debía aprobar eran el idioma eslavo antiguo, el ruso antiguo, la dialectología y una serie de otras asignaturas. Estaba sentado en casa, rodeado de unos diez kilos de literatura especializada. De pronto llaman a la puerta y el cartero me entrega el último número del Shajmatn Bjuletien: “El destino me da la posibilidad de descansar un poco” —pienso. Me sumerjo en la bañera llena de agua caliente y me pongo a leer la revista. Inmediatamente tropiezo con un artículo de Nikolai Krogius sobre una variante de la Defensa Siciliana (en aquellos años yo jugaba gustosamente esta defensa, tanto con las blancas como con las negras). Leo: “En la actualidad, las negras con frecuencia la continuación e6-e5…” Y se ponían como ejemplo dos partidas; en una las negras vencían y en la otra hacían tablas.

“Estupendo —pienso—, empato rápidamente con Gipslis en esta variante y me dedico de nuevo a mi Filología…”

Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, en cinco minutos desarrollamos la variante mencionada en el artículo, pero cuando hice el movimiento “recomendado” e6-e5, se me pusieron los pelos de punta: “¿Y si las blancas mueven Ac4?” Gipslis no me dio tiempo a mortificarme demasiado, ya que rápidamente hizo la jugada que yo tanto temía.

La lucha prosiguió durante las cinco horas reglamentarias; mi posición era totalmente insalvable, y lo máximo que pude hacer fue aplazar la partida.

Por la mañana aprobé mi examen; más tarde, perdí la partida y nos pusimos a analizarla. Lo primero que Gipslis me preguntó fue:

—¿Tú no has recibido la revista, o qué?

—¿Cómo que no la he recibido?

Entonces extrajo de su cartera el Boletín, me mostró el movimiento e6-e5 y volvió la página. Allí leí: “Pero continuando, como respuesta al movimiento e6-e5, con Ac4, las blancas ponen a su rival ante problemas insuperables…”

Desde aquel día, nunca me preparo para un encuentro en una bañera caliente.

Tomado de Al ataque de M.l Tahl e Y.V. Damski.

Ajedrez

Aquellos que dicen que entienden el Ajedrez, no entienden nada.

Robert Hubner

ajedrez

Porque esta vida no es
-como probaros espero-,
mas que un difuso tablero
de complicados ajedrez.

Los cuadros blancos: los días
los cuadros negros: las noches…

Y ante el tablero, el destino
acciona allí con los hombres,
como con piezas que mueven
a su capricho sin orden…

Y uno tras otro al estuche
van. De la nada sin nombre.

Omar Jayam

Ajedrez (Jorge Luis Borges)

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I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

 

El poema en la voz de su autor:

 

 

Ilustración: La maravilla del Ajedrez.

Los árboles en ocasiones si dejan ve el bosque (y II)

¡Por eso amamos el ajedrez! Nos gusta el juego por sus ilimitadas posibilidades, por sus intrépidos arrebatos de imaginación, por el ancho campo que ofrece para la investigación y la inventiva. Esto es por lo que decimos que el ajedrez es un arte.

Aleksandr Kótov

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Escribía Luděk Pachman en el prólogo de uno se sus libros que el ser humano era una criatura tan curiosa que de cualquier cosa hacía una ciencia. El método científico parece que ha alcanzado el estatus de credo de una nueva religión que se aplica a todos los ámbitos de nuestra sociedad. No quiero decir que esto sea malo, simplemente que no es perfecto. El estado democrático tampoco es perfecto, pero hoy en día difícilmente podemos pensar objetivamente en algo mejor.

El Ajedrez no es una excepción a la regla y a él se refería Pachman en su comentario, quizás el papel principal de esta historia lo tenga Mijaíl Moiséyevich Botvínnik un ingeniero que se convirtió en patriarca del Ajedrez soviético. Más aún, desde que la informática empezó ser herramienta básica en el trabajo de los profesionales del ramo, cualquier aficionado de fuerza media puede realizar investigaciones interesantes. Un ordenador de bolsillo es capaz de almacenar millones de partidas y buscar posiciones en todas ellas, los motores de análisis permiten valorar las posiciones con mayor exactitud que los equipos de analistas que acompañaban a los campeones soviéticos.

