Miguel de Cervantes

cervantes

 

Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.

La verdadera razón del cerebro (Daniel Wolpert)

 

El neurocientífico Daniel Wolpert defiende en este vídeo la curiosa teoría de que el cerebro evoluciona, no para pensar y sentir, sino para controlar el movimiento.

Funes el memorioso (Jorge Luis Borges)

Ficciones

 

Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diez y nueve años había vivido
como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.

Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras. Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.

 

Borges definía Funes el memorioso como “una larga metáfora del insomnio”; puede leerse completo pulsando sobre la imagen. Añado un capítulo de la interesante serie Imaginantes dedicada a este relato.

 

The Gates of Delirium: Soon (Jon Anderson, Chris Squire, Steve Howe, Alan White and Patrick Moraz)

Yes-Relayer-Frontal

 

Soon oh soon the light
Pass within and soothe the endless night
And wait here for you
Our reason to be here

Soon oh soon the time
All we move to gain will reach and calm
Our heart is open
Our reason to be here

Long ago, set into rhyme

Soon oh soon the light
Ours to shape for all time, ours the right
The sun will lead us
Our reason to be here
The sun will lead us
Our reason to be here

 

Se ha escrito mucho sobre este tema y sobre el álbum que lo recoge (Relayer, 1974) mi favorito de la banda con diferencia, por encima del en su momento aclamado Close to the Edge. Para no alargar esta entrada, recomiendo la lectura de este artículo publicado en el blog El Arcón de los recuerdos. Solo diré que lo he escuchado innumerables veces a lo largo de más de veinte años y sigue maravillándome como la primera vez.

Algo parecido me ocurre con los dibujos de Roger Dean, cuyas virtudes me descubrió Juanjo Guarnido, entonces un chaval de dieciocho años y hoy brillante ganador del premio Eisner.

 

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Incluyo aquí dos vídeos, correspondientes a dos actuaciones de Yes separadas por veintisiete años. Afortunadamente, hay cosas que no cambian con el paso del tiempo. Espero que disfruten del espectáculo.

 

 

Poema 10: Hemos perdido aún este crepúsculo… (Pablo Neruda)

Veinte Poemas de Amor

 

Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.