Tal vez todo comience con el amor por la madera

Para mí, el ajedrez es vida y cada partida es como una nueva vida. Cada jugador de ajedrez consigue vivir muchas vidas en una vida.

Eduard Gufeld

piezas

Acababa de ver un vídeo del disco de Katie Melua al que dedicaba otra entrada, cuando YouTube me recomendó otro (ya saben que Google nos conoce mejor de lo que nosotros querríamos) titulado El amor por la madera. Como añadía que se trataba de un documental de ajedrez me llamó la atención y, además, me di cuenta de que en la imagen aparecía Jan Timman (si me hubiese percatado entonces de que el otro personaje era Ulf Andersson, uno de mis jugadores favoritos de todos los tiempos, el efecto hubiera sido aún mayor).

El título del vídeo, que entonces que resultó enigmático, proviene de un pensamiento de Jan Donner:

Creo que todo comienza con el amor por la madera, cuando esas piezas brillantes están de pie delante de usted es difícil no tocarlas. Pero usted no puede tocarlas, porque en ajedrez la regla es: tocar es mover.

Estoy seguro de que todo aficionado al ajedrez disfrutará del documental. Además de los mencionados también aparecen Hans Ree, el maestro de ajedrez por correspondencia Kor Mulder van Leens Dijkstra y Max Euwe (por aquel entonces acababa de dejar la presidencia de la FIDE), una figura singular en esta mezcla de juego arte y ciencia del que merece la pena conocer más, incluso para aquellos a los que el ajedrez no les atraiga demasiado (pueden encontrar más información al final de la entrada).

Es un fresco que plasma una época que ya pasó, en la que los análisis de las posiciones se hacían únicamente con la cabeza y en ellos tal vez pesaban más el arte y la labor artesanal (por casa anda un libro de Timman titulado precisamente El arte del análisis); no existían motores que nos descubrieran jugadas impensables o cambiaran repentinamente nuestra valoración de la posición, todo se apuntaba religiosamente a mano en cuadernos o en fichas, las partidas se aplazaban y se disponía de más tiempo para pensar durante las mismas. Fischer decía que el ajedrez rápido mataría al ajedrez, tal vez no al juego en sí, pero sin tiempo suficiente su alma milenaria terminará por apagarse.

Es un retrato de un pasado que tal vez no fuese mejor (técnicamente hoy sabemos que no fue así), pero que es parte de muchos de nosotros y algunos aún lo recordamos con agrado.

 

Después de ver el vídeo me quedé pensativo, aunque a día de hoy disponemos de infinidad de materiales, la madera sigue presente en nuestras vidas. Nos gustan los muebles de madera, los juguetes de madera nunca terminan de pasar de moda e incluso apreciamos apliques de madera en productos tecnológicos. Obviamente, nos siguen enamorando las piezas de madera.

En mi memoria se posó el recuerdo de la infancia, cuando mi padre me enseñó a jugar al ajedrez. Teníamos unas piezas de madera (aún las conservo guardadas desordenadamente en su caja original); no era el típico modelo Stauton que ahora domina el mercado y los torneos, sino uno de estilo francés parecido al que muestra la foto del comienzo. Tiene  la cabeza del rey negro un poco ladeada por defecto del torneado, como alguna de las piezas que pueden ver, y mantiene el mismo olor a madera del que disfrutaba entonces. Como vendría a tener unos cuatro años entonces, mi padre temía que extraviase alguna figura y únicamente lo sacaba los domingos por la mañana, cuando tenía tiempo (siempre el tiempo) de jugar un rato conmigo. Aquellas piezas que se me antojaban enormes, aunque en realidad eran de tamaño mediano tirando a pequeño, me fascinaban y siempre esperaba con ilusión que llegara el momento de poder tocarlas y moverlas sobre el tablero. Cuando crecí un poco, pasé muchas horas estudiando y disfrutando con ese juego.

Así que es posible que Donner esté en lo cierto y que todo comience con el amor por la madera.

Para ir más allá

Un recomendable podcast de contenido ajedrecístico es El Rincón del Ajedrez, en una reciente emisión le dedican una sección a la figura de Max Euwe.

Allí se menciona un vídeo del canal de YouTube de Leontxo García dedicado a una partida del match Aliojin-Euwe que ganó este último.

No es recomendable preparar una partida en la bañera

Tahl es un hombre maravilloso, difícil de encontrar. Tiene un gran corazón, está rebosante de ingenio y buen humor. Es modesto y grande.