De acuerdo con esto y volviendo al tema que nos ocupaba en la pasada entrada, ¿Es extraño que dos jugadores encuentren la misma solución a un problema? Pues no. Los jugadores repiten en sus partidas movimiento tras movimiento hasta llegar a una posición crítica en la que pretenden defender sus ideas. Esto es, claro está, una simplificación de este asunto, pero menos burda de lo que muchos podrían pensar. Es por ello que, la resolución del episodio al que nos referíamos en la entrada anterior, se tambalea por todos lados. A esas jugadas sorprendentes, por el hecho de que nadie relevante los ha visto ejecutar en un tablero, se les llama novedades y sus descubridores las guardan como un tesoro en espera de sacarlas a la luz en el momento oportuno. ¿Tan raro sería que dos jugadores guardaran el mismo tesoro?

Podemos aún darle otra vuelta de tuerca a este tema: los jugadores de élite (como se supone era el asesinado en la serie) contratan a colegas como entrenadores de cara a las competiciones importantes. Resulta evidente que las posibilidades de difusión de las ideas crecen.

Pero lo que realmente nos interesa de esta historia es saber qué ocurre llegado este punto, en el que no hay un apoyo bibliográfico que nos guíe. ¿Le sigue un análisis exhaustivo de todas las posibles variantes por parte de los contendientes? Pues probablemente no; en la mayoría de los casos el cerebro humano, incluido el de los privilegiados maestros del tablero, no da para tanto ni siquiera a nivel de análisis casero. No se detienen en aquello que, al menos aparentemente, no tiene sentido analizar (aunque la historia está llena de ocasiones en las que se ha descartado más de lo debido).

El jugador no emplea la fuerza bruta (que es como se conoce habitualmente al análisis exhaustivo) propia de los programas clásicos de ordenador, sino que, para ahorrar recursos y tiempo, tiene que realizar una valoración de la posición y concentrarse en las opciones relevantes. Es posible que analice a conciencia algunas líneas, construyendo algo parecido a los árboles de variantes que mostraba Aleksandr Kótov en sus escritos, las ramificaciones simbolizarían las distintas líneas que pueden seguirse de una determinada posición (básicamente es a lo que se refiere el personaje de la serie cuando dice: “mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito”). Pero tiene que descartar opciones pues la contienda se realiza también contra el tiempo. Recordemos aquí la frase del gran Mijaíl Tal: Hay dos tipos de sacrificios: los correctos y los míos.

Todos actuamos así, al menos si estamos en nuestro sano juicio. Nuestro cerebro aplica la ley del mínimo esfuerzo cuando tiene que tomar decisiones; normalmente se apoya en la experiencia previa o en ciertos principios que suelen funcionar la mayoría de las veces. Estos apoyos se denominan heurísticos, ya nos hemos referido a ellos y seguiremos haciéndolo en futuras entradas con más detalle.

Imagen: FCIT

Los árboles en ocasiones si dejan ver el bosque (I)

El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura.

Iván Turguénev

Arboles-Otono

Muchos de los que me conocen saben de mi afición al Ajedrez (con mayúsculas), algunos otros (los menos hasta hoy) también saben de mi gusto por la novela detectivesca. Pues he aquí que no hace mucho me encontré en televisión con un par de series que abordaban ambos temas. No voy a decir que me decepcionaran, pues hace mucho que espero poco de estas aleaciones y prefiero llevarme alegres sorpresas que tristes decepciones. No obstante, su visión me dio pie para abordar un tema que resultará fundamental en nuestro viaje. Me centraré –como ejemplo ilustrativo- en el episodio de la serie Los misterios de Laura, por ser el que tenía ocasión de repasar para asegurarme de lo que había visto y oído.

Para aquellos que hayan tenido la suerte de no seguir el capítulo (sobre todo si no son profanos en la materia), comentaré que gira en torno al asesinato de un jugador de ajedrez muy famoso cometido por un rival. Pido disculpas por si a alguno le fastidio el final, pero no me queda otra opción.

Reproduzco a continuación el razonamiento que lleva a descubrir al asesino (que todos saben quién es desde el principio, al estilo del teniente Colombo):

– ¿Cuantas probabilidades hay de que dos personas encuentren los mismos movimientos para una partida de ajedrez?

