A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. Julio Cortázar La rayuela es un juego milenario de gran difusión que presenta variaciones en forma y significado(1). Engloba por tanto, muchos juegos. Es también un cronotopo, un entrelazamiento del tiempo y del espacio en una dimensión única que Batjin quiso [...]
Posts etiquetados ‘Novela’
Rayuelas. La lectura como necesidad.
Publicado en Fragmentos, Pensamientos, Reflexiones, Videoteca, etiquetado Cortázar, Imaginantes, Novela el 25/05/2012 | 3 Comentarios »
Sobre héroes y tumbas (Ernesto Sábato)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Novela, Sábato el 30/04/2011 | 1 comentario
Todo esto puede estimarse como una muestra de delirio de persecuciones, pero los acontecimientos posteriores DEMOSTRARON que mi desconfianza y mis dudas no eran, por desgracia, tan desatinadas como puede imaginar un individuo desprevenido. ¿Por qué, sin embargo, yo me atrevía a acercarme tan peligrosamente al abismo? Es que contaba con la inevitable imperfección del [...]
Javier Marías (Veneno y sombra y adiós)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Marías, Novela el 08/12/2010 | 13 Comentarios »
Tampoco saben ya de nosotros los que dejamos atrás o se fueron de nuestro lado, para nosotros han quedado fijos e inamovibles igual que los muertos, y la sola perspectiva de volver a encontrarlos y de tener que contarles y oírles se nos hace muy cuesta arriba, en parte porque nos parece que ni ellos ni nosotros querríamos contar ni oírnos nada. ‘Qué pereza’, pensamos, ‘esa persona no ha asistido a mis días durante demasiado tiempo. Solía saberlo casi todo de mí, o lo principal al menos, y ahora se le ha hecho un hueco que no podría ser colmado, aunque yo le relatara con todo detalle lo habido sin su conocimiento inmediato. Qué pereza tratarse de nuevo, y explicarse, y que trastorno reconocer al instante las viejas reacciones y los viejos vicios y las viejas zozobras y los viejos tonos, los míos con ella y los suyos conmigo; y hasta los mismos celos mordidos y las mismas pasiones, sólo que acalladas. Ya nunca podré verla como a alguien nuevo, tampoco como a mi ser cotidiano, me resultará gastada a la vez que ajena. Iré a casa a ver a Luisa, y a los niños, y tras estar largo rato con ellos y empezar a reacostumbrarlos, me sentaré al lado de ella otro rato más corto, quizá antes de salir a cenar a un restaurante, mientras esperamos a la canguro que tarda, en el sofá compartido durante tantos años pero ahora como una visita extraña, de confianza y desconfianza, y no sabremos como comportarnos. Habrá pausas y carraspeos, y frases estúpidas e inauditas estando los dos cara a cara, como “Bueno, ¿qué tal te va? o “Te veo con muy buen aspecto”. Y entonces nos daremos cuenta de que no podemos ni estar juntos sin estarlo de veras, y de que además no queremos. No habrá entera naturalidad ni artificialidad completa, no se puede ser superficial con quién conocemos profundamente y desde siempre, tampoco hondo con quien nos ha perdido el rastro y escondido el suyo, y tanto ignora. Y al cabo de media hora, tal vez de una, de dos a lo sumo, a los postres, consideraremos que ya está, y lo que será más raro, que con esa vez basta y me sobrarán trece días. Y aunque impensablemente cayéramos el uno en brazos del otro y ella me dijera lo que llevo tanto tiempo deseando oírle, “Ven, ven, estaba tan equivocada antes. Ocupa de nuevo este lugar a mi lado. No he ahuyentado tu fantasma, esta almohada es aún la tuya y no había sabido verte. Ven y abrázame. Ven conmigo. Regresa. Y quédate aquí para siempre”; aunque en vista de eso yo cerrara mi apartamento en Londres y me despidiera […] e iniciara la tarea rauda de convertirlos en un largo paréntesis –pero hasta los interminables se cierran y luego puede uno saltárselos-, y regresara a Madrid entonces con ella –y no digo que no lo hiciera si hubiera una oportunidad, si me la diera-, lo haría sabiendo que lo interrumpido no puede reanudarse, que aquel hueco permanece siempre, quizá agazapado pero constante, y que un antes un después nunca se sueldan.
Cinco horas con Mario (Miguel Delibes)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Delibes, Novela el 08/12/2010 | Deja un Comentario »
Hijo de hombre, voy a quitarte de repente lo que hace tus delicias, pero no te lamentes ni llores, no derrames una lágrima. Suspira en silencio, sin llevar luto por el muerto; ponte el turbante en la cabeza y cala tus pies, no te cubras el rostro ni comas el pan del duelo, […]. El luto es para recordarte que tienes que estar triste y si vas a cantar, callarte, y si vas a aplaudir, quedarte quieto y aguantarte las ganas…
A don Miguel, In Memorian.
Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Novela, Ruiz Zafón el 27/08/2010 | 2 Comentarios »
Me despertaron unos pasos en la puerta y me pareció ver la silueta de mi padre al pie del lecho, o quizá fuera el doctor Mendoza que no me quitaba un ojo de encima, convencido de que yo era hijo de un milagro. El visitante rodeó el lecho y se sentó en la silla de mi [...]
Miguel de Cervantes (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Cervantes, Novela el 05/08/2010 | Deja un Comentario »
A todo lo cual respondió don Quijote: -Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y así, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida: a los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la virtud, de la [...]
Javier Marías (Fiebre y lanza)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Marías, Novela el 05/08/2010 | Deja un Comentario »
Nada peor que buscar el sentido o creer que lo hay. O sí lo habría, aún peor: creer que el sentido de algo, aunque sea del detalle más nimio, dependerá de nosotros o de nuestras acciones, de nuestro propósito o nuestra función, creer que hay voluntad, que hay destino, e incluso una trabajosa combinación de [...]
Adolfo Bioy Casares (La invención de Morel)
Publicado en Fragmentos, etiquetado Bioy, Novela el 21/07/2010 | Deja un Comentario »
Congregados los sentidos, surge el alma. Había que esperarla. Madelaine estaba para la vista, Madelaine estaba para el oído, Madelaine estaba para el sabor, Madelaine estaba para el olfato, Madelaine estaba para el tacto: ya estaba Madeleine.