Donde sonó una risa, en el recinto…

Rafael Guillén

Donde sonó una risa, en el recinto
del aire, en los pasillos transparentes
del aire donde, un día
sonó una risa azul, tal vez dorada,
queda por siempre un hueco, un lienzo triste,
un muro acribillado, un arco roto,
algo como el desgaire de una mano
cansada, como un trozo
de madera podrida en una playa.

Donde saltó la vida y luego nada
echó a rodar, y luego nada, queda
una cama deshecha,
un cuarto clausurado, un portón viejo
en el vacío, algo
como un andén cubierto por la arena;
queda por siempre el hueco
que deja un estampido por el bosque.

De bruces, husmeando, rastreando
unas huellas, tirando
del hilo de un perfume,
penetra el corazón por galerías
que un latido de sangre subterránea
horadó alguna vez y allí quedaron.
Y que allí permanecen con su húmeda
oscuridad de tigres en acecho.
Penetra el corazón a tientas, llama
y su misma llamada lo sepulta.

Donde sonó una risa, una vidriera,
una delgada lámina de espacio
estalló lentamente. Y no es posible
poner de nuevo en orden tanta ruina.

Un nuevo aliento merodea. Llegan
otros sonidos hasta el borde y piden
su momento para existir. Afluyen
nuevas formas de vida
que al final toman cuerpo y se acomodan.
Pero el tiempo ya es otro y el espacio
ya es otro y no es posible
revivir lo que el tiempo desordena.

En la cresta del agua o de la espuma
donde una risa naufragó, ya nada
podrá buscar, hundirse, hallar los restos,
nadie podrá decir: éste es el sitio.
El mar no tiene sitios y sus cimas
son instantes de brillo y se disuelven.
Pero quedan los huecos, queda el tiempo.
El tiempo es un conjunto
de irrellenables huecos sucesivos.
Donde sonó una risa queda un hueco,
un coágulo de nada, una lejana
polvareda que fue,
que ya no está, pero que sigue hablando,
diciendo al alma que, en alguna parte
algo cruzó al galope y se ha perdido.

Rafael Guillén

5 pensamientos en “Donde sonó una risa, en el recinto…

  1. Mientras me quede voz,
    hablaré de los muertos,
    tan quietos, tan callados,
    tan molestos.
    Mientras me quede voz
    hablaré de sus sueños
    de todas la traiciones
    de todos los silencios,
    de sus huesos sin nombre,
    esperando el regreso,
    de su entrega absoluta
    de su dolor de invierno.
    Mientras me quede voz
    no han de callar mis muertos.
    Marisa Peña ( 1969 n. )

    No había leido nada de este poeta, tal vez escondido para mi o por mi.
    Cuando lo leía, recordaba, este otro poema que oí hace unos días. El cerebro es muy suyo…..Y en honor a Oscar Wilde, no he resistido la tentación……
    Y aquí va.
    Y Ciceron opinaba: ” La vida de los muertos está en la memoria de los vivos.
    Puede entenderse, desde mi punto de vista, en sentido literal y figurado.

    • Pues estamos empatados. Yo no sabía de la existencia de Marisa Peña. He leído esta tarde algunos versos suyos y me gustan. seguiremos buscando. Muchas gracias Ana.

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