Lo que nunca sabré decirte

Hoy quisiera decirte algo,
no sé, ¡me he equivocado tantas veces!,
algo que te lloviese
por dentro, algo como
un aluvión de soledad,
una borrasca de silencio.

Rafael Guillén, poeta nacido en el treinta y tres como mi madre, ha publicado el que dice será su último libro, ese debe ser el motivo de que lo haya titulado Últimos poemas aunque, hace unos días, en una deliciosa entrevista salpicada de las anécdotas de una vida entre versos que publicaba IDEAL de Granada, confesaba que no dejará de escribir “lo que pueda” .Hace ya tiempo, un amigo me decía: lo vi hace poco. ya está mayor. En la entrevista comenta que ya no le importa el futuro, que “yo me apeo en la próxima”.

Me es difícil escoger un poema de este libro. Está lleno de esos versos que, como toda la buena poesía (creo que me repito), dicen lo que yo nunca seré capaz de expresar pero que me resulta extraordinaria e inquietantemente familiar. Precisamente, los que inician esta entrada hacen lo propio en el libro, en el comienzo de una maravilla titulada Pórtico. Es por ello que no descarto que este poemario vuelva a surcar algún día las aguas de este blog. Hoy me voy a detener en un poema titulado Una tristeza húmeda.

Una tristeza húmeda,
a punto ya de desbordarse,
te inundaba los ojos. Todavía
no eran lágrimas. Venía
orillando reproches, unos pasos
por delante de sollozos. Se acercaba
desde detrás de ti. Y velaba
con una acuosa lámina al clamor
de tu mirada.

Cabalgando
desde los más remotos bosques,
de las regiones donde, solitaria, habitas,
me llegaba, no un viento, sino ese
leve temblor de las más altas ramas
anunciando la lluvia.
Era
como cuando te traigo
por la cintura y tu me miras
preguntando. Era como el parpadeo
apenas perceptible de la luz
cuando un objeto se interpone y pasa.
No era la ola, no sino el redondo hueco
de la ola al romper.

Te amé en ese momento en que la otra
que eras entonces tú intentaba
salvarte, sostenerte.