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Posts etiquetados ‘Estoicos’

Marco Aurelio

  No pienses, si algo te resulta difícil y penoso, que eso sea imposible para el hombre; antes bien, si algo es posible y connatural al hombre, piensa que también está a tu alcance. Meditaciones. Libro VI.

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  Sé igual al promontorio donde sin cesar se quiebran las olas. Él permanece inconmovible, y a su alrededor se adormece la furia burbujeante del agua. «Desgraciado de mí, porque me ha pasado esto.» Nada de eso, sino: «Afortunado yo, porque a pesar de pasarme esto continúo sin pesar, ni quebrantado por el presente ni [...]

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Cuando el sol se eclipsa para desaparecer se ve mejor su grandeza. Lucio Anneo Séneca LXII. Sin dejarse turbar, pide séneca su testamento y, ante la negativa del centurión, se vuelve hacia sus amigos, diciendo que, “puesto que se le prohibía agradecer sus servicios, les deja al menos el único bien que le restaba, pero [...]

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No os espante el dolor; o tendrá fin o acabará con vosotros. Lucio Anneo Séneca     ¿Qué pensó Séneca y no dijo cuando el capitán de la guardia personal de Nerón, en silencio, sacó el veredicto de muerte de la coraza torácica lacrado por el alumno para el profesor? A escribir y a lacrar [...]

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Epicteto de Frigia

Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar.

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Hacía tiempo que este blog permanecía mudo y, la verdad, me cuesta que recobre su voz. Llevo un tiempo trabajando en algunas entradas (sin demasiado entusiasmo, todo hay que decirlo) pero no termino de darles el punto que me gustaría. En espera de tiempos mejores, incluyo hoy un fragmento del libro Anatomía del miedo de José Antonio Marina.

Hace tiempo que le doy vueltas a un proyecto sobre los estoicos y la psicoterapia, alguna entrada inconclusa hay por ahí guardada y unas cuantas frases recopiladas (algunas ya han aparecido en el blog) que esperan mejores tiempos para ver la luz.

No voy a disculparme por no seguir con el tema que nos ocupaba en las últimas entradas, pues ya advertí en su día que el orden no iba a ser una virtud de este espacio y sigo creyendo firmemente que el orden termina emergiendo del caos.

Sin más dilación, cedo la palabra a don José Antonio:

No hablo del estoicismo por amor a la historia, sino porque no es historia. La moral estoica, sin duda impresionante, caló en el cristianismo, que se empapó de muchas de sus teorías, y ha durado hasta ahora. De Séneca, director espiritual de su época, se dijo que era “un alma naturalmente cristiana”. Tertuliano dice de él: Seneca saepe noster, Séneca, muchas veces nuestro, es decir, cristiano. El filósofo estoico busca la independencia, la libertad, la fuerza, y para ello tiene, en primer lugar, que librarse del miedo. Para conseguirlo no tiene que necesitar nada, salvo la virtud. “El alma recta nunca se doblega”, escribe Séneca. Los sentimientos son el resultado de un error acerca de lo que es bueno y malo. “No nos hacen sufrir las cosas –dirá Epícteto, sino las ideas que tenemos acerca de las cosas”. El sabio ha logrado la apatheia, no tiene pasiones, se mantiene impasible ante el infortunio. Los estoicos han elaborado una moral de la valentía pura y dura, basada en el desprecio del mundo y en el desprecio de la emoción. “A todo lo bueno –escribe Séneca a Lucilio- irá sin vacilaciones el hombre bueno: aunque esté ante el verdugo carnicero y el que le ha de atormentar con fuego, perseverando sin sin pensar en lo que ha de sufrir, sino en lo que ha de hacer”.

[…] Abstenerse y perseverar, abstinere et sustinere, ése es el secreto. La firmeza de ánimo es lo esencial. […]

En todos estos análisis de los filósofos estoico a y medievales, la valentía se considera un acto de la virtud, es decir, de un hábito adquirido que conforma el carácter. A esta virtud la denominaban “fortaleza”. Los estoicos, a falta de otras pasiones tenían la pasión de ordenar conceptos, aprovecharon las obras de los filósofos anteriores, y consideraron que las virtudes que había de tener el hombre bueno eran cuatro: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Los niños de mi tiempo aprendíamos esto en el catecismo católico, pero se trataba en realidad de una herencia estoica.

Un apunte más. Los estoicos, preocupados por la salud del alma, inventaron la psicoterapia, de curación anímica. Sin embargo, no aspiraban al bienestar psicológico, sino a la perfección moral. Recomiendan, por ejemplo, la pobreza para adquirir la serenidad. Algunas de sus ideas se retoman en la actualidad, aunque fuera de contexto. Todos los terapeutas cognitivos repiten la frase de Epícteto que antes he citado. Y los conductistas aplican para tratar fobias el mismo método de exposición que recomendaba Séneca a su discípulo Lucilio: “Yo deseo tanto probar la firmeza de tu alma, que te aconsejo que dediques algunos días en los cuales, contento, con poca y malísima comida y con un vestido rahez, puedas decir: ¿Es esto lo que tanto temía? pretendo que no tengas más que un jergón, un saco burdo y sórdido y seco pan; hazlo así bastantes días con objeto de que no parezca esa conducta tuya un juego, sino una verdadera prueba”.

Ilustración: “La muerte de Séneca”, cuadro de Manuel Domínguez y Sánchez.

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Lucio Anneo Séneca

Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella.

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Epicteto de Frigia

Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas.

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Marco Aurelio

La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella.

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Lucio Anneo Séneca

La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

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