El buen momento (José Hierro)

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Aquel momento que flota
nos toca de su misterio.
Tendremos siempre el presente
roto por aquel momento.

Toca la vida sus palmas
y tañe sus instrumentos.
Acaso encienda su música
sólo para que olvidemos.

Pero hay cosas que no mueren
y otras que nunca vivieron
y las hay que llenan todo
nuestro universo.

Y no es posible librarse
de su recuerdo.

De “Alegría”, 1947.

L’aigle noir (Barbara)

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Un beau jour ou peut-être une nuit
Près d’ un lac je m’ étais endormie
Quand soudain semblant crever le ciel
Et venant de nulle part
Surgit un aigle noir

Lentement les ailes déployées
Lentement je le vis tournoyer
Près de moi dans un bruissement d’ ailes
Comme tombé du ciel
L’ oiseau vint se poser

Il avait les yeux couleur rubis
Et des plumes couleur de la nuit
A son front brillant de mille feux
L’ oiseau roi couronné
Portait un diamant bleu

De son bec il a touché ma joue
Dans ma main il a glissé son cou
C’ est alors que je l’ ai reconnu
Surgissant du passé
Il m’ était revenu

Dis l’ oiseau oh dis emmène-moi
Retournons au pays d’ autrefois
Comme avant dans mes rêves d’ enfant
Pour cueillir en tremblant
Des étoiles des étoiles

Comme avant dans mes rêves d ‘enfant
Comme avant sur un nuage blanc
Comme avant allumer le soleil
Etre faiseur de pluie
Et faire des merveilles

L’ aigle noir dans un bruissement d’ ailes
Prit son vol pour regagner le ciel

Quatre plumes couleur de la nuit
Une larme ou peut-être un rubis
J’ avais froid il ne me restait rien
L’ oiseau m’avait laissé
Seule avec mon chagrin

Un beau jour, ou peut-être une nuit
Près d’ un lac je m’ étais endormie
Quand soudain semblant crever le ciel
Et venant de nulle part
Surgit un aigle noir

Un beau jour …une nuit
Près d’un lac … endormie
Quand soudain
Il venait de nulle part
Il surgit… l’aigle noir

 

Barbara, era una cantante de tintes claramente melancólicos de la chanson, que triunfó en Francia hace tiempo y que conseguía unir música y poesía como pocos.

Philippe Grimbert, en su libro Psychanalyse de la chanson, propuso una  interpretación psicoanalítica en relación con la conducta incestuosa de su padre durante su infancia, pero tampoco ha habido unanimidad entre los psicoanalistas sobre este punto, algunos ven en ella una evocación de la abandono de su padre y otros sólo la nostalgia de la infancia inocente.

Las memorias de Barbara insinúan la posibilidad de una conducta desviada paterna, pero en ningún caso establecen un vínculo con la canción El Águila Negra que, al parecer, dedicó a su sobrina Laura.

María del Mar Bonet realizó una magnífica versión. Quizás sin tanto dramatismo, dándole un aire más místico y menos trágico.

L’àguila negra

Un bon dia, o potser una nit,
prop del mar jo m’havia adormit
quan, de cop, el cel s’omple de llum
i un ocell negre surt sense venir d’enlloc.

Lentament, les ales bategant,
lentament, ell anava girant.
Prop de mi, el batec s’acabà
i, com caigut del cel, l’ocell es va aturar.

Els ulls eren de color robí
i les plomes de color de nit.
I al seu front, mil raigs de to suau,
l’ocell, rei coronat, portava un diamant blau.

Amb el bec la cara em va tocar,
el seu coll em vaig trobar a la mà.
Fou llavors que jo vaig saber qui,
imatge del passat, volia tornar amb mi.

Bon ocell, porta’m amb tu al país
d’altres temps, sigues el meu amic.
Com abans, en somnis clars d’infant,
estels i més estels collirem tremolant.

Com abans, en somnis clars d’infant,
com abans, damunt d’un núvol blanc,
com abans, tu i jo el sol encendrem
i a l’illa del record la pluja llançarem…

L’ocell negre tombà els ulls al sol,
cap al cel tot d’una emprengué el vol.

 

Para terminar, mi versión favorita, por muchos motivos y no sólo musicales. No creo que exagere al afirmar que esta es la canción más importante de mi vida:

Utopía

La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.

Anatole France

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Utopía era el nombre de una isla artificial que nació de la imaginación de Tomás Moro. En ella sus habitantes mantenían una organización que contrastaba con las existentes en su tiempo. Algo parecido a lo que ocurría en la República de Platón. En nuestros días, este nombre ha quedado para definir algo deseable y, aparentemente, de muy difícil realización.

Utopías hay muchas: Acabar con el hambre en el mundo, la paz mundial, la justicia, la libertad… Casi nadie estaría en principio en contra de estos logros, pero aún así pocos los considerarán viables a corto o medio plazo. Probablemente, a los que no les interese que el mundo cambie en esta dirección, sea porque piensan que tienen algo que perder por el camino y quizás tengan razón, aunque sea una postura difícil de aceptar desde el punto de vista moral. Puede incluso que, si nos paráramos a pensar en las consecuencias de estos logros para nuestra forma de vivir, más de uno se olvidara de estas ideas. Tenemos un sentido de la propiedad que muchas veces roza lo absurdo. Hacemos nuestros el suelo que pisamos, el agua de la lluvia o el aire que respiramos sin poder esgrimir otro título de propiedad que el de estar dónde estamos. Resulta oportuno recordar aquí que no es lo mismo una utopía que un milagro, aunque muchas veces se confundan.

A menor escala nos encontramos también con utopías nacionales, regionales, locales, familiares y personales. Los seres humanos, al menos por estos lares, somos una mezcla curiosa de individualidad y colectividad. En general, las utopías actúan a modo de brújulas que nos indican hacia dónde deberíamos seguir nuestros pasos.

Las grandes utopías son básicas de cara a intentar mejorar las condiciones de vida de la comunidad mundial. De aquí nace, por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Suponen un horizonte que, de alguna manera, nos hace sentirnos miembros de una única sociedad humana y constituyen el núcleo de nuestras creencias. Por desgracia, muchas veces las declaraciones de intenciones sirven más para tranquilizar nuestras conciencias que para motivarnos a hacer algo por los demás. Y el caso es que ese esfuerzo a la postre revertiría en nosotros o en nuestra descendencia, es una lástima que tengamos tan cortas miras.

Otras utopías, más de andar por casa, como la asistencia sanitaria o la educación del país (etiquetar al descenso del paro o a la mejora de las comunicaciones como utopías me resulta aberrante), también son necesarias para la sociedad y por ello los políticos se encargan de esgrimirlas en sus programas cada vez que se aproximan unas elecciones, aunque las cosas no mejoran nunca como nos gustaría. Pienso que estos logros son necesarios si pretendemos aspirar a otros de más hondo calado. Por ejemplo, como tantas veces digo, no se podrá aspirar a la libertad sin adquirir primero suficiente educación y cultura.

También existen otras utopías a las que si bien he llamado personales, pueden y deben  compartirse, se trata de logros que nos planteamos a largo plazo sin certeza de poder lograrlos porque, sin ser imposibles, probablemente precisen de una buena dosis de fortuna, de esfuerzo, de inspiración y también de ayuda para llegar convertirse en realidad. Aun así, son la base que nos permite afrontar la propia existencia con ilusión cuando el horizonte se ve oscuro e incierto, que nos dejan ver algo de luz entre las tinieblas. Y, sin ellas, probablemente perdamos irremisiblemente el rumbo. No olvidemos que estas utopías, aunque resulten difíciles, si que pueden verse realizadas en vida.

Ilustración: Mapa de Utopía, grabado de A. Ortelius.