De la magia a la terapia

    Incluso puede demostrarse que las antiguas costumbres, las mismas que tal vez armonizaban con cierto tipo de ambiente. Tiende a sobrevivir en condiciones nuevas, en las que representan una desventaja para su gente.

Franz Boas

 

shaman

 

Ya he comentado alguna vez que este blog carece de orden, el motivo es esencialmente que el que lo va rellenando entrada a entrada también adolece, además de mala cabeza,  de desorden en sus pensamientos. Quizás lo que aquí expongo se entendiera mejor después de leer entradas posteriores, pero esta es la que toca ahora; intentaré, no obstante, ser lo más claro posible. Aprovecho para recordar que las etiquetas y referencias que voy colocando pacientemente tienen la intención de allanar el camino y de expiar, en la medida de lo posible, mis pecados.

Cuando vamos viajando por el acervo cultural humano, nos percatamos de que muchas ideas ya han iluminado otras mentes con anterioridad. Tal vez los reiterados redescubrimientos de la pólvora justifiquen la existencia de asignaturas de historia de la disciplina en las carreras universitarias (siempre recomiendo el texto de Thomas Leahey con el que estudié) y que sean de aplaudir iniciativas como la del libro Más Platón y menos Prozac de Lou Marinoff. Hace tiempo escribí una entrada sobre esto y éste es un caso más, del que me percaté cuando me crucé este año con los trabajos de Claude Lévi-Straus. Mirar atrás es uno de los destinos de este blog.

Hay temas, ideas, que vienen y van en función de aquello que se cruza en nuestro viaje y que van encajando en ese proyecto de gestalt que llena mi cabeza. La primera vez que las ideas guía que aquí pretendo mostrar me interesaron fue al leer el fragmento de Alejandro Jodorowsky que publicaba el otro día, sería el año 2004. A medida que he ido tratando con personas con las que trataba sus problemas, asuntos inacabados como los llamo, me he ido convenciendo de que merece atención.

Lévi.Straus desarrolló un concepto que considero bastante más profundo que la trampa sagrada que plantea Jodorowsky, me refiero a la eficacia simbólica. Aparece esta idea en un artículo escrito hacia 1949 (publicado en castellano en el libro Antropología estructural). Allí indaga sobre los fundamentos estructurales de la cura que los chamanes de la tribu cuna aplican en cierto tipo de parto difícil y la sitúa al mismo nivel de eficacia (de ahí su denominación) que la terapia psicoanalítica, mucho más respetada y reputada entonces que ahora.

 

Antropología estructural

 

Allí afirma: la cura chamanística está a medio camino entre nuestra medicina orgánica y las terapéuticas psicológicas como el psicoanálisis. Su originalidad proviene de que aplica a una perturbación orgánica un método muy semejante al de estas últimas.

[…]

En ambos casos, el propósito es llevar a la conciencia conflictos y resistencias que han permanecido hasta ese momento inconscientes, ya sea en razón de su represión por obra de otras fuerzas psicológicas, ya sea —como en el caso del parto— a causa de su naturaleza propia, que no es psíquica sino orgánica, o inclusive simplemente mecánica. También en ambos casos, los conflictos y resistencias se disuelven, no debido al conocimiento, real o supuesto, que la enferma adquiere progresivamente, sino porque este conocimiento hace posible una experiencia específica en cuyo transcurso los conflictos se reactualizan en un orden y en un plano que permiten su libre desenvolvimiento y conducen a su desenlace. Esta experiencia vivida recibe, en psicoanálisis, el nombre de abreacción. Es sabido que tiene por condición la intervención no provocada del analista, quien surge en los conflictos del enfermo, por el doble mecanismo de la transferencia, como un protagonista de carne y hueso, con referencia al cual el enfermo puede restablecer y explicitar una situación inicial que había permanecido informulada.

Para Lévi-Strauss, la explicación de este tipo de cura, dentro de las comunidades donde el chaman juega un papel determinante dentro del grupo, es una manipulación psicológica del órgano enfermo. Es decir, el contexto psicológico de la enfermedad juega un papel fundamenta para la cura. No solo por lo que representa este aspecto para el individuo enfermo, sino también para la comunidad.

La eficacia simbólica no es simplemente la eficacia de los signos, sino la eficacia de los signos encarnados en palabras proferidas en el momento justo, formando parte de un acto de donación simbólica. Palabras que valen, como dice González Requena, no por la significación de los signos que contienen, sino por formar parte de un relato que se ofrece como matriz temporalizada de sentido para el sujeto y, en esa misma medida, como vía para configurar su deseo. Dicho de un modo, más sencillo el valor está recogido en el rito del que forman parte.

Lévi-Strauss afirma que los símbolos son más reales que aquello que simbolizan, lo que significa y determina el contenido de lo significado. Es decir, lo importante no son los términos en sí mismos, sino la relación que se establece entre ellos. Los símbolos –diría- transforman a las personas y al mundo que les rodea. Estamos ante un concepto antropológico y, como tal, trasciende la relación entre dos personas, pues se nutre de sociedad, de cultura, de historia.

Estas ideas levantaron bastantes ampollas en su día, se criticó como igualaba dos mundos que en Occidente se valoraban como situados en las antípodas. No pretendo aportar nada a este debate que sigue aún vivo, sobre todo por aportaciones de psicoanalistas de orientación lacaniana, esto no es una crítica al psicoanálisis ni un llamamiento a recuperar viejas tradiciones olvidadas en la noche de los tiempos. Mi intención es reflexionar, partiendo de este concepto, sobre la vigencia de los símbolos y, por qué no, de los ritos en un mundo que muchas veces se enorgullece de su abolición o, quizás más exactamente de haberlos reducido a meros ornamentos y curiosas costumbres sociales de escasa utilidad más allá de atraer turistas.

Afortunadamente, muchos estudiosos se han acercado a este tema y han apreciado su importancia. Algunos, como Kenneth Burke, se han atrevido a definir a nuestra especie como homo symbolicus. Es decir como creadora, fabricante, manipuladora y usuaria de símbolos. Vázquez Medel apunta que nuestra comprensión de lo humano es inseparable de la simbolicidad. El tema daría para libros enteros, así que no me extenderé más… por el momento.

Debemos entender que nuestra cultura no es la única que existe en este planeta. Puede parecer una obviedad, pero es frecuente que apliquemos a nuestros razonamientos un sesgo cultural bastante importante.

Otras culturas no ocultan su relación con los símbolos y los rituales, allí es más fácil apreciar la eficacia simbólica siempre y cuando, con Malinowski, veamos con los ojos del otro. En nuestra cultura los símbolos se confunden muchas veces con meros adornos y eso sería incomprensible para otras. Como dijo Marcel Mauss, los ritos son actos tradicionales eficaces, y esta eficacia radica en que son útiles, en que consiguen resultados prácticos.

 

placebo-effect

 

En la medicina occidental se ha podido demostrar el impacto psicológico de algunos tratamientos a los que denomina placebos. En todos estos casos tiene un peso importante las prácticas sugestivas sustentadas en el poder de la palabra. Me parece que la trampa sagrada queda a este nivel que, dicho sea de paso, nadie discute a la eficacia simbólica. Su actuación no es únicamente lingüística sino también sensorial. Y, aunque se apoye en juegos de manos,  sigue siendo una relación establecida básicamente entre dos personas. Ahora bien, si se complementase con rituales culturalmente (socialmente) aceptados estaríamos ante el mismo concepto que se desarrolla en la eficacia simbólica. Se me ocurre buscar la presuntas validez de terapias alternativas en esta idea, más que en la existencia de presuntas propiedades curativas“reales”.

En condiciones normales, el fármaco adecuado causará el mismo efecto se crea o no en su eficacia siempre y cuando se administre convenientemente. La eficacia de la terapia psicológica, por el contrario, requiere de algo más, de un compromiso del cliente, que no solo debe tener voluntad de salir adelante, sino que debe confiar en el terapeuta y cooperar. No existe una relación directa entre tratamiento y resultado; de hecho, en función del terapeuta consultado, se intentará seguir un camino concreto que sea de su agrado, por experiencia, formación o por ambas razones.

Lo queramos o no, los humanos terminamos creyendo. Ya sea en Dios, la Ciencia (que, por mucho que nos empeñemos, no es todopoderosa) o Maradona. Llega un momento en que depositamos nuestra confianza más allá de nosotros. Al final siempre la fe mueve montañas, aunque solo sea simbólicamente.

¿Hay tanta diferencia práctica en este aspecto entre unas culturas y otras? Como el lector adivinará si sigue este blog, mi respuesta es no, que tan válida es una cultura u otra si los resultados son los mismos, pues los requisitos de funcionamiento también son equivalentes en esencia. En ambos casos la dependencia del paciente convierte el proceso en algo más que una técnica simple, pues se requiere del uso de habilidades que podría discutirse hasta qué punto son entrenables. ¿Es, por ejemplo, entrenable la empatía?

Queda claro que las necesidades de unas culturas no son las de otras, las herramientas que se precisan son distintas aunque, en el fondo, los auténticos problemas a los que todos nos enfrentamos, los reales, sean los mismos. Y, tal vez por eso nos aferremos a viejas soluciones que ya no son válidas hoy en día. Puede que esto de sentido a la reflexión de Boas que encabeza estas líneas.

Llegamos aquí a un punto que merece una pausa, una reflexión y otra entrada.

 

Imágenes: Un chamán, tomada de Caffix. Efecto placebo, tomada de Geekolologie.

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