– Estadísticamente es imposible. Una partida de ajedrez es como una carretera, mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito.

– Entonces, ¿cómo es posible que la jugada con la que usted ganó el campeonato fuese la misma que Julián escribió antes de morir?

Por motivos de espacio y de que es el que más interesante nos resulta, me limitaré a interpretar este razonamiento y dejaré otras decepciones en el desván.

Para empezar, la comparación con la carretera tiene se gracia. Es cierto que cada jugada que realizamos nos lleva a situaciones distintas, aunque tengo que puntualizar que esto no siempre es cierto, ya que en Ajedrez existe la posibilidad de llegar a posiciones idénticas partiendo de distintos órdenes de movimientos. A esto se le denomina transposiciones.

Por otra parte, y esto quizás sea lo más importante, es muy difícil que dos personas encuentren los mismos movimientos… si no se trata de jugadores de cierta fuerza. Y, desgraciadamente, este no era el caso que se planteaba. Me temo que la prueba irrefutable del crimen no hay por dónde agarrarla.

El objetivo que perseguimos es esbozar cómo razonan los jugadores de Ajedrez, pues realmente se diferencia poco de cómo lo hacemos los demás en otras situaciones. El hecho que los guionistas no se esmeren en sus argumentos resulta aquí meramente anecdótico… aunque triste.

Puesto que ya nos hemos alargado bastante, seguiremos otro día con este tema.

Imagen: Frogger en el Mundo.

Ajedrez y literatura: el arte de leer a un rival – Matías Serra Bradford

Casualmente me he encontrado (septiembre de 2009) con este texto. No lo transcribo, porque pienso que es mejor leerlo en su punto de origen y quizás esto provoque nuevos descubrimientos. Muy recomendable para todos los que alguna vez hemos soñado sobre un tablero.

Ilustración: La muerte y el caballero. Tomado de Cuadernos de música y literatura.

Un brahmán con un tablero

Esta entrada narra la leyenda del joven Lahur Sissa, un pobre y modesto brahmán que vivió hace muchos siglos en la provincia de Taligana, al norte de la India. Muchas veces me he encontrado con este relato, incluso a formado parte de algún escrito propio; tal vez su omnipresencia se deba a que siempre se pueden sacar enseñanzas de las buenas historias y ésta servirá de introducción a lo que vendrá más tarde. La que presento es la versión más detallada que conozco.

Por aquel entonces gobernaba en aquellas lejanas tierras el magnánimo rey Iadava. Llegó el día en que las huestes del aventurero Varangul invadieron el reino, desatándose una cruenta guerra. Iadava, que era excelente estratega, derrotó a sus enemigos en los campos de Dacsina, batalla en la que falleció en combate su hijo, el príncipe Adjamir.

Este incidente abatió profundamente al monarca que se recluyó en palacio, reproduciendo en una gran caja de arena las alternativas del combate en que perdió a su único heredero. Los sacerdotes elevaban sus plegarias y de todas partes llegaban obsequios y diversiones para tratar de sacar al rey de su aflicción, mas todo esfuerzo resultaba baldío.

Pasó el tiempo y, un buen día, un inesperado visitante llegó a palacio solicitando audiencia con el rey. Al preguntarle sobre el motivo de su petición, el joven se identificó como Lahur Sissa, que había viajado durante treinta días desde la aldea de Namir, para entregarle a su majestad un modesto presente que lo sacaría de su tristeza, le brindaría distracción y abriría en su corazón grandes alegrías.

Iadava, al enterarse de las intenciones del desconocido, ordenó que lo hicieran pasar. Sissa presentó al monarca un gran tablero dividido en 64 casillas y sobre este colocó dos colecciones de diferentes piezas. Le enseñó pacientemente al rey, a los ministros y a los cortesanos la índole del juego y las reglas fundamentales:

Cada uno de los jugadores dispone de ocho piezas pequeñitas, llamadas peones. Representan la infantería que avanza sobre el enemigo para dispersarlo. Secundando la acción de los peones vienen los elefantes de guerra (las torres), representados por piezas mayores y más poderosas; la caballería, indispensable en el combate, aparece igualmente en el juego, simbolizada por dos piezas que pueden saltar como dos corceles sobre las otras, y para intensificar el ataque se incluyen -representando a los guerreros nobles y de prestigio-los dos visires (alfiles) del rey. Otra pieza dotada de amplios movimientos, más eficiente y poderosa que las demás, representará el espíritu patriótico del pueblo y será llamada la reina. Completa la colección una pieza que aislada poco vale, pero que amparada por las otras se torna muy fuerte: es el rey.

