Relatividad (I)

El mundo se nos presenta en un flujo caleidoscópico de impresiones que tiene que ser organizado en nuestras mentes.

Benjamin L. Whorf


relatividad

La primera mención que conozco de la relatividad se debe a Galileo Galilei. Éste estudió las diferencias entre los puntos de vista de dos observadores (inerciales), uno en reposo y otro en movimiento y propuso unas ecuaciones que permitían intercambiar las posturas de uno y otro (las transformaciones de Galileo). De este modo se podía, por así decirlo, traducir la experiencia de un observador al sistema referencial de otro.

Tendríamos que esperar hasta los albores del siglo XX para que Albert Einstein explotara las ideas de Galileo y de otros que vinieron después, quizás no tan reconocidos, para formular sus teorías de la relatividad. A partir de este momento, ya no habría puntos de vista privilegiados, todos los observadores inerciales eran igualmente válidos.

El éxito de la relatividad de Einstein llevó a intelectuales de diversa procedencia a pensar que hay en este mundo más relativismo del que solemos suponer y lo aplicaron a sus respectivos dominios de conocimiento.

Carl Gustav Jung quiso ver en la relatividad y en la mecánica cuántica la ruptura con el determinismo newtoniano imperante hasta entonces. De este modo, se obtenía un modelo de desarrollo para la psicología en el que la subjetividad y la libre voluntad tenían cabida. En una ambiente así, sus ideas místicas se movían como pez en el agua.

Resulta interesante notar que Jung ha tenido más seguidores fuera de su ámbito profesional que en el propio, aunque algunas de sus ideas y actitudes tuvieron bastante importancia en que esto fuera así. Muchas veces se luce en el lugar equivocado, pero si la luz es lo suficientemente intensa, termina por atravesar la niebla. Ideas como la del relativismo psicológico, el inconsciente colectivo (los arquetipos), la función de los símbolos, la necesidad de recurrir a perspectivas multiculturales y tantas más han crecido fértiles en muchos campos del conocimiento.

George Kelly, defendió que cada uno de nosotros ve el mundo desde una perspectiva distinta, desde un sistema de referencia que nos viene dado por nuestros genes, nuestra cultura y nuestra sociedad. Si existe una sola realidad verdadera, ésta siempre la experimentamos desde una perspectiva o construcción concreta. Yo tengo una construcción, el lector tiene otra, una persona en las antípodas tiene otra, alguien que vivió hace tiempo tuvo otra, cada niño tiene una e incluso alguien con graves problemas mentales tiene una. Esto significa que, de acuerdo con el constructivismo, los humanos somos una especie de científicos de andar por casa, construimos, experimentamos, revisamos y desarrollamos teorías personales de uno mismo y el mundo que nos permiten anticiparnos a los temas recurrentes de nuestra existencia. Partimos de modelos del mundo (constructos personales)  que sometemos a la prueba de la experiencia y defendemos como si de un paradigma científico se tratara.

Para Kelly, los trastornos psicológicos ocurren cuando una persona se aferra a sus constructos personales y continúa usándolos a pesar de que la experiencia no los valide. Pues no es capaz de anticipar y predecir acontecimientos y tiene dificultades para aprender de las experiencias.

Según este modelo científico de construir nuestra experiencia (por llamarlo de alguna manera), tal vez no sería desvariar mucho si aplicamos a nuestro malestar psicológico algunas de las conclusiones a las que Thomas S. Kuhn llegaba cuando intentaba explicar la evolución de las ciencias en La estructura de las revoluciones científicas. Del mismo modo que la tradición, las modas y la resistencia al cambio mantienen teorías poco satisfactorias,  permitimos que constructos (paradigmas) caducos persistan en nosotros a pesar de dejar de ser adaptativos. Además, como no somos capaces de predecir y comprender lo que nos ocurre, nos sentimos mal.

Creo que podemos aprovechar algo más de las ideas de Kuhn aplicadas a nuestra forma de ver el mundo: De igual manera que un paradigma en boga puede terminar por volverse insostenible, lo que hoy es adaptativo pude dejar de serlo más adelante. Lo importante, para nuestra salud mental, es que seamos capaces de mover el timón y reorientar nuestras velas en el momento oportuno. Aunque, claro está, esto muchas veces sea más fácil decirlo que hacerlo. La física clásica se sacó al éter de la manga antes que dar su brazo a torcer.

No puedo dejar de pensar que esta perspectiva sobre cómo se desarrolla nuestra visión de la existencia, al modo científico, también puede estar condicionada por nuestra cultura. Es posible que los antiguos griegos  inocularan a nuestra sociedad un virus del que difícilmente nos podremos librar (cf. ¿La mente ha sido descubierta, inventada o construida? (Thomas H. Leahey)).

Hay mucho relativismo en las ideas constructivistas, se ha afirmado que cuanto sabemos y creemos es en buena medida fruto del lenguaje, del sistema de referencia, con que comprendemos y transmitimos nuestras percepciones y, también, que sobre una misma realidad pueden darse diferentes puntos de vista, todos ellos igualmente válidos. No obstante, al igual que algunas ideas de la física moderna, el hecho de que las personas podamos pensar de forma distinta y no estar equivocados (al menos del todo) no parece que se asuma con facilidad por el común de los mortales.

Ilustración: Relatividad de M.C. Escher, tomada de Wan Link Sniper.

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4 pensamientos en “Relatividad (I)

  1. Creo que esta cuestión del relativismo o subjetivismo gnoseológico no tiene -al menos, hoy por hoy- una respuesta definitiva. Es un tema a caballo entre la ciencia y la filosofía, de largo alcance y complejo. Hay cuestiones como la naturaleza y relación entre el conocimiento humano y el propio acto de consciencia, la relación cualitativa y cuantitativa entre herencia-ambiente, objetividad-subjetividad, raciocinio-intuición, sensación-percepción-idea, etc. Todas estas son cuestiones abiertas y de muy difícil concreción. Dejo una pregunta: ¿puede uno afirmar algo -lo que sea- de forma cerrada, completa y definitiva? ¿Es este “mundo” plenamente objetivable? ¿Es acaso solamente proyección particular del sujeto que lo percibe? ¿podrá existir una repuesta contundente a este tipo de preguntas? ¿tienen sentido?

  2. A medida que vamos avanzando en el estudio, podemos plantearnos el objetivar nuestras ideas. Es posible realizar comprobaciones experimentales de nuestras teorías, aunque no es fácil ni barato. Creo que este último es el principal problema. Las ciencias humanas son conocimiento por el conocimiento (que no es lo mismo que pensar por pensar). ¿Cuánto estamos dispuestos a invertir en esto?

    Puede que las ideas no sean demostrables empíricamente, pero si son falsables.

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