Los árboles en ocasiones si dejan ver el bosque (I)

El ajedrez es una necesidad tan imperiosa como la literatura.

Iván Turguénev

Arboles-Otono

Muchos de los que me conocen saben de mi afición al Ajedrez (con mayúsculas), algunos otros (los menos hasta hoy) también saben de mi gusto por la novela detectivesca. Pues he aquí que no hace mucho me encontré en televisión con un par de series que abordaban ambos temas. No voy a decir que me decepcionaran, pues hace mucho que espero poco de estas aleaciones y prefiero llevarme alegres sorpresas que tristes decepciones. No obstante, su visión me dio pie para abordar un tema que resultará fundamental en nuestro viaje. Me centraré –como ejemplo ilustrativo- en el episodio de la serie Los misterios de Laura, por ser el que tenía ocasión de repasar para asegurarme de lo que había visto y oído.

Para aquellos que hayan tenido la suerte de no seguir el capítulo (sobre todo si no son profanos en la materia), comentaré que gira en torno al asesinato de un jugador de ajedrez muy famoso cometido por un rival. Pido disculpas por si a alguno le fastidio el final, pero no me queda otra opción.

Reproduzco a continuación el razonamiento que lleva a descubrir al asesino (que todos saben quién es desde el principio, al estilo del teniente Colombo):

– ¿Cuantas probabilidades hay de que dos personas encuentren los mismos movimientos para una partida de ajedrez?

– Estadísticamente es imposible. Una partida de ajedrez es como una carretera, mover una pieza es como  coger una desvío que lleva a otro desvío y así hasta el infinito.

– Entonces, ¿cómo es posible que la jugada con la que usted ganó el campeonato fuese la misma que Julián escribió antes de morir?

Por motivos de espacio y de que es el que más interesante nos resulta, me limitaré a interpretar este razonamiento y dejaré otras decepciones en el desván.

Para empezar, la comparación con la carretera tiene se gracia. Es cierto que cada jugada que realizamos nos lleva a situaciones distintas, aunque tengo que puntualizar que esto no siempre es cierto, ya que en Ajedrez existe la posibilidad de llegar a posiciones idénticas partiendo de distintos órdenes de movimientos. A esto se le denomina transposiciones.

Por otra parte, y esto quizás sea lo más importante, es muy difícil que dos personas encuentren los mismos movimientos… si no se trata de jugadores de cierta fuerza. Y, desgraciadamente, este no era el caso que se planteaba. Me temo que la prueba irrefutable del crimen no hay por dónde agarrarla.

El objetivo que perseguimos es esbozar cómo razonan los jugadores de Ajedrez, pues realmente se diferencia poco de cómo lo hacemos los demás en otras situaciones. El hecho que los guionistas no se esmeren en sus argumentos resulta aquí meramente anecdótico… aunque triste.

Puesto que ya nos hemos alargado bastante, seguiremos otro día con este tema.

Imagen: Frogger en el Mundo.

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