En pocas horas el soberano comenzó a jugar fascinado por el nuevo pasatiempo, consiguiendo derrotar a varios miembros de su corte en partidas que se desenvolvían impecablemente sobre el tablero.

En determinado momento el rey hizo notar, con gran sorpresa, que la posición de las piezas, por las combinaciones resultantes de diversos lances, parecía reproducir exactamente la batalla de Dacsina. Intervino entonces Sissa para decirle:

 – Piensa que para el triunfo es imprescindible que sacrifiques a este visir , pero te has empeñado inútilmente, en defenderlo y conservarlo.

Con esta aguda observación el monarca comprendió que en ciertas circunstancia, la muerte de un príncipe es una fatalidad que puede conducir a la libertad y la paz de un pueblo.

 – Quiero recompensarte por este magnífico obsequio -dijo el rey-.

 – Mi mayor premio es haber recobrado la felicidad de vuestra majestad -respondió Sissa-

 – Me asombra tu humildad y el desprecio por las cosas materiales, pero exijo que selecciones, sin demora, una retribución digna de tan valioso regalo. ¿Quieres una bolsa llena de oro?, ¿Deseas un arca llena de joyas?, ¿Poseer un Palacio?, ¿Aspiras a la administración de una provincia? Aguardo tu respuesta, ya que mi palabra está ligada a una promesa.

 – Aprecio vuestra generosidad, majestad, y como obediente súbdito me veo en la obligación de escoger; pero no deseo joyas, ni tierras, ni palacios. Deseo que me recompenses con granos de trigo, los cuales deberán ser colocados en el tablero, de la siguiente forma: un grano por la primera casilla, dos para la segunda, cuatro para la tercera, ocho para la cuarta y así duplicando sucesivamente hasta la última casilla.

Iadava, al oír el extraño e ínfimo pedido del joven, lanzó una sonora carcajada y, tras burlarse de su modestia, ordenó que se le diera lo que había solicitado. Al cabo de algunas horas los algebristas más hábiles del reino le informaron al soberano que se necesitarían: 18.446.744.073.709.551.615 granos de trigo.

Concluyeron los algebristas y geómetras más sabios, que la cantidad de trigo que debe entregarse a Lahur Sissa equivalía a una montaña que teniendo como base la ciudad de Taligana, fuese 100 veces más alta que las cimas del Himalaya. La India entera, sembrados todos sus campos y destruidas todas sus ciudades, no bastaría para producir durante un siglo la cantidad de granos calculada.

El monarca y su corte quedaron estupefactos ante los cálculos estimados. Por primera vez, el soberano de Taligana se veía en la imposibilidad de cumplir una promesa. Acto seguido, Sissa renunció públicamente a su pedido y llamó la atención del monarca con estas palabras:

 – Los hombres más precavidos eluden, no sólo la apariencia engañosa de los números, sino también la falsa modestia de los ambiciosos (…). Infeliz de aquel que toma sobre sus hombros los compromisos de honor por una deuda cuya magnitud no puede valorar por sus propios medios. Más previsor es el que mucho pondera y poco promete.

Estas inesperadas y sabias palabras quedaron profundamente grabadas en el espíritu del rey. Olvidando la montaña de trigo que, sin querer, prometiera al joven brahmán, lo nombró su primer ministro. Cuenta la leyenda que Sissa orientó a su rey con sabios y prudentes consejos y, distrayéndolo con ingeniosas partidas de ajedrez, prestó los más grandes servicios a su pueblo.

 

Texto adaptado de: http://www.sectormatematica.cl/ajedrez/leyenda.htm

Imagen: Brahman Priest. John D. Quackenbos, 1882. Illustrated History of Ancient Literature, Oriental and Classical. (http://etc.usf.edu/clipart/)