¿Nos puede enseñar la filosofía a ser felices?

Emilio_Lledó

Yo me doy cuenta, efectivamente, de que no vivimos ni vestimos como los griegos, pero a pesar de todo seguimos leyéndolos. ¿Qué quiere decir eso? Que todavía podemos dialogar con sus palabras, lo cual significa que estas no han envejecido, aunque ya no llevemos clámides ni coturnos. Ellos descubrieron una serie de palabras que constituyen lo que, con más o menos razón, llamamos cultura occidental. Y una de las palabras centrales de esa cultura griega era la palabra felicidad, eudaimonía, que significa algo así como tener un “buen diosecillo” o alguien supremo que te ha mirado con benevolencia y te ha hecho que tengas más ánforas que otro, y más vestidos y esclavos. Es decir, ser feliz era tener. Esto es, si tenías más bienes materiales eso te ayudaba a vivir. Pero hay un momento en la cultura griega en que ya no se trataba de tener, sino de ser. Algo más sutil, más interior, más personal. Y ese cambio significó un giro decisivo en la idea de libertad y de felicidad. Eras feliz si no te avergonzabas de ti mismo, si te sentías digno de ti mismo. Y eso tiene que seguir manteniéndose. Yo creo que la codicia es una de las muchas enfermedades que padece el hombre lobo, el hombre que cree que la vida es una lucha. ¡Naturalmente que es una lucha y una tensión!, pero siempre he defendido (y creo no equivocarme, aunque si alguien me demuestra lo contrario, lo aceptaría) que es más importante en la vida humana el afecto, el espacio amoroso, el espacio de la filía y de la cordialidad que el de la violencia y el odio. El odio no crea más que odio y, además, produce la muerte, no solo individual o mental, sino la muerte de la sociedad en la que el odio sea el elemento enhebrador.

Emilio Lledó

Fotografía: «Emilio Lledó» de TOMAS RUIZ. Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY 3.0 vía Wikimedia Commons

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Un pensamiento en “¿Nos puede enseñar la filosofía a ser felices?

  1. Bueno contestaría a mi paisano que si en sentido figurado y que no en sentido literal, ésto es, que la felicidad está dentro de nosotros mismos, nadie nos puede dar ni quitar. Y que ello consiste en adecuar los conocimientos que tenemos, ( de cualquier clase ), a nuestra propia individualidad.
    Es mi opinión.
    Y un aplauso por la entrada con la pregunta tan vieja como la humanidad.
    Me encantan estas disquisiciones. Como bien sabe quien dirige el blog.

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