Viaje nunca hecho

 

Libro del desasosiego

 

Fue por culpa de un crepúsculo de vago otoño por lo que partí para ese viaje que nunca hice.

El cielo -imposiblemente me acuerdo- era de un resto cárdeno de oro triste, y la línea agónica de los montes, clara, tenía una aureola cuyos tonos de /muerte/ le penetraban, suavizadores, en la /astucia/ de su contorno. Desde la otra amurada del barco (hacía más frío y era más de noche sobre ese lado del toldo) el océano temblaba hasta donde el horizonte este se entristecía, y donde, poniendo penumbras de noche en la línea líquida y oscura del mar extremo, un hálito de tiniebla flotaba como una niebla en un día de calor.

El mar, me acuerdo, tenía tonalidades de sombra, de mezcla con fugas onduladas de vaga luz -y era todo misterioso como una idea triste en un momento de alegría, profético no sé de qué.

Yo no partí de un puerto conocido. Ni sé hoy qué puerto era, porque todavía no he estado allí. Tampoco, igualmente, el propósito ritual de mi viaje era ir en demanda de puertos inexistentes -puertos que fuesen tan sólo el entrar-hacia-puertos; ensenadas olvidadas de ríos, estrechos entre ciudades irreprensiblemente irreales. Pensáis, sin duda, al leerme, que mis palabras son absurdas. Es que nunca habéis viajado como yo.

¿Partí yo? Yo no os juraría que partí. Me encontré en otras partes, en otros puertos, pasé por ciudades que no eran aquélla, aunque ni aquélla ni ésas fueran ciudades ningunas. Juraros que fui yo quien partió y no el paisaje, que fui yo quien visitó otras tierras y no ellas las que me visitaron -no puedo hacéroslo. Yo que, no sabiendo lo que es la vida, no sé si soy yo quien vivo o si es ella quien me vive (tenga este verbo al «vivir» el sentido que quiera tener), seguro que no iré a juraros nada.

He viajado. Creo inútil explicaros que no llevé ni meses, ni días, ni otra cantidad cualquiera de cualquier tiempo viajando. Viajé en el tiempo, es cierto, pero no del lado de acá del tiempo, donde lo contamos por horas, días y meses; fue del otro lado del tiempo por donde yo viajé, donde el tiempo no se cuenta con una medida. Transcurre, pero sin que sea posible medirlo. Es como más rápido que el tiempo que hemos visto vivirnos. Me preguntáis a vosotros, seguro, qué sentido tienen estas frases. Nunca erréis así. Despedíos del error de preguntar el sentido a las cosas y a las palabras. Nada tiene un sentido.

¿En qué barco hice ese viaje? En el vapor Cualquiera. Os reís. Yo también, y de vosotros tal vez ¿Quién os dice, y a mí, que no escribo símbolos para que los comprendan los Dioses?

No importa. Partí por el crepúsculo. Tengo todavía en el oído el ruido férreo de alzar el anda a vapor. En el soslayo de mi memoria se mueven todavía lentamente, para entrar por fin en su posición de inercia, los brazos del guindaste de a bordo que hacia horas había abrumado a mi vista de continuos cajones y barriles. Estos rompían súbitos, cogidos alrededor por una cadena, de por cima de la amurada donde tropezaban, arañando, y después, oscilando, se iban dejando empujar, empujar, hasta quedar por cima de la bodega, hacia donde, súbitos, bajaban (…), hasta, con un choque sordo de madera, llegar aplastantemente a un lugar oculto de la bodega. Después sonaban allá abajo al desatarlos; en seguida subía sólo la cadena agitándose en el aire, y volvía a empezar todo, como inútilmente.

¿Para qué os cuento yo esto? Porque es absurdo estar contándoslo, visto que es de mis viajes de lo que dije que hablaría.

He visitado Nuevas Europas, y Constantinoplas otras han acogido a mi llegada velera en Bósforos falsos. ¿De llegada velera os espantáis? Es como lo digo, así mismo. El vapor en que partí llegó hecho un barco de vela al puerto […] Que esto es imposible, decís. Por eso me ha sucedido.

Nos llegaron, en otros vapores, noticias de guerras soñadas en Indias imposibles. Y, al oír hablar de esas tierras teníamos inoportunamente añoranzas de la nuestra, dejada tan atrás, quién sabe si en aquel mundo.

Y así me escondo detrás de la puerta, para que la Realidad, cuando entra, no me vea. Me escondo debajo de la mesa, donde súbitamente le pego sustos a la Posibilidad. De modo que me despego de mi como a los dos brazos de un abrazo, los dos grandes tedios que me aprietan -el tedio de poder vivir sólo lo Real, el tedio de poder concebir sólo lo Posible.

Triunfo así de toda realidad. ¿Castillos de arena, mis triunfos?… ¿De qué cosa esencialmente divina son los castillos que no son de arena?

¿Cómo sabéis que viajando así no me he seguido oscuramente?

Infantil de absurdo, revivo mi niñez, y juego con las ideas de las cosas como con soldados de plomo, con los cuales, de niño, hacía cosas que se antipatizaban con la idea de soldado.

Ebrio de errores, me pierdo por unos momentos de sentirme vivir.

 

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.

Para ir más allá

El Libros del desasosiego es una obra singular. Carlos Sklar realiza un interesante acercamiento a la obra y a Pessoa en este artículo publicado en Revista de Letras. Es bastante posterior a esta entrada, pero ya saben que este blog no pretende ser lineal.

3 pensamientos en “Viaje nunca hecho

  1. No se por qué este texto me ha recordado un escrito, ( un cuento le puso
    por titulo él ) que me mandó un amigo hace bastantes años y que suelo leer a menudo, porque lleva mucho de si mismo y de esa manera veo cómo ha ido
    evolucionando a través de su paso por el tiempo.
    Y otro recuerdo: ” Las troyanas ” de Eurípides.
    Y unas palabras de la propia Hécuba ante el cuerpo inerte del hijo de su hijo Héctor y de su nuera Andrómaca, madre del niño.

    Hécuba: ” Ahora que la ciudad ha sido tomada y destruidos los frígios, teneis miedo de un niño pequeño. No alabo el miedo de quien teme reflexionar “.

    Andrómaca ” Me bastaba con tener en mi misma un maestro honesto: la inteligencia “.

    He de decir que el conductor del blog ya sabe cómo Andrómaca tiene unas palabras bellísimas cuando se está despidiendo de su marido Héctor de quien intuye que no volverá vivo, en la propia Ilíada.

    He de decir que Fernando Pessoa es el resumen de mucho del tiempo que no vivió y lo digo porque su cerebro debió diversificarse, como muchos seres humanos, escribía en un idioma y pensaba en otro. Tan es así que opinaba:
    ” El ser humano es un logro químico que sueña. ”

    Es una de las definiciones más hermosas que he leido de un ser humano
    Mil gracias por permitirme escribir mis relaciones entre las vidas de unos y
    sus escritos y las lecturas que he tenido y tengo en esta mi vida.
    Y como final, nunca podremos vivir con serenidad este tiempo, si no somos capaces de adentrarnos en otros tiempos que nos precedieron, aunque estos sean 2500 años atrás.

  2. A mí el texto me recuerda muchas cosas, aunque sea anterior a mí. Y cuanto más lo leo, mayor es la sensación. Ese es uno de los encantos del descubrimiento literario.

    La definición es preciosa. Muchas gracias Ana.

  3. Creo………….., señor de este lugar, que el texto es también anterior a mi misma :-))))))))
    Gracias a ti, Gonzalo. Es un verdadero placer pasearme por aquí, que es como pasearme por la propia mente de todos y cada uno de los seres humanos que escribieron y de quien los seleccionó, por supuesto.

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