Arte y Ciencia.

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Esta entrada llevaba flotando en el ambiente pero no había salido a la luz por mi mala cabeza. Hace tiempo me encontré en un libro con una reflexión que aún hoy me llama la atención. He intentado dar con ella, pero mi búsqueda ha resultado infructuosa. No obstante, he decidido terminar la espera (si algún día la encuentro la añadiré como fragmento) e intentaré compartirla lo mejor que pueda.

Defendía el autor del texto que algo tenía que fallar en nuestra comprensión de la Naturaleza cuando no sentimos lo mismo al enfrentarnos, por ejemplo, a los frescos de la Capilla Sixtina que cuando contemplamos una ecuación matemática. Suponía que si una ecuación mostraba el comportamiento de un fragmento de nuestro mundo, debería de plasmar la belleza de lo natural.

Existen autores que disienten de esta postura y si encuentran belleza en las ecuaciones. Recuerdo de mi época de estudiante como Levine calificaba de espectáculo fascinante a la ecuación de Schrödinger dependiente del tiempo. Y ya decía Galileo que la Naturaleza estaba escrita en lenguaje matemático. Si esto es así, las ecuaciones deben reflejar belleza.

Puede que el problema sea simplemente que no todos conocemos el lenguaje apropiado. Esto no pasa sólo con las matemáticas, se puede extender a cualquier actividad desarrollada por el hombre (incluida, para seguir con nuestro tema, la comprensión de los demás).

Es probable que otras especies sean capaces de sentir belleza al contemplar la naturaleza, tendríamos de esta manera una percepción de lo bello de carácter innato y otra aprendida, que requiere de un esfuerzo intelectual por parte de las personas. Una puesta de Sol en la playa es bella tanto si uno conoce las teorías sobre la naturaleza de la luz como si no, pero conocerlas no disminuye precisamente la belleza de la escena. Contemplar un cuadro de Velázquez transmite belleza tanto si conocemos las técnicas pictóricas como si las ignoramos, pero su conocimiento nos aporta nuevos matices. Pero en otros casos no hay medias tintas: ¿Acaso puede comprenderse la profundidad de una novedad, en la jugada 18 de una variante de la india de rey, si no se juega (y bien) al ajedrez?

La Ciencia no está reñida con lo artístico, el vuelo del genio no es mera fuerza bruta, requiere de sensibilidad, de intuición… de virtudes muy artísticas. Parece que muchos hombres de ciencia prefieren olvidarse de esto, pues puede indicar anarquía o casualidad. Muchas veces parece que el esfuerzo debe prevalecer sobre la chispa. No obstante, sí se admite con agrado el calificativo elegante, así tenemos demostraciones elegantes, experimentos elegantes o teorías elegantes. Desde mi punto de vista, no se trata más que del mismo perro con distinto collar.

Es posible que se pueda hacer Ciencia desprovista de alma, pero dejará de ser Ciencia humana.

Ecuación: Wikipedia.

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