Miguel Najdorf

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El torneo [Campeonato de Letonia] se decidió gracias a una circunstancia muy cómica. Antes del encuentro con Gipslis, yo estaba preparándome para un examen en la Universidad. Las materias que debía aprobar eran el idioma eslavo antiguo, el ruso antiguo, la dialectología y una serie de otras asignaturas. Estaba sentado en casa, rodeado de unos diez kilos de literatura especializada. De pronto llaman a la puerta y el cartero me entrega el último número del Shajmatn Bjuletien: “El destino me da la posibilidad de descansar un poco” —pienso. Me sumerjo en la bañera llena de agua caliente y me pongo a leer la revista. Inmediatamente tropiezo con un artículo de Nikolai Krogius sobre una variante de la Defensa Siciliana (en aquellos años yo jugaba gustosamente esta defensa, tanto con las blancas como con las negras). Leo: “En la actualidad, las negras con frecuencia la continuación e6-e5…” Y se ponían como ejemplo dos partidas; en una las negras vencían y en la otra hacían tablas.

“Estupendo —pienso—, empato rápidamente con Gipslis en esta variante y me dedico de nuevo a mi Filología…”

Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, en cinco minutos desarrollamos la variante mencionada en el artículo, pero cuando hice el movimiento “recomendado” e6-e5, se me pusieron los pelos de punta: “¿Y si las blancas mueven Ac4?” Gipslis no me dio tiempo a mortificarme demasiado, ya que rápidamente hizo la jugada que yo tanto temía.

La lucha prosiguió durante las cinco horas reglamentarias; mi posición era totalmente insalvable, y lo máximo que pude hacer fue aplazar la partida.

Por la mañana aprobé mi examen; más tarde, perdí la partida y nos pusimos a analizarla. Lo primero que Gipslis me preguntó fue:

—¿Tú no has recibido la revista, o qué?

—¿Cómo que no la he recibido?

Entonces extrajo de su cartera el Boletín, me mostró el movimiento e6-e5 y volvió la página. Allí leí: “Pero continuando, como respuesta al movimiento e6-e5, con Ac4, las blancas ponen a su rival ante problemas insuperables…”

Desde aquel día, nunca me preparo para un encuentro en una bañera caliente.

Tomado de Al ataque de M.l Tahl e Y.V. Damski.

Ajedrez

Aquellos que dicen que entienden el Ajedrez, no entienden nada.

Robert Hubner

ajedrez

Porque esta vida no es
-como probaros espero-,
mas que un difuso tablero
de complicados ajedrez.

Los cuadros blancos: los días
los cuadros negros: las noches…

Y ante el tablero, el destino
acciona allí con los hombres,
como con piezas que mueven
a su capricho sin orden…

Y uno tras otro al estuche
van. De la nada sin nombre.

Omar Jayam

Ajedrez (Jorge Luis Borges)

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I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

 

El poema en la voz de su autor:

 

 

Ilustración: La maravilla del Ajedrez.

Los árboles en ocasiones si dejan ve el bosque (y II)

¡Por eso amamos el ajedrez! Nos gusta el juego por sus ilimitadas posibilidades, por sus intrépidos arrebatos de imaginación, por el ancho campo que ofrece para la investigación y la inventiva. Esto es por lo que decimos que el ajedrez es un arte.

Aleksandr Kótov

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Escribía Luděk Pachman en el prólogo de uno se sus libros que el ser humano era una criatura tan curiosa que de cualquier cosa hacía una ciencia. El método científico parece que ha alcanzado el estatus de credo de una nueva religión que se aplica a todos los ámbitos de nuestra sociedad. No quiero decir que esto sea malo, simplemente que no es perfecto. El estado democrático tampoco es perfecto, pero hoy en día difícilmente podemos pensar objetivamente en algo mejor.

El Ajedrez no es una excepción a la regla y a él se refería Pachman en su comentario, quizás el papel principal de esta historia lo tenga Mijaíl Moiséyevich Botvínnik un ingeniero que se convirtió en patriarca del Ajedrez soviético. Más aún, desde que la informática empezó ser herramienta básica en el trabajo de los profesionales del ramo, cualquier aficionado de fuerza media puede realizar investigaciones interesantes. Un ordenador de bolsillo es capaz de almacenar millones de partidas y buscar posiciones en todas ellas, los motores de análisis permiten valorar las posiciones con mayor exactitud que los equipos de analistas que acompañaban a los campeones soviéticos.

De acuerdo con esto y volviendo al tema que nos ocupaba en la pasada entrada, ¿Es extraño que dos jugadores encuentren la misma solución a un problema? Pues no. Los jugadores repiten en sus partidas movimiento tras movimiento hasta llegar a una posición crítica en la que pretenden defender sus ideas. Esto es, claro está, una simplificación de este asunto, pero menos burda de lo que muchos podrían pensar. Es por ello que, la resolución del episodio al que nos referíamos en la entrada anterior, se tambalea por todos lados. A esas jugadas sorprendentes, por el hecho de que nadie relevante los ha visto ejecutar en un tablero, se les llama novedades y sus descubridores las guardan como un tesoro en espera de sacarlas a la luz en el momento oportuno. ¿Tan raro sería que dos jugadores guardaran el mismo tesoro?

Podemos aún darle otra vuelta de tuerca a este tema: los jugadores de élite (como se supone era el asesinado en la serie) contratan a colegas como entrenadores de cara a las competiciones importantes. Resulta evidente que las posibilidades de difusión de las ideas crecen.

Pero lo que realmente nos interesa de esta historia es saber qué ocurre llegado este punto, en el que no hay un apoyo bibliográfico que nos guíe. ¿Le sigue un análisis exhaustivo de todas las posibles variantes por parte de los contendientes? Pues probablemente no; en la mayoría de los casos el cerebro humano, incluido el de los privilegiados maestros del tablero, no da para tanto ni siquiera a nivel de análisis casero. No se detienen en aquello que, al menos aparentemente, no tiene sentido analizar (aunque la historia está llena de ocasiones en las que se ha descartado más de lo debido).

El jugador no emplea la fuerza bruta (que es como se conoce habitualmente al análisis exhaustivo) propia de los programas clásicos de ordenador, sino que, para ahorrar recursos y tiempo, tiene que realizar una valoración de la posición y concentrarse en las opciones relevantes. Es posible que analice a conciencia algunas líneas, construyendo algo parecido a los árboles de variantes que mostraba Aleksandr Kótov en sus escritos, las ramificaciones simbolizarían las distintas líneas que pueden seguirse de una determinada posición (básicamente es a lo que se refiere el personaje de la serie cuando dice: “mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito”). Pero tiene que descartar opciones pues la contienda se realiza también contra el tiempo. Recordemos aquí la frase del gran Mijaíl Tal: Hay dos tipos de sacrificios: los correctos y los míos.

Todos actuamos así, al menos si estamos en nuestro sano juicio. Nuestro cerebro aplica la ley del mínimo esfuerzo cuando tiene que tomar decisiones; normalmente se apoya en la experiencia previa o en ciertos principios que suelen funcionar la mayoría de las veces. Estos apoyos se denominan heurísticos, ya nos hemos referido a ellos y seguiremos haciéndolo en futuras entradas con más detalle.

Imagen: FCIT

Los árboles en ocasiones si dejan ver el bosque (I)

El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura.

Iván Turguénev

Arboles-Otono

Muchos de los que me conocen saben de mi afición al Ajedrez (con mayúsculas), algunos otros (los menos hasta hoy) también saben de mi gusto por la novela detectivesca. Pues he aquí que no hace mucho me encontré en televisión con un par de series que abordaban ambos temas. No voy a decir que me decepcionaran, pues hace mucho que espero poco de estas aleaciones y prefiero llevarme alegres sorpresas que tristes decepciones. No obstante, su visión me dio pie para abordar un tema que resultará fundamental en nuestro viaje. Me centraré –como ejemplo ilustrativo- en el episodio de la serie Los misterios de Laura, por ser el que tenía ocasión de repasar para asegurarme de lo que había visto y oído.

Para aquellos que hayan tenido la suerte de no seguir el capítulo (sobre todo si no son profanos en la materia), comentaré que gira en torno al asesinato de un jugador de ajedrez muy famoso cometido por un rival. Pido disculpas por si a alguno le fastidio el final, pero no me queda otra opción.

Reproduzco a continuación el razonamiento que lleva a descubrir al asesino (que todos saben quién es desde el principio, al estilo del teniente Colombo):

– ¿Cuantas probabilidades hay de que dos personas encuentren los mismos movimientos para una partida de ajedrez?

– Estadísticamente es imposible. Una partida de ajedrez es como una carretera, mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito.

– Entonces, ¿cómo es posible que la jugada con la que usted ganó el campeonato fuese la misma que Julián escribió antes de morir?

Por motivos de espacio y de que es el que más interesante nos resulta, me limitaré a interpretar este razonamiento y dejaré otras decepciones en el desván.

Para empezar, la comparación con la carretera tiene se gracia. Es cierto que cada jugada que realizamos nos lleva a situaciones distintas, aunque tengo que puntualizar que esto no siempre es cierto, ya que en Ajedrez existe la posibilidad de llegar a posiciones idénticas partiendo de distintos órdenes de movimientos. A esto se le denomina transposiciones.

Por otra parte, y esto quizás sea lo más importante, es muy difícil que dos personas encuentren los mismos movimientos… si no se trata de jugadores de cierta fuerza. Y, desgraciadamente, este no era el caso que se planteaba. Me temo que la prueba irrefutable del crimen no hay por dónde agarrarla.

El objetivo que perseguimos es esbozar cómo razonan los jugadores de Ajedrez, pues realmente se diferencia poco de cómo lo hacemos los demás en otras situaciones. El hecho que los guionistas no se esmeren en sus argumentos resulta aquí meramente anecdótico… aunque triste.

Puesto que ya nos hemos alargado bastante, seguiremos otro día con este tema.

Imagen: Frogger en el Mundo.