El valor de pensar

El punto de partida no es la objetividad, sino la creencia apasionada en algo que puede que no exista, pero que merece la pena buscar.

Gerald Holton

Holton

Seguimos hoy con esta serie de entradas que tienen a Einstein como protagonista y también como excusa. El fragmento que sigue pertenece al libro Einstein, historia y otras pasiones de Gerald Holton, que es uno de los mayores expertos en su obra, hasta el punto que los herederos de Einstein lo eligieron para que organizara su archivo tras sus muerte.

Después de repasar de nuevo este libro, pensé que era mejor volver primero a la fuente original andando así el camino desde el principio. El tiempo dirá a dónde somos capaces de llegar.

 

Es ciertamente curioso que una autobiografía no comience diciendo dónde y cuándo uno nació, los nombres de los padres y detalles personales similares, sino que lo haga centrándose más bien en una cuestión que Einstein formula de forma simple: “¿Qué es en realidad pensar?”. Einstein explica por qué tiene que empezar su “necrológica” de este modo: “Pues lo esencial en un hombre como yo está precisamente en lo que piensa y cómo lo piensa, no en lo que hace o padece”.

Desde este punto de vista, pensar no es una alegría o una tarea añadida a la existencia diaria. Es la misma esencia del ser de una persona, y la herramienta con la que pueden ser dominadas las penas transitorias, las formas primitivas de sentimiento y lo que él llama las otras partes de la existencia “meramente personales”.Pues es a través de tal idea como uno puede elevarse hasta el nivel en donde puede pensar acerca de “enigmas grandes y eternos”. Es una “liberación” que puede dar libertad y seguridad interior. Cuando la mente capta la parte “extra-personal” del mundo –esa que no está ligada a los deseos y humores cambiantes- gana un conocimiento que todos los hombres y mujeres pueden compartir independientemente de sus condiciones, hábitos y otras diferencias individuales.

Ésta es, por supuesto, precisamente la razón de que las leyes de la naturaleza, hacia las que pueden dirigirse estos pensamientos, sean tan poderosas: su aplicabilidad puede ser demostrada en principio por cualquiera, en cualquier lugar y en cualquier instante. Las leyes de la naturaleza son totalmente compartibles. En la medida que las conclusiones son correctas, las leyes descubiertas por un científico son igualmente válidas para diferentes pensadores, o invariantes con respecto a las situaciones personales individuales.El interés de Einstein en esta materia parece guardar relación con su trabajo en la física de la relatividad: la esencia de la teoría de la relatividad está precisamente en que proporciona una herramienta para expresar las leyes de la naturaleza de tal modo que sean invariantes con respecto a observadores que se mueven de forma diferente.

Como muestran sus Notas autobiográficas, Einstein era también consciente de que la vida no puede ser todo pensamiento, que incluso la alegría de pensar puede ser llevada a un punto en donde vaya “en detrimento de otras facetas” de la propia personalidad. Pero el peligro al que se enfrentan las personas ordinarias no es el que vayan a abandonar sus lazos personales muy necesarios, sino que la sociedad que les rodea no les diga lo suficientemente a menudo lo que Einstein sugiere aquí a su amplia audiencia: que el objetivo del pensamiento es algo más que resolver problemas y enigmas. Es, en su lugar, y más importante, la herramienta necesaria para que se materialice el talento intelectual personal, de modo que “poco a poco el interés principal se libera… de lo momentáneo y meramente personal”. Aquí Einstein está diciendo: ten el valor de tomar en serio tus propios pensamientos, pues ellos te van a conformar. Y, de modo significativo, Einstein pretendía que su análisis global se aplicase al pensamiento sobre cualquier tema, y no sólo sobre cuestiones científicas.

 

Einstein, historia y otras pasiones es un manifiesto en defensa de ciencia, de la manera de ver y entender el mundo a través de ella. Me resulta curioso que a estas alturas aún haya que hacerlo, pero quizás sea sano. No debemos ver la ciencia como una religión en la que hay que creer a pies juntillas, precisamente en su esencia está hacer justo lo contrario. La ciencia debe ser modesta.

Esta entrada encaja también con la serie de fragmentos que muestran mi forma de entender la ciencia y de vivirla, ya dije en otro momento que probablemente sea así porque me he cruzado con libros como éste. No obstante, la obra de Holton que más me influyó fue otra que llegó mucho antes que ésta y que ya veremos cómo y cuándo consigo colocarla por aquí. En realidad, todo lo que va apareciendo últimamente está relacionado. Ya saben, un libro llama a otro libro…

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