Construyendo nuestra existencia

El sujeto es un objeto significativo más de los que construyen la realidad en su sentido no ontológico ni físico, sino pragmático. Pero es el sujeto el que otorga el significado, de manera que las cosas no son significativas por sí, sino significadas.

Carlos Castilla del Pino. Un estudio sobre la depresión.

 

Brueghel_Tower-of-babel

Esta entrada pertenece a una serie dedicada a cómo la terapia puede ayudar a entender el mundo personal y a avanzar por el camino de la existencia. Nos abre una nueva ruta dentro del viaje imaginario que conforma este sitio. Empezó sin aviso con De la magia a la terapia, a modo de prólogo, y siguió con  ¿Estamos programados por el lenguaje?

No es ésta es nuestra primera incursión en el constructivismo, un concepto de amplio espectro con el que confieso me siento muy identificado (así que sonará más de una vez por aquí); tampoco es la primera vez que abordamos la obra de George Kelly, protagonista de este relato, ya los mencionamos en su día en Relatividad (I), pero esta vez nos vamos a ocupar, de forma similar a como hicimos cuando abordamos la PNL, de los orígenes de esta escuela.

Fue durante los años treinta, en plena depresión, cuando Kelly enseñaba psicología fisiológica en el Fort Hays Kansas State College. Sensible a las penurias y sufrimientos de las familias granjeras de su entorno, decidió ayudar echando mano de aquello que mejor sabía hacer y así organizó un servicio psicológico rural.

No fue una tarea fácil, muchos de sus clientes carecían de dinero; algunos no podían acudir a la consulta, así que tanto él como sus estudiantes tenían que realizar servicios a domicilio, lo que frecuentemente suponía varias horas de desplazamiento.

Al principio, usó la técnica psicoanalítica clásica que se estilaba entonces: asociación libre, interpretación de los sueños…  Observó que estas personas, la mayoría de escasa formación, aceptaban fácilmente estas explicaciones sobre sus problemas aunque debían resultarles terriblemente exóticas las interpretaciones clásicas freudianas. Sin embargo, no era así. Aparentemente, las personas ponían su fe en él al considerarlo un profesional.

Kelly3

 

Kelly no estaba conforme con las interpretaciones clásicas freudianas. Las consideraba (ya entonces) un poco fuera de tiempo y lugar, poco apropiadas para la vida de las familias granjeras de Kansas. Ciertamente, había una distancia abismal entre la clientela vienesa de Freud y la que frecuentaba su gabinete. Así que, con el tiempo, empezó a notar que su técnica evolucionaba, se estaba volviendo cada vez menos ortodoxa. Cambió las interpretaciones por explicaciones, algo nuevo dentro de la terapia. De su experiencia concluyó que lo que verdaderamente le importaba a estas personas era que les ofrecieran una explicación para lo que les acaecía, una clave para comprender sus dificultades. Cuando nuestra forma de ver el mundo entra en conflicto con la realidad es cuando comienzan los problemas. Necesitamos una visión nueva en la que los acontecimientos a los que nos enfrentamos tengan cabida. Alguna vez he comparado esto con las crisis de los paradigmas científicos.

Sus ideas se cimentan filosóficamente en el constructivismo, aunque aceptemos que existe una única realidad verdadera, ésta siempre se experimenta desde una  perspectiva (construcción) particular. Algunas construcciones son mejores que otras. Su validez depende de diversas variables, como la información de que se dispone o la capacidad que tengamos para procesarla. Esto hace que la construcción de cualquiera nunca está del todo completa, pues nunca tenemos todos los datos posibles ni disponemos de medios para asimilarlos adecuadamente. Por otro lado, las perspectivas personales no deben nunca ignorarse, pues tienen algún valor para esa persona en cada tiempo y lugar precisos. Como diría el propio Kelly, existe un número infinito de construcciones alternativas que lanzamos al mundo y, si estas no funcionan, podemos cambiarlas por otras.

En 1955 presentó en su voluminosa obra The Psychology of Personal Constructs (1.214 páginas) su teoría de los Constructos Personales que organiza en 11 corolarios que desarrollan un postulado fundamental: los procesos de una persona son canalizados psicológicamente a medida que anticipan eventos.

Integró en un mismo lenguaje áreas tradicionalmente separadas como percepción, memoria, aprendizaje, pensamiento, lenguaje, motivación, emoción y personalidad. Propuso una metodología de evaluación y un enfoque terapéutico muy innovadores que, tal vez por ello, tardaron en tomar relevancia. Diseñó diferentes medidas para evaluar los constructos personales (la técnica de la rejilla, técnica de escalamiento, test del repertorio de construcción de roles, etc.).

El objetivo principal de esta terapia es el de ayudar al cliente a sustituir su sistema de constructos por otro más adecuado y su principal técnica es la del rol fijo. Con ella se provoca al cliente vivencias que le hagan plantearse construcciones alternativas de la realidad.

En el futuro volveremos sobre este tema.

Ilustración: La torre de Babel de Pieter Brueghel el Viejo (1563). Tomado de LAUGI.

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