Los árboles en ocasiones si dejan ve el bosque (y II)

¡Por eso amamos el ajedrez! Nos gusta el juego por sus ilimitadas posibilidades, por sus intrépidos arrebatos de imaginación, por el ancho campo que ofrece para la investigación y la inventiva. Esto es por lo que decimos que el ajedrez es un arte.

Aleksandr Kótov

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Escribía Luděk Pachman en el prólogo de uno se sus libros que el ser humano era una criatura tan curiosa que de cualquier cosa hacía una ciencia. El método científico parece que ha alcanzado el estatus de credo de una nueva religión que se aplica a todos los ámbitos de nuestra sociedad. No quiero decir que esto sea malo, simplemente que no es perfecto. El estado democrático tampoco es perfecto, pero hoy en día difícilmente podemos pensar objetivamente en algo mejor.

El Ajedrez no es una excepción a la regla y a él se refería Pachman en su comentario, quizás el papel principal de esta historia lo tenga Mijaíl Moiséyevich Botvínnik un ingeniero que se convirtió en patriarca del Ajedrez soviético. Más aún, desde que la informática empezó ser herramienta básica en el trabajo de los profesionales del ramo, cualquier aficionado de fuerza media puede realizar investigaciones interesantes. Un ordenador de bolsillo es capaz de almacenar millones de partidas y buscar posiciones en todas ellas, los motores de análisis permiten valorar las posiciones con mayor exactitud que los equipos de analistas que acompañaban a los campeones soviéticos.

De acuerdo con esto y volviendo al tema que nos ocupaba en la pasada entrada, ¿Es extraño que dos jugadores encuentren la misma solución a un problema? Pues no. Los jugadores repiten en sus partidas movimiento tras movimiento hasta llegar a una posición crítica en la que pretenden defender sus ideas. Esto es, claro está, una simplificación de este asunto, pero menos burda de lo que muchos podrían pensar. Es por ello que, la resolución del episodio al que nos referíamos en la entrada anterior, se tambalea por todos lados. A esas jugadas sorprendentes, por el hecho de que nadie relevante los ha visto ejecutar en un tablero, se les llama novedades y sus descubridores las guardan como un tesoro en espera de sacarlas a la luz en el momento oportuno. ¿Tan raro sería que dos jugadores guardaran el mismo tesoro?

Podemos aún darle otra vuelta de tuerca a este tema: los jugadores de élite (como se supone era el asesinado en la serie) contratan a colegas como entrenadores de cara a las competiciones importantes. Resulta evidente que las posibilidades de difusión de las ideas crecen.

Pero lo que realmente nos interesa de esta historia es saber qué ocurre llegado este punto, en el que no hay un apoyo bibliográfico que nos guíe. ¿Le sigue un análisis exhaustivo de todas las posibles variantes por parte de los contendientes? Pues probablemente no; en la mayoría de los casos el cerebro humano, incluido el de los privilegiados maestros del tablero, no da para tanto ni siquiera a nivel de análisis casero. No se detienen en aquello que, al menos aparentemente, no tiene sentido analizar (aunque la historia está llena de ocasiones en las que se ha descartado más de lo debido).

El jugador no emplea la fuerza bruta (que es como se conoce habitualmente al análisis exhaustivo) propia de los programas clásicos de ordenador, sino que, para ahorrar recursos y tiempo, tiene que realizar una valoración de la posición y concentrarse en las opciones relevantes. Es posible que analice a conciencia algunas líneas, construyendo algo parecido a los árboles de variantes que mostraba Aleksandr Kótov en sus escritos, las ramificaciones simbolizarían las distintas líneas que pueden seguirse de una determinada posición (básicamente es a lo que se refiere el personaje de la serie cuando dice: “mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito”). Pero tiene que descartar opciones pues la contienda se realiza también contra el tiempo. Recordemos aquí la frase del gran Mijaíl Tal: Hay dos tipos de sacrificios: los correctos y los míos.

Todos actuamos así, al menos si estamos en nuestro sano juicio. Nuestro cerebro aplica la ley del mínimo esfuerzo cuando tiene que tomar decisiones; normalmente se apoya en la experiencia previa o en ciertos principios que suelen funcionar la mayoría de las veces. Estos apoyos se denominan heurísticos, ya nos hemos referido a ellos y seguiremos haciéndolo en futuras entradas con más detalle.

Imagen: FCIT

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2 pensamientos en “Los árboles en ocasiones si dejan ve el bosque (y II)

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