La curiosidad inquieta de Montaigne, André Gide

En cuanto a perseguir como fin la gloria, según nos proponen Cicerón y Plinio, mi designio está bien lejos de ello. La disposición de ánimo que más se aparta del retiro, es precisamente la ambición; gloria y reposo son dos cosas que no pueden cobijarse bajo el mismo techo a mi dictamen, aquellos no tienen sino los brazos y las piernas fuera de la sociedad, su espíritu y su alma permanecen más que nunca amarrados al mundo.

Montaigne, De la soledad.

Calle del Orco

Montaigne Viaje a Italia

Siempre estamos en deuda con Montaigne; como habla de todo sin orden ni método, cada cual puede sacar de los Ensayos lo que le plazca, que a menudo es lo que otro ha despreciado. No hay autor que sea más fácil de apropiar, sin que precisamente pueda ser uno acusado de traicionarlo, porque da ejemplo y sin cesar se contradice y traiciona él mismo. “En verdad, y no temo confesarlo, en caso de necesidad llevaría fácilmente un cirio a san Miguel, otro a su serpiente” (Libro III, I). Algo que, a buen seguro, puede gustar más a la serpiente que a san Miguel. Además Montaigne no es muy querido de los hombres de partido, a quién él tampoco quería mucho. Esto explica que no gozara de gran favor, tras su muerte, al menos en una Francia ásperamente dividida por los partidos. De 1595 (recordemos que murió en 1592) a 1635